Análisis: Las claves del explosivo adiós de Van Aert

Van Aert (izq) y Nuyens (dcha) han separado sus caminos / © PN / Wielerkrant

Nicolás Van Looy / Ciclo21

En los próximos días, no les quepa duda, vamos a ir conociendo algunos de los platos más sucios de la ya más que aireada y publicitada mala relación entre Wout Van Aert y Nick Nuyens que esta mañana, al menos de forma oficial, ha saltado por los aires con el anuncio, a través de una muy escueta nota en Twitter, por parte de Sniper Cycling de la rotura unilateral por parte del corredor del contrato que le unía a la estructura que, hasta el 31 de diciembre, corre bajo la denominación Veranda’s Willems-Crelan en carretera y Crelan-Charles en los circuitos invernales.

Van Aert y Nuyens, dos caracteres fuertes, chocaron prácticamente desde el primer día. El excorredor tuvo un sueño. Quiso crear, de la nada –aunque en el origen de cómo formó el equipo se podrían encontrar ya los primeros síntomas de lo que hoy ha ocurrido, pero eso es otra historia– un equipo por y para el, por aquel entonces, gran mirlo blanco del ciclocross belga al que muchos señalaban ya como un portento también en la ruta en, al menos, las grandes clásicas de primavera.

Nuyens dejó algunos tempranos cadáveres en la cuneta. Gente que confió en él y que luego fue fríamente traicionada por el ganador de la Vuelta a Flandes de 2011 como Ivan De Schampelaere, mánager de Veranda’s Willems antes de la llegada de Nuyens al que este prometió un futuro prometedor y al que dejó tirado en la cuneta a la primera de cambio. Después, se dedicó a buscar, desde el inicio mismo de su aventura junto a Van Aert, nuevos patrocinadores que financiaran el salto al nivel Continental Profesional. Allí se encontró con Crelan, empresa que ya avisó recientemente que ejecutaría la cláusula contractual que le permite abandonar el maillot del equipo sin Van Aert salta del barco.

Van Aert, mientras, tampoco se quedó quieto. Cargado con la responsabilidad –con, no lo olvidemos, apenas 23 años– de ser la clave de bóveda de todo el tinglado, comenzó a mostrar los primeros síntomas de enfado con el ya lejano Feltgate. Por entonces ya se sabía que las aguas bajaban revueltas y todo el mundillo crossista entendió que la filtración interesada de aquel email del corredor al mánager sólo era un aviso.

Las cosas, con dos machos alfa peleando en el mismo terreno, sólo podía empeorar y, efectivamente, mientras la vida sonreía a Van Aert y al equipo en lo deportivo, con una temporada de ensueño, las cosas en los despachos iban de mal en peor. Nuyens buscaba, a la desesperada, un nuevo compañero de viaje que le garantizase el dinero para atar a un Van Aert que ya sólo oía los cantos de sirena del World Tour. La única baza que mantenía el máximo responsable de Sniper Cycling respecto a el, por entonces, destino más deseado por el corredor (Quick Step Floors) era el firme compromiso de respetar los tiempos que el corredor quisiera establecer respecto a seguir compaginando ruta y ciclocross. Patrick Lefevere, ya lo han demostrado los hechos y él mismo no lo esconde, no es partidario de permitir que sus hombres se quemen en invierno. La parte central de su temporada, la primavera, está demasiado cerca y el riesgo, a su entender, es excesivo. Además, Quick Step Floors (como en su momento Etixx y ahora Lidl) es una empresa multinacional a la que la repercusión publicitaria del endogámico mundillo crossista flamenco no convence en comparación con el mundial impacto de la ruta.

A todo esto, y no es una cuestión baladí, se produjo la muerte de Michael Goolaerts en plena París-Roubaix, algo que afectó al tres veces campeón del mundo de ciclocross mucho más de lo que pudo parecer en un primer momento. La emotiva carta de despedida que Van Aert publicó en memoria de su compañero desaparecido apenas refleja la realidad del bache en el que aquello sumió, insistimos en este dato, a un chaval de 23 años, abrumado por la presión de una temporada invernal no muy brillante, una campaña primaveral cargada de expectativas, una boda, nunca mejor dicho, en capilla y, sobre todo, ya absolutamente desencantado con un Nuyens que, en su opinión –y en la de gran parte del equipo– nunca estuvo a la altura en ese trance y que ya no escondía su absoluto desprecio por la opinión o el sentir de sus corredores, incluido la raison d’être del equipo, a la hora de negociar calendarios, renovaciones, refuerzos…

Así, la llegada de la oferta de LottoNL-Jumbo en pleno verano, consiguió despejar buena parte de las nubes que habían nublado la mente de Van Aert durante tantos meses. Además, aquello llegó en el mismo mes en el que se casó con su novia Sarah. Felicidad completa. Pero aquello no duró mucho. Primero fue el anuncio fallido de fusión con Aqua Blue Sport y luego, el satisfactorio acuerdo con Roompot. De nuevo, Nuyens en su estado más puro. El mánager, sabedor del malestar de Van Aert, apenas informó al corredor de las negociaciones relegándole al papel de un trabajador más de la estructura. Craso error. Van Aert explotó. Se quejó públicamente y amagó con una primera amenaza seria de fuga. Entre tanto, y aunque no tiene nada que ver una cosa con la otra, se publicó la marcha de Niels Albert, gran apoyo de Van Aert en todo este tiempo. Las cosas estaban completamente rotas. Hubo, es verdad, un último intento de acercamiento ya con los responsables de Roompot en juego. Los neerlandeses se pusieron de perfil en lo que a Nuyens respecta y trataron de convencer a Van Aert del prometedor futuro que les esperaba caminando juntos de la mano, pero las buenas palabras de Zijlaard y su gente se toparon, una vez más, con la incomprensible actitud de bombero-pirómano de Nick Nuyens.

Y, con todo esto, llegó la primera carrera del año el pasado sábado. Van Aert dominó a su antojo la cita de Geraardsbergen, pero cometió un importante número de errores que acabaron por costarle la carrera. El campeón del mundo se caía una y otra vez. Se enganchaba con las cintas de delimitación del trazado. Rompió el cambio. Sus piernas, las más potentes de la colina de la capilla, no pudieron hacer nada ante el desastre mental que acabó por darle el triunfo a Lars van der Haar (Telenet-Fidea Lions).

Para competir al máximo nivel no sólo basta tener buenas piernas. Bien lo sabe su archirrival Mathieu van der Poel, al que su bloqueo mental en la cita más importante del año le ha costado ya, al menos, dos títulos mundiales. Mens sana in corpore sano, que decían los antiguos. Tras la carrera, sus declaraciones, pero, sobre todo, su gesto, dejaban claro que algo le atormentaba. Ceño fruncido y pocas palabras. Un “hay peores cosas en la vida que una derrota” en un tono descorazonador. Todo muy forzado. Todo muy tenso. La puntilla. La gota que colmó el vaso. El horizonte se despejó para Van Aert y decidió que era el momento de volar en solitario.

Vienen momentos complicados. Su situación, tras romper de forma unilateral con un Nick Nuyens que ya dijo, tras su primer amago de marcha –y ahora ha confirmado–, que los contratos son sagrados y están para cumplirlos, no es sencilla. Ahora entrarán en juego los abogados y los juzgados. Todo a menos de una semana de que arranque la Copa del Mundo en Estados Unidos.

Si Van Aert correrá en Waterloo y Iowa con el amarillo de LottoNL-Jumbo no está nada claro. La lógica dice que no lo hará, pero llegados a este punto todo es una gran nebulosa. Como decíamos al principio de este relato más o menos apresurado de los acontecimientos que han llevado al gran bombazo de este invierno que apenas ha arrancado, serán las próximas semanas las que vayan contestando las preguntas pendientes y, sobre todo, rellenando los huecos que todavía quedan en esta historia.

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