#AzulCieloyMásAllá por Sheyla Gutiérrez

Sheyla Gutierrez en Flandes © Sean Robinson/velofocus.com

Muy buenas. Al teclado Sheyla Gutiérrez -en redes, @sheyarcoiris-, corredora de Movistar Team.

No soy amante de la tecnología, ni de las redes sociales, pero creo que es bonito compartir y, entre todos, aportarnos. Tampoco es que me guste mucho la simbología, pero en parte, escenifica cosas, y como cada uno llevamos la nuestra propia dentro, no todo el mundo descifra el todo. No suelo ser fácil de “ver”, así que voy a explicarme un poco.

El arcoíris para mí es magia. Aparece con apenas unos halos de luz entre nubes que quieren cubrir el sol. Es tan especial ese arco en el cielo… No “está”, pero lo ves. Para mí es precioso el “color” de cada persona, de los momentos.

En relación a esos “colores” que cada persona guarda dentro, hace unas semanas nos pidieron que pensásemos un ‘hashtag’ para que nos indentificara como equipo y usarlo en redes sociales. A mi me inspiró “#AzulCieloYMásAllá”. El color en nuestros maillots es el azul cielo… ¡pero vamos más allá! Como siempre digo: “Creéis que todo tiene un límite, y así estáis todos, limitados”.

En la vida, en este deporte, el cielo muchas veces es gris. ¡Tiene que llover! Pero se trata de resistir y no olvidarse de la magia, de la esencia, de lo que nos ha llevado aquí. El camino la mayoría de las veces es oscuro: buscar silenciar tu cuerpo cuando no escuchas buenas sensaciones; lo das todo hasta la extenuación, dudando siempre de si será suficiente sufrimiento; a veces no puedes recoger fruto de esos mimados cultivos, devastados por una repentina tempestad; tratas de no salirte de la senda reglada, que es por la que se supone que tienes que ir para que vaya todo bien, aunque en el camino sacrificas paisaje, ocio y manjares…

Es importante saber mantener la calma. Tengo claro que la cabeza manda. El cerebro es el director de nuestro cuerpo. Desde el movimiento de nuestra mirada, pasando por el esfuerzo que hacen nuestros músculos, a la alteración del sistema endocrino que puede hacer que nos paralicemos… ¡o arranquemos! ¿Cuántas veces habéis pensado si vuestro cometido seguía teniendo sentido? ¿Cuántas os habéis sentido frustrados? Porque yo personalmente, lo he hecho alguna vez…

Es extraño, pero en mi propia historia parece que he encarnado diferentes personas. Aquella a la que le “giraban” las piernas y disfrutaba de cada pedalada, y en cada carrera optaba por combatir… ¡y ahí estaba, con las más grandes! O aquella que peleaba y le fallaban las fuerzas, pero había dado su mejor versión. Después estaba aquella que no levantaba cabeza, y para la que montarse en el sillín era lamentablemente un suplicio. Esa chica valiente que parece morder al miedo, o aquella miedica que se achanta ante sus voces. Todas esas personajes era “yo”. Hay que aceptarnos: “somos”, aunque a veces no nos encontremos. Lo importante, como digo, es no extraviarnos, aunque a veces perdamos el rumbo. Saber lo que hemos sido o lo que queremos ser, y tener la ambición y el amor propio de querer mejorarnos incluso.

Los motivos por lo que no brillamos en determinados momentos para mí son excusas. Aunque para el resto resulten razonamientos lógicos, a mí no me gusta justificarme. Las cosas son, sin más. En vez de preocuparse, ¡vamos a ocuparnos! De nada sirve compadecernos. Habrá caídas, golpes, enfermedades, lesiones y, desgraciadamente, accidentes. Ni cuando vamos bajando vamos tan rápido, ni cuando estamos subiendo vamos tan lentos. Hay que saber adaptarse y mantener el ritmo.

La varita mágica aquí no se llama “suerte”, se llama voluntad. Debemos buscar que la “suerte” nos sonría, y para eso hay que trabajar para que las circunstancias estén de nuestro lado. Encarar el trabajo con convicción y con una sonrisa es clave para que funcione.

Busca esa motivación intrínseca. Que no te camelen los factores externos (la admiración de otros, una recompensa…). ¡Hay algo dentro de ti que tiene que impulsarte! Ya sea el sentimiento de libertad que te da el sentirte vivo cuando sientes tus músculos o te hierve la adrenalina. Ese éxtasis cuando estás reventado. Esa ilusión con la que comenzó todo. La emoción que te conmueve con eso que te toca dentro…

En cualquier ámbito de nuestras vidas, coge impulso y sigue, aunque haya que intentarlo muchas veces, aunque no salga. De verdad: se aprende e incluso se disfruta de todo. En los baches o bajones se tocan “teclas” necesarias, y lidiar con esos sentimientos te conecta y te llena.

Cuando no te has rendido, hay un día que vuelves a brillar, y ese día es pleno.

Por eso, el azul es el color que nos representa, que nos une como personas en equipo. El cielo hacia donde miramos para, entre todas, ya sea haciendo “castells” o impulsándonos la una a la otra, esforzarnos al máximo. Y el infinito es el bucle en el que circularemos, porque no existen los límites. ¡A soñar!

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