Patrick Lefevere, un viejo rockero sin pelos en la lengua

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Patrick Lefevere vuelve a estar al frente del Quick Step Floors / © Quick Step Floors

Nicolás Van Looy / Ciclo21 – Enviado especial Calpe (Alicante)

El Old Fashioned, además de ser el cóctel preferido de Don Draper –protagonista de la recordada Mad Men– es, como su propio nombre indica, uno de los tragos que han sabido aguantar mejor el paso del tiempo. Ajeno a las modas y los vaivenes de los gustos cambiantes, el clásico a base de wiski, azúcar y amargo de Angostura sigue siendo uno de los favoritos en las barras de todo el mundo.



Patrick Lefevere (6 de enero de 1955, Moorslede, Bélgica) es algo así como el Old Fashioned del ciclismo. Lleva en esto desde siempre y puede ser tan amargo como dulce. Tan sentimental como despiadado. Tan apasionado como frío. Puede serlo todo y nada, pero nunca deja a nadie indiferente. Al belga, al menos en apariencia, le gusta su papel. Se deja querer. Sabe lo que le gusta al público y no duda en dárselo. Son ya incontables los años que, con el Peñón de Ifach de Calpe de fondo, presenta su nuevo proyecto anual. Sentado junto a su inseparable copa de (buen) vino tinto clava su mirada en el periodista. Ha cambiado de gafas, pero su mirada es la misma. Es un cazador que hoy se sabe la presa del periodista y eso le gusta. Para él, da la impresión, esto es un juego. Un baile. Así pues, bailemos.

– Es el primer año de una nueva etapa para Quick Step marcada, sin duda, por la ausencia de Tom Boonen, que ha sido el gran referente de la última década.

– Sabíamos que la fecha de la retirada de Tom iba a ser el 9 de abril. Todo el mundo sabe lo que él significaba para el equipo y para mí. Lo que más echo de menos, y espero no tener que hacerlo este año, es que cuando Tom estaba con nosotros, todo el mundo en el autobús estaba tranquilo. Conseguía que mi gente estuviese tranquila. La llegada de Philippe Gilbert es muy importante en este sentido. Me sorprendió que corredores con la experiencia de Stybar se acercaran a mí el año pasado para decirme lo buen compañero que era Phil. Los buenos consejos que da en carrera. Eso me sorprendió.

– En cualquier caso, la ausencia de Boonen le da al equipo un nuevo aire.

– Sí, pero recuerdo perfectamente la época de la retirada de [Johan] Museeuw. Todo el mundo decía que íbamos a caer en un agujero negro y Tom Boonen estaba ahí. Ahora es él el que lo ha dejado y hemos seguido ganando y ya hemos visto lo que Philippe es capaz de hacer, pero también Alaphilippe. Siempre tenemos esa imagen de que sólo somos capaces de ganar las carreras flamencas, pero dejamos de ser ese equipo hace mucho tiempo. Somos capaces de ganar de enero a octubre.

– ¿Cómo de importante fue el factor Tom en las dudas que surgieron alrededor de la continuidad del equipo?

– Todos sabíamos que la última carrera de Tom iba a ser la París-Roubaix. Pero yo soy una persona muy afortunada. Latexco lleva con nosotros 25 años, Quick Step, 20 años… estoy rodeado de gente en la que confío. El Dr. Van Mol está con nosotros 26 años; Wilfried Peeters, 25 años…

– ¿La marcha de Boonen no tuvo impacto alguno en ninguno de los actores involucrados en el equipo?

– ¡Claro que la tuvo! Ahora puedo ser sincero: él era muy importante, pero eso nunca se lo dije porque se habría encarecido demasiado. Es verdad que hubo un momento, hace años, que Quick Step me dijo que sin Boonen no habría patrocinio.

– ¿Cuán cerca estuvo el equipo de desaparecer el pasado mes de julio?

– En julio lo peor ya había pasado.

– Entonces, ¿cuán cerca estuvo el equipo de desaparecer en el peor momento de todo ese culebrón?

– No puedo darte una estimación, pero fue mucho más complicado de lo que pensé que sería. A veces, me decía a mí mismo ‘gilipollas, tienes 62 años y todo lo que deseas’. No soy rico, pero tampoco pobre. No puedo comer caviar todos los días, pero me gustan los espaguetis. Me preguntaba por qué me ponía en una situación tan estresante, pero entonces miras alrededor y ves a 75 personas a tu alrededor esperando acontecimientos. Es verdad que son los mejores del mundo y podrían encontrar hueco en otro equipo. No era eso lo que me preocupaba, pero ellos querían seguir juntos y eso me hacía sentir débil. Puede que hoy hayas oído demasiadas veces que somos una familia, pero no somos un grupo de gente que decimos que nos queremos y esas mierdas de cara a la galería. Aquí las cosas son de verdad. Quería mantener el equipo no tanto por mí como por ellos.

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Lefevere presenta el proyecto de 2018 / © QST

– En ese sentido, ¿qué supuso a nivel emocional el triunfo de Phil Gilbert en Flandes?

– Incluso a mis 62 años necesito tener retos. Le conozco desde que tenía 12 años y cada vez que nos sentábamos a negociar no nos encontrábamos. Entonces, un día me llamó. Él me llamó a mí y me dice: Patrick, quiero correr para ti. Le respondí que nuestra negociación podía ser muy corta: no puedo pagarte. Fue entonces cuando me dijo que para él ya no era una cuestión de dinero sino de ambición. Quería ganar Flandes, Roubaix y San Remo, los tres Monumentos que en aquel momento le faltaban y consideraba que nosotros éramos el único equipo que podía ayudarle. Nos necesitábamos. Le pedí que me mandara un email con su salario y su sistema de primas. Me satisfizo lo primero, pero no lo segundo. ¡He de decir que BMC paga muy bien a sus correrdores! [ríe]. Contesté a las once de la noche y a las ocho de la mañana me llamó y me dijo “tenemos un acuerdo”. Fue la negociación más corta y sincera de mi vida.

– Ha dicho que le gusta que le sorprendan. ¿Qué fue lo que más le sorprendió de Gilbert en 2017?

– Su ambición. Su motivación. Además, llegó al equipo con fama de egoísta, pero ha habido corredores como Stybar que me han dado las gracias por traerle. En la A Través de Flandes, con todos los respetos por Yves Lampaert, ves que si Gilbert hubiese querido, hubiese podido darle caza, pero no lo hizo. Una semana más tarde llega la Vuelta a Flandes. Ese día, si te llamas Philippe Gilbert, podías pedirle cualquier cosa a Lampaert porque, simplemente, te la daría.

–  Cuando Gilbert se marchó en solitario tan lejos en esa Vuelta a Flandes, ¿pensó en algún momento que aquello no podía funcionar nunca?

– Para mí, el primer gran momento de esa carrera fue nuestro ataque colectivo en el Muro. Todo el mundo se reía y decían que estábamos locos. Pero fue el momento decisivo. Luego, en el Viejo Kwaremont, todos nos preguntábamos si era un suicidio. Sagan se fue al suelo y hay muchos que dicen –Van Avermaet así lo aseguró recientemente– que de no ser por eso hubiesen dado caza a Gilbert. Si mi tía tuviese pelotas no sería mi tía, sería mi tío.

– ¿Es Gilbert el último corredor de la vieja escuela?

– Sí, eso creo. El ciclismo ha cambiado mucho. Respeto mucho a los corredores jóvenes. Creo que lo tienen más difícil que antes. Tienen que sacrificarse más.

– Otro corredor de la vieja escuela podría ser Greg Van Avermaet, que caba contrato este año. ¿Hay alguna posibilidad de que levante el teléfono y le llame en agosto?

– Creo que será él quien me llame a mí. En primer lugar, no sé si querría correr con nosotros. En segundo lugar, es un corredor flamenco. El periodo de fichajes se abre el día 1 de agosto… ellos quieren tener su futuro arreglado el 1 de febrero. Antes de las clásicas. No tengo dudas sobre las cualidades de Greg, pero no sé si él podrá esperar lo suficiente para hablar conmigo o si yo podré presentarle un plan de futuro lo suficientemente pronto.

– Cambiando de tercio, ¿qué espera de Enric Mas esta temporada?

– Sé que tiene mucha calidad. Por desgracia, Alberto Contador le nominó como el próximo Contador. Es un honor, pero es un regalo envenenado.

– ¿Está de acuerdo con ese nombramiento?

– Es muy complicado. No me gustan estas cosas. Puedes decirlo si de verdad lo piensas, pero no deberías decirlo de un chico tan joven.

– ¿Piensa que Contador no lo pensaba?

– A todos nos gusta un poco de publicidad de vez en cuando. Era demasiado pronto para decir algo así. Es un regalo envenenado.

– ¿Qué espera de él?

– Que nos demuestre porqué le hemos contratado. Tiene las capacidades, pero ahora toca controlar mejor sus esfuerzos.

– ¿Y qué opina de Fernando Gaviria?

– Es un serial killer. ¡Tiene tanta hambre! Quiere ganarlo todo y a mí me encanta ese tipo de gente. Si hablas con él, te dirá que quiere ganar Flandes, Roubaix… Es mi labor la de mantener sus pies en el suelo y corregirle si comete errores. Sólo tiene 23 años. Puede tomarse su tiempo. Hay que enseñarle que no tiene que querer correr antes de saber andar, pero esa es la naturaleza de un sprinter. Es más rápido que Peter Sagan, pero no puedo garantizar que vaya a ser capaz de ganar las clásicas que él ha sido capaz de ganar, pero lo espero.

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