Virenque no era tan odioso

Las críticas que hundían a cualquiera eran la gasolina de Richard Virenque

Richard Virenque en el Tour

En una de las muchas charlas que dio forma a «Secundario de lujo», la vida de Jaime Mir, quien nos dejara hace menos de dos años, el que fuera hombre orquesta del ciclismo durante tantos años me describía a Richard Virenque como un tipo especialmente desagradable, distante y soberbio. En un ranking de antipatía, a su juicio, sólo le superaba Laurent Brochard.

«Es un pied noir» incidía, y no pocas veces por sus orígenes magrebíes, nació de hecho en la mítica Casablanca, donde la película, en Marruecos.

Con las impresiones de Mir, con el recuerdo del momento, de aquel momento, lo cierto es que no pondríamos a Richard Virenque que entre mis «preferiti», pero como todo en la vida, con la edad cambia la perspectiva y también las opiniones, y Virenque goza de mejor reputación actualmente que cuando era corredor.

Pues Virenque en competición era una mosca cojonera con todas las letras, un tipo que te incomodaba hasta la saciedad, sacándote los colores y a veces de la carretera. Como en esa bajada del Joux Plane, el día que Roberto Heras se sacó el billete hacia el US Postal de Lance Armstrong.

En la ascensión Heras causó un destrozó tremendo, en el que posiblemente su fue su mejor día en el Tour, además a los mandos de un equipo, el Kelme, pero en la bajada la perspectiva de que Virenque le disputara la etapa pudo con el bejarano que hizo un recto no lejos de meta. Virenque fue afortunado aquel día, sí, pero persiguió la gloria hasta cogerla con las manos

Y no era sencillo, volvía el francés a brillar en el Tour, la carrera que le cerró la puerta y le había echado con su equipo un par de años antes. Volvía vistiendo los colores del Polti, un equipo italiano, él que había sido la niña bonita de la carrera, el ciclista más aclamado de Francia.

Artículo completo en El Cuaderno de Joan Seguidor


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