Las clásicas son religión para muchos. Pruebas de un día que en muchos casos recorren prácticamente las mismas carreteras, ascienden las mismas colinas y son visitadas por una masa ingente de público que las abarrota. Durante décadas, el especialista en adoquines preparaba con mimo y en exclusividad este viaje. Pero el ciclismo cambia, evoluciona y hoy día la versatilidad de quienes pelean meses más tarde las vueltas de tres semanas dominan con puño de acero también la primavera ciclista. Flandes y Roubaix son las dos coronas más importantes de un calendario que hasta este punto es mero calentamiento.
Vencer una de ellas te convierte en una de las estrellas del año, uno de los nombres que rescatarán los anuarios ciclistas al finalizar la temporada. Es como ganar Copa y Liga de Campeones en lo futbolístico, para que nos entendamos. Ganar ambas te mete en el olimpo. Hacerlo en una misma temporada, te impulsa directamente a la leyenda, a que en visita a la zona en época vacacional la gente se gire en admiración. Tan difícil es el logro que tan solo un puñado de ciclistas lo han conseguido. Un total de once corredores han conquistado las pruebas reina de los adoquines en una misma temporada.
Un siglo y tres años más tarde de que el suizo Heiri Suter lo lograra, un ciclista perteneciente a otra federación poco habitual en estas lides, Tadej Pogacar, tiene cita doble con la historia, pues podría convertirse en el primer ciclista no belga en cosechar la victoria en los 5 monumentos. Cinco monumentos en el año del asalto al quinto Tour. Algún día asimilaremos dónde va a ubicar el listón este ciclista, que está de camino a superar al gran Eddy Merckx en multitud de registros. El primero, en estas carreras, pues si consigue el trofeo del adoquín habrá hecho lo que el ‘Caníbal’ nunca logró, que es el doblete Flandes + Roubaix.
Cuando tenían la misma edad (27 años y 7 meses), el belga tenía, a diferencia de Pogacar, dos victorias más en el Giro y un monumento más. Son cifras bastante parejas, asumibles en un futuro cercano. El ciclista de los míticos Faema y Molteni trató de llevar a sus vitrinas el doblete en una misma temporada. En dos, de hecho, anduvo bien cerca de la gesta. Pero siempre se interponía algún ciclista, dada la gran competencia que Merckx se encontraba en el terreno de las clásicas. Walter Goodefrot y Roger De Vlaeminck le dejaron con la miel en los labios.
Tan difícil es el reto que muchos clasicómanos históricos se han retirado sin haberlo podido lograr. El mencionado Heiri Suter, los belgas Romain Gijssels, Gaston Rebry, Raymond Impanis, Fred De Bryune, Rik Van Looy, Roger De Vlaeminck, Peter Van Pettegem y Tom Boonen, el también suizo Fabian Cancellara y el neerlandés Mathieu Van der Poel son los once nombres que han pasado a la historia por ganar Flandes y Roubaix en una misma temporada. Si Tadej Pogacar completa el círculo en París-Roubaix este domingo, será el duodécimo en conseguirlo. Un número apostólico, como las horas del día, que distará en uno del número de monumentos en las vitrinas (trece).
Todo en caso de conseguirlo, que es tal vez la carrera que le sea orográficamente más complicada al líder del Team UAE Emirates. Van der Poel no ha dicho su última palabra. Pero tampoco un ramillete de candidatos que aguardan escondidos a que su oportunidad se haga carne ante sus ojos. Gente como Mads Pedersen, Wout Van Aert, Jasper Stuyven, Dylan Van Baarle y algún otro son nombres de potencial ganador de París-Roubaix. Es seguro que, de no haber mediado estos monstruos en la historia, hubiesen conquistado entre ellos todas estas ediciones de tiranía. Lo que es seguro es que el espectáculo y la batalla estarán servidas sobre el pavés y las llanuras del norte de Francia. Historia, épica y ciclismo, tres conceptos que van siempre de la mano.
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