Como todo vueltómano de la época, Lance Armstrong apostaba todas las fichas a las vueltas de tres semanas. En concreto, al Tour de Francia. El mes de julio era la razón de ser del estadounidense y de su equipo, un US Postal que convirtió a aquel campeón del mundo de 1993, cáncer mediante, en una máquina perfecta de empalmar victorias en París. Sabemos cómo acabó todo después, con la retirada y turbulenta reaparición del ciclista, que acabó perdiendo todos los títulos cosechados en esos años de trampa y cartón debido al dopaje. Lance Armstrong solo hacía una excepción, y esa era la Amstel Gold Race, la única concesión a su antiguo yo, al de esfuerzos de un día.
Michael Boogerd, también suspendido por dopaje, le había dejado con la miel en los labios en 1999, en aquella misma temporada que dio comienzo a su dominio con mano de hierro del panorama internacional. Supersticioso, y quizá como amuleto, decidió repetir sin excepción en la clásica de la cerveza hasta 2003. Una forma de testar cómo avanzaba su estado de forma, de referenciarlo. El problema es que ese intento de hacer versátil el palmarés se hizo coincidir con la ambición y motivación de un equipo Rabobank que corría en casa. Uno de los nombres del momento, el también neerlandés Erik Dekker, se presentaba en la línea de salida para hacer buena la fama de gran corredor. Las tres victorias de etapa en el Tour de Francia le iban a situar como uno de los máximos favoritos a conseguir ganar la extinta y añorada Copa del Mundo.
La carrera transcurrió como siempre, con mucha presencia del maillot naranja en las escaramuzas que iban teniendo lugar a lo largo de los 254,6 kilómetros de competición. Restaban 42 para la conclusión cuando el dorsal 91 pasó al ataque. Lance Armstrong intentó sorprender en un ligero descenso, aprovechando un parón del grupo de favoritos. Pero muy pronto se le uniría un rival inesperado: el italiano Eddy Mazzoleni. Más tarde, el dúo pasaría a ser terceto, ya que Erik Dekker saltaba del grupo de los mejores y recortaba la distancia que le separaba de cabeza de carrera. El neerlandés dejó el peso de la carrera al norteamericano y este comenzó a buscar separarse de un duro rival de cara al sprint final.
Mazzoleni acabó por ceder y al paso por el Cauberg, también el ciclista de Rabobank. Aunque la tenacidad le permitió no tirar la toalla y recuperar esa decena de metros de retraso. Desde ahí hasta la línea de meta, con un minuto de ventaja sobre el resto de favoritos, ambos confiaron su suerte al sprint. El de US Postal se ubicó a la rueda del futuro campeón de la Copa del Mundo e intentó provocar que lanzase la llegada en primer lugar. Sin embargo, Dekker estaba de dulce y no iba a permitir que nadie le arrebatara la victoria en casa, mucho menos en una clásica de categoría como la Amstel Gold Race.
Una foto que pasaría a la historia como una de las pocas derrotas de Lance Armstrong sufrió en sus años de esplendor. A lo largo de estos 25 años que han transcurrido desde la victoria del corredor del Rabobank, solo Mathieu Van der Poel (2019) ha conseguido retener en Países Bajos el trofeo de campeón de esta carrera.
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