Vel d’Hiv, el primer velódromo cubierto de París

El velódromo, poco después de su inauguración © Wikipedia.fr

Track Piste / Ciclo 21

Uno de los temas que tengo pendientes de abordar en TrackPiste es la historia de los velódromos en París, la que podría ser definida como la capital mundial del ciclismo en pista. A la espera de reunir material suficiente para escribir dicho artículo, lanzo este ‘avance’ dedicado al recinto con más historia de todos ellos, el Velódrome d’Hiver o simplemente Vel d’Hiv, el único velódromo cubierto con que contó la capital parisina, excepción hecha del INSEP o las eventuales competiciones en el palacio de París-Bercy, hasta la reciente construcción del de Saint Quentin-en-Yvelines –que en realidad no está en el mismo París, sino en una de las localidades de su periferia-. Y lo hago por dos motivos: por haberme terminado esta semana la historia de dicho recinto, en un libro escrito por Liliane Grunwald y Claude Cattaert, y por cumplirse en estos días el 78º aniversario de la más desgraciada de sus muchas historias, la llamada ‘Raffle del Vel d’Hiv’.

En realidad no hubo uno, sino dos Vel d’Hiv. El primero fue simplemente el acondicionamiento de la Galerie des Machines, uno de los pabellones de la Exposición Universal de 1889, que había quedado abandonado pero en pie. Herni Desgrange –si, si, el padre del Tour de Francia y el primer recordman oficial de la hora– le preguntó al arquitecto Gaston Lambert si podía acondicionarlo como velódromo, a lo que le respondió que podría crear una pista en su interior de 333 metros y 8 de ancho. Y lo hizo en menos de un mes.

La historia del recinto, en un libro

Inaugurado el 20 de diciembre de 1903, apenas duró siete años, ya que se decidió la demolición del edificio debido a que –en pocas palabras- era un mamotreto poco estético que tapaba la vista de la Torre Eiffel. Desgrange decidió encargar un nuevo velódromo, muy cerca de allí, en la manzana del Boulevard Grenelle y la rue Nelaton –junto a la estación de metro de Bir Hakeim-, que sería también edificado por Lambert dejando algo lo más parecido a lo que entendemos ahora por un Palacio de Deportes, con un aforo de 17.000 personas en gradas de ladrillo y cemento, aunque sin apenas comodidades, totalmente ‘atascados’ en algunas zonas y en otras –las zonas con entradas más baratas- sin casi visibilidad. Un velódromo ya de 250 metros que tardó algunos meses en inaugurarse a causa de inundaciones en el Sena, y que se abrió el 13 de febrero de 2010, con una competición de patinaje, el ‘Patin d’Or’.

En ‘Vel d’Hiv’ nos cuentan los numerosos usos de este velódromo, comenzando por los Seis Días de París, que tuvo hasta 36 ediciones en este recinto, la primera en 1913 y la última en 1958 en la que se impuso un trío de lujo, con Jacques Anquetil, André Darrigade y el italiano Ferdinando Terruzzi.

Los organizadores George Berretot, Jeff Dickinson –que renovó y modernizó- el interior del recinto en 1931- o Hubert Grunwald, el speaker Bob Desmarets o las reinas de los Seis Días, no simples bellezas sino elegidas entre algunas de las grandes artistas de la época y con verdaderos ‘piques’ entre ellas por obtener la nominación, fueron protagonistas en aquel recinto en el que se congregaba, sobre todo en los años de entreguerras, todo el ‘bello Paris’, toda la bohemia, muchas veces simplemente para dejarse ver antes de acudir a los cabarets.

La ‘raffle’ © David Guénel

Y en el recinto, deportes como boxeo, catch, tenis, baloncesto, patinaje o hockey, aparte de ciclismo, claro está, pero también algunos espectáculos insólitos –o por lo menos desconocidos en aquellos años en Europa– como una ‘Caza de fierras’ con leones, que acabó en desastre en todos los sentidos, rodeos, que tuvieron que disputarse según el estricto sistema norteamericano por la presión de los sindicatos, competiciones de hípica, ‘Holiday on Ice’, circos de todo tipo o las ‘Nuits de l’Armée’, un espectáculo de tipo festivo-militar, que ahora nos resultaría bastante estrambótico.

También estuvo presente el ‘Vel d’Hiv’ en los Juegos Olímpicos de París 1924, aunque no acogió el ciclismo en pista, que en aquella época era más digno de un velódromo al aire libre como ‘La Cipale’, sino de boxeo, lucha o levantamiento de peso.

Los días más tristes de su historia -aparte de aquellos finales de su vida, y en los que Salvador Dali también tuvo su dosis de protagonismo– fueron el 16 y 17 de julio de 1942 cuando más de 8.000 judíos parisinos fueron detenidos y confinados en el velódromo durante cinco días, sin comida ni bebida, antes de ser trasladados al campo de exterminio de Auschwitz. Un acto por el que Francia no pidió perdón hasta 1995, con una declaración del presidente Jacques Chirac, asumiendo la responsabilidad gala, precisamente en el aniversario de la masacre, sobre la cual se han escrito numerosos libros y se han realizado bastantes películas, entre las que os recomendaría ‘La raffle’, La redada.

Si tenéis ganas de conocer más sobre lo que significó el ‘Vel d’Hiv’, deciros que la obra de Grunwald y Cattaert está disponible en formato e-book, eso sí, en francés, pero que algunos grandes escritores dedicaron páginas a este recinto histórico como Ernest Hemmingway, habitual espectador de los Seis Días y otros eventos, en ‘Paris era una fiesta’, sobre sus recuerdos cuando vivió en la capital gala, entre 1921 y 1926.

 

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