No es la primera vez -si será la última- que hablamos del trabajo silencioso de Suiza con el objetivo de consolidar un equipo capaz de estar en los Juegos Olímpicos, a pesar de tener una ‘incompatibilidad’ con la carretera muy superior a la de otras naciones: ciclista que destaca y pasa a un equipo profesional, lo tiene muy complicado poder seguir en los velódromos.
De ahí el mérito de la cuarteta masculina, que ya logró el año pasado estar en el podio de Heusden-Zolder y este año han dado un paso más, metiéndose en la final -aunque pensar en sorprender a Dinamarca eran palabras mayores-, batiendo el récord nacional por 4,4 segundos, y entrando en el selecto grupo de los top 3:45. Y todo ello con un equipo muy joven: Luca Bühlmann y Mats Poot (2005), Matteo Constant y Pascal Tappeiner (2003). Tan sólo Noah Bögli (1996) y Alex Vogel (1999) están por encima de esos 22 años, aunque los dos juegan un importante papel por su experiencia.
En este sentido, Vogel es el indiscutible referente, ya que fue el representante olímpico suizo en París 2024, donde los helvéticos sólo compitieron en esta prueba masculina, algo que están dispuesto a ‘resolver’ en LA28 como ya han demostrado. Pero este ciclista, de Frauenfeld, Turgovia, ha dado un paso más a favor de la pista suiza, al conseguir una medalla de oro para su país diez años después. Fue ayer en el scratch donde fue lo suficientemente fuerte cómo para ganar una vuelta y astuto para sorprender a su rival, Ilya Savenkin. “Siempre he soñado con llevar este maillot: ahora se ha hecho realidad”… aunque creo que podrá cumplir otros muchos sueños visto el interesante trabajo helvético, bajo las órdenes de Tristan Marguet, Julien Bossens y Morgan Kneisky.
Y no nos olvidemos de las féminas, que terminaron quintas en la persecución por equipos, mejorando en casi seis segundos su plusmarca nacional (de 4:17.798 a 4:12.094) y también han tenido guinda individual aunque en este caso de plata con Aline Seitz en la misma prueba del scratch.
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