A estas alturas no debe haber nadie que siga el ciclismo que no sepa que estos tres ciclistas son baja para el inminente Giro de Italia. Destino común para tres enfermos que comparten una patología común, que es la de haberse quedado sin espacio en portada. Por acumulación de años, grumos de mala suerte, compañeros que quieren dominar el mundo o las tres a la vez, el trío calavera pondrá una vela a San Pantaleón, patrón de los sanos, para ver si el orden consigue salir de las paredes de este laberinto en el que están sumergidos. La vida tiende a educarnos hacia la acción de fruncir el ceño frente a la adversidad cuando en realidad debería darnos tablas de surf. Porque cuando una puerta rosa se cierra, una ventana amarilla se abre, o eso dicen. Newton en estado puro.
Joao Almeida vive bajo demanda. UAE le pide casi siempre completar el puzle de vueltas que su rey plebeyiza, que desprecia. El destino le ha robado el segundo duelo consecutivo con Jonas Vingegaard, cuya envergadura en la Vuelta no era tan fiera como la pintaban. El liderato en una estructura tan poblada como la de UAE, plagado de figuras cual museo de cera, es el clásico cometa que pasa cada siglo, como el autobús en días festivos. En el ciclismo de hoy en día, parpadeas y te lo has perdido. Almeida le cede el testigo a Adam Yates. Y nadie quiere cederle el liderato a Adam Yates, ese ciclista británico que sin su hermano retirado a lo mejor empieza a trabajar para el equipo que le paga. Cuando un avión se lanza al aire, existe el conocido punto de no retorno. ¿Y si esta ausencia marca un antes y un después? La almohada va a echar a hablar de tantas consultas.
Lo de Mikel Landa es peor: le ha mirado un gato negro y se ha cruzado con un tuerto. Lejos de tener pequeñas compensaciones por parte del destino, la biografía del vasco va de mal en peor. No es que haya protagonizado el enésimo viaje al suelo, algo que depende de él en algún ápice, sino que un coche le ha dejado fuera de juego, palabra que pasará del fútbol al ciclismo para acompañar a las tarjetas amarillas, penúltima ocurrencia de la UCI. El peaje de ilusionar a tamaña escala es desilusionar a la misma velocidad, como cuando un pelotari hace rebotar la pelota contra la pared. Nada pasa desapercibido en el ‘Landismo’. Se dice que el hombre propone y Dios dispone. El pequeño objetivo de presentarse en las tres fiestas de gran vuelta queda en el tintero. La pajarita ha mutado en cabestrillo y el avión de Vitoria a Bulgaria en calabaza.
Sin embargo, Richard Carapaz se ha vengado de sí mismo. En homenaje a la victoria en el Giro de Italia 2019, firmó por un conjunto de maillot rosa. Así, pase lo que pase, el espejo te reconoce y ensueña como líder cada día. Como los therian, pero con menos vello. Si el ecuatoriano lo piensa bien, desde que levantó el trofeo sin fin, parece que el Giro le ha regalado un infinito de problemas y malos sabores de boca. Perdió una maglia el penúltimo día, en las rampas de La Marmolada, en esa recta interminable donde Marco Pantani le preguntaba a Marco Velo por cuándo comenzaba lo duro. Le venció Jai Hindley en un alarde de efectividad, porque el australiano ahorró en gomina del poco aire que golpeó su cabellera durante toda aquella edición. Dos kilómetros bastaron para arrancarle a Richard un Giro de los brazos. Pero es que la escena con Isaac Del Toro no fue mejor. Los escenarios que elige para que le den el tartazo son ideales, hay que reconocerlo. Como llevar a tu pareja a pasear por el Sena para que te deje. Finestre presenció el marcaje extremo de habla hispana y un británico, como en los chistes, les levantó la cartera. Esas son sus participaciones en el Giro post victoria, así que veamos la botella medio llena.
Los tres encarnan una especie de vieja guardia, un relleno de licor que da a los bombones ese toque. La nota media del pelotón no podrá ser nunca la misma, nos guste o no. Los sustitutos nunca estarán a la altura en capacidad, carisma y protagonismo. Ahora cuando giren a la derecha en el calendario, verán las páginas amarillas del Tour de Francia, esas que llegan en el mes de julio. Aunque el tamaño de las uñas mengüe, el tiempo hoy en día pasa volando. En nada estamos disfrutándoles en el Tourmalet, en el Galibier o en el Alpe d’Huez. Porque pese a que el mes de julio sea tiempo de duelos históricos que tapen sus vitrinas, ellos serán de uno u otro modo protagonistas, porque no saben no serlo. Y porque el destino les debe. A Almeida y a Landa les falta ese cromo en las victorias de etapa. Si lo miramos por ese lado, los tres merecen brillar en escenarios de nivel 7 Jotas. Y el Giro, por mucho que nos encante, tendremos que reconocer que ha quedado un tanto desnaturalizado y viajero entre la globalización y el escaso peso italiano. Barbilla al frente y confianza en el destino. La nave, por desgracia, despega sin ellos. Newton, sin embargo, tenía razón: adaptarse o morir.
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