Bienvenido, Mr. Vingegaard

Jorge Matesanz / Ciclo21

Muchas personas circunscriben el duelo entre Jonas Vingegaard y Tadej Pogacar al Tour de Francia, la medida de todas las cosas, o a carreras termómetro cualesquiera. Pero en realidad se trata de un duelo que tiene vida más allá. Ganar o no ganar a veces son sólo circunstancias absolutas que ponen contexto a batallas que son de mucha mayor importancia, como en este caso. 

Jonas Vingegaard gana el Giro de Italia, cierra la triple corona y lo hace antes que Tadej Pogacar, dejando claro que su nombre ha entrado en un club para el que el esloveno aún tendrá que hacer méritos. Le queda la Vuelta, esa carrera con el cansancio de la temporada a cuestas donde el calor suele ser atroz y todo cuesta un mundo. Él eligió el camino de las clásicas, se ha hecho leyenda allí, pero en el terreno de las grandes vueltas, para muchos el único ciclismo existente, el danés ha cogido la delantera. 

 
No en el Tour, evidentemente. Mientras no se demuestre lo contrario, el dorsal uno de cada edición luce el maillot y el culote del UAE. Pero el Tour no lo es todo. Si dejamos el mes de julio fuera de la ecuación, Vingegaard tiene dos y Pogacar tiene una. El de Visma ha entendido a la perfección cómo ganar de alguna forma en este duelo de leyenda. Para la historia quedará que fue él, el menos carismático, el segundo del duelo, el prudente, el menos versátil, quien llegó primero a un selecto club en el que solo entras con el sello de ser un supercampeón de las vueltas de tres semanas. 
 
Jonas ya ha reconocido públicamente que su principado tiene fecha de caducidad, que el ciclismo empieza a tener los días contados para él. Ahí de nuevo podría tomar la delantera, entender mejor el contexto. Aquello de marcharse antes de marchitarse que las estrellas del rock pusieron en práctica en su particular Generación del 27
 

Vingegaard tras su victoria en Piancavallo © Visma

 
Jonas Vingegaard ha ganado el Giro de Italia. Lo hace con suficiencia y sin una exhibición de más. Cinco etapas, rivales bajo control y posibilidad de que el desgaste haya sido el mínimo de cara al duelo que todos miran, que tendrá lugar en Francia. La diferencia esta vez, además de que aparecen actores diversos e impredecibles en escena, es que la presión estará en el tejado de en frente. Si el de Visma se ve superado, presionado o inferior, dará igual, porque él ya ha cumplido. Ganar el Giro sería para muchos la razón que justificase una vida entera detrás de los pedales. Así que el danés no tiene absolutamente nada que perder. Jugada maestra de quien es ya un pedacito más de historia al tiempo que se ha quitado losas que le iban a lastrar. Ahora su equipo y él se pueden dedicar a echar balones fuera, a mirar para otro lado cuando les convenga.
 
A partir de ahora, ha reconocido que le interesa completar el álbum de victorias, otro terreno donde puede tomarle la delantera al esloveno mientras este juega a disfrazarse de Claudio Chiapucci y Fabian Cancellara en cada primavera. Para mí, le falta algún cromo que en principio no debe ser responsabilidad suya, que es escalar a lo campeón alguno de los grandes colosos del Giro. No sé si Blockhaus contaría, la verdad. Pienso más en Mortirolo, Stelvio, Marmolada, Gavia. Territorios escondidos bajo la alfombra, seguro que por alguna aviesa razón o complejo. 
 
Aunque hay un brote verde que ha sido la advertencia de la organización de que lo sucedido en Milán es la última vez donde los corredores les torean para anular de facto la etapa. Ahí, querido Jonas, también tienes ventaja sobre tu oponente. En un Giro donde Eulalio ha demostrado coraje portugués, Decathlon que va a estar ahí, Magnier que hay kilates y Narváez que es capaz de viajar en el tiempo a los tiempos de Dekker, el nombre propio es el de Vingegaard, el último apellido que aparece a día de hoy en el trofeo sin fin que no para de dar vueltas. Aunque la mayor vuelta se la da, en realidad, a las otras dos grandes en belleza y creatividad. A ver si el Giro se da cuenta de una vez de que si quiere, puede. 
 

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