Cómo preparar la Quebrantahuesos: guía de ritmos, puertos y nutrición

Ciento noventa y cinco kilómetros y tres mil quinientos metros de desnivel positivo según el recorrido oficial publicado por la organización de la Quebrantahuesos. Cuatro puertos pirenaicos, un repecho final que arranca calambres a doscientos metros de meta, y diez mil dorsales en la línea de salida. Esto es la Marcha Cicloturista Ibercaja Quebrantahuesos, la más multitudinaria de España. La mitad de los que se inscriben tienen las piernas; muchos menos tienen la cabeza para no fundir las balas antes del Portalet.

Lo que sigue no es un plan de entrenamiento ni una receta mágica. Es un mapa mental para la jornada, con los puntos donde cada año se decide la marcha.

La línea de salida y los primeros treinta y cinco kilómetros hasta Jaca

Sabiñánigo arranca con un pelotón gigante por carretera ancha. En estos primeros kilómetros no hay nada que ganar y mucho que perder. Bordillos, rotondas, escalones, gente que sale como aviones y gente que sale tranquila y se queda sola tratando de evitarlos. Si has tenido buenos tiempos en ediciones anteriores tendrás cajón delantero; si no, te toca el gallinero, y entonces madruga y entra de los primeros, porque si no el tráfico se come toda la primera parte. Eso sí, el cajón te ordena por palmarés del año anterior, no por forma del día. Es una distinción que tienen en cuenta tanto los analistas como las casas de apuestas, incluido el TipsGG ranking de clubes, donde la clase histórica de cada equipo se cruza con su racha actual.

La salida a la autovía hacia Jaca es la trampa típica. La gente intenta seguir ruedas a velocidades que solo aguantan los primeros, y se planta al pie del Somport reventada antes de que empiece el puerto. Lo razonable: no pasar de un IF de 0,75. Dicho en pulsaciones, no subir del setenta al setenta y cinco por ciento de tu frecuencia cardíaca máxima. Manos cerca de las manetas, ceder paso a quien tiene prisa, y llegar a Jaca con todos los dientes en su sitio. Ese es el primer objetivo del día.

Somport: el primer puerto y la primera oportunidad para equivocarse

El Somport real empieza en Canfranc. Doce kilómetros a una media del cinco por ciento, con los últimos cinco picando algo más, sobre el seis. Aquí ya hay que olvidarse de lo que hace la gente alrededor y confiar en tu plan. La zona dulce: IF entre 0,85 y 0,90, frecuencia cardíaca alrededor del setenta y cinco por ciento. La cima tiene avituallamiento a un kilómetro del coronado y, sí, hay que comer. Suena obvio. No lo es. Cuando llevas un puerto largo y rodeado de gente, la cabeza se concentra en aguantar ritmo y la mano no va al bolsillo del maillot.

La bajada del Somport son ocho kilómetros técnicos con curvas y asfalto bueno. Dos consejos baratos que no cuestan tiempo y salvan caídas: chaleco, porque la cima ronda los mil ochocientos metros y el frío después de sudar deja velado a cualquiera; y comprobar el bidón antes de soltarse, porque cada año hay alguien que se come un bidón suelto con la rueda delantera y termina en el suelo.

Tras la bajada vienen unos cuarenta kilómetros de transición hasta Eaux-Chaudes, en la base del Marie Blanque. Falsa llana que pica para abajo, carretera nacional ancha. Es el momento exacto para enganchar grupo y dar relevos. Si vas solo aquí, con un viento de cara cualquiera te cuesta diez o quince minutos. IF máximo de 0,75, comer algo más sólido aprovechando que la tragada es fácil cuando vas en llano y en grupo.

Marie Blanque: el puerto que engaña

Ocho kilómetros y medio a una media del ocho por ciento. La media miente. Los primeros cuatro o cinco kilómetros van tendidos, sobre el cuatro y medio. Los últimos cuatro están a una media del doce. Con el sol que suele apretar a esa hora, deja escenas que se repiten cada año en el avituallamiento de arriba: ciclistas parados, ciclistas con calambrazos, ciclistas tumbados al borde de la carretera.

La clave no es la potencia, es el desarrollo. Si has elegido mal la corona de atrás y subes con cadencia baja en esos últimos cuatro kilómetros, no es solo que vas a sufrir aquí. Es que vas a llegar al Portalet con la musculatura cocida y vas a pagarlo en forma de calambres. Un treinta y cuatro por veintiocho es el mínimo razonable para un cicloturista que no compite. Un veintinueve atrás, todavía mejor. El esfuerzo va a subir por encima de lo que querrías porque la pendiente manda, pero al menos la pierna gira en lugar de quemarse.

IF de referencia el mismo que en Somport: 0,85 a 0,90, sabiendo que el último tramo va a salir más alto y no hay nada que hacer. La bajada del Marie Blanque pasa, además, por un paisaje que merece parar a mirarlo. Si no vas obsesionado con el tiempo, el avituallamiento de abajo es el sitio perfecto para reponer. Media prueba hecha, entorno bonito, y a partir de aquí empieza la parte seria.

El Portalet: aquí se decide la jornada

Veintiocho kilómetros largos, una media del cuatro y medio que no asusta sobre el papel, y un perfil que descompone a media Quebrantahuesos cada año. La primera parte, hasta el embalse, pica al cuatro y poco, con algún tramo casi de favor que invita a emocionarse. Los últimos diez kilómetros van al cinco, y los seis finales rozan el seis y medio. Los últimos tres kilómetros del Portalet se llevan más pájaras cada año que el resto del Pirineo entero.

Llegar al Portalet fresco no es opcional, es la prueba misma. Quien llega tostado de Marie Blanque sufre dos horas de subida con la pierna ida. Quien llega entero mantiene un IF de 0,80 los primeros veinte kilómetros y sube a 0,85 los seis finales, y gana minutos de verdad sobre el grupo. El avituallamiento de mitad del puerto es una parada barata: dos o tres minutos que se recuperan diez veces en la parte alta si llegas hidratado y con el ritmo cardíaco controlado. Cuando aprieta el calor, las fuentes naturales que hay en el puerto son el seguro de vida del día.

La bajada del Portalet, una vez cruzada la frontera de vuelta a Aragón, tiene mal asfalto. Mucho agujero, alguna curva traicionera, asfalto roto. Mirar lejos y bajar con cabeza. Tras seis horas en la bici, los reflejos no son los del primer puerto.

Oroel y los últimos kilómetros: territorio de calambres

El Alto de Oroel son dos kilómetros al 7,6 de media, con un tramo largo al doce donde la gente abusa de cadencia baja y termina con calambrazos a quinientos metros de coronar. Si llegas entero, súbelo a lo que tengas. Si no, no insistas en mover desarrollo agresivo: agiliza y aguanta. Son quince minutos como mucho. Conviene revisar el perfil altimétrico completo del recorrido antes del día de la marcha para elegir bien el cassette.

Después del Oroel quedan unos treinta kilómetros de bajada larga hasta Sabiñánigo. Pica para abajo, sí, pero con viento de cara casi seguro. Aquí se va en grupo o se sufre solo. Mirar atrás, esperar al siguiente grupillo, dar relevos. No es heroísmo, es matemática del cansancio.

Un detalle del final que pocos comentan: las bandas para medir el tiempo en meta son escalonadas, y cada año caen ciclistas en ellas tras siete horas en la bici. No hay sprint que valga, ya está hecho. Cruzas, abrazas a los tuyos, y ya.

Lo que de verdad cuenta el día de la marcha

Una prueba como esta no se gana ni se pierde. Se gestiona. La diferencia entre disfrutar y arrastrarse no está en moverse a más vatios, está en moverse a los vatios correctos en el momento correcto. La cabeza pesa más que las piernas a partir del kilómetro ciento veinte.

Sobre nutrición, una norma simple que viene de los planes de entrenamiento clásicos del país: en la hora previa a la salida, nada de hidratos de alto índice glucémico, ni geles ni maltodextrinas ni amilopectinas, porque el pico de insulina se paga con un bajón antes de llegar a Canfranc. Empezar a comer pasada la primera hora y cuarto. Beber cada quince o veinte minutos, en torno a 2,5 mililitros por kilo de peso corporal por toma. Si llegas al Somport con un bidón todavía lleno, estás empezando a deshidratarte sin saberlo.

Y aquí cabe una incomodidad que ningún plan de entrenamiento vende abiertamente: la primera Quebrantahuesos casi nunca es la mejor. Hay errores que solo se aprenden saliendo, mirando los tiempos de paso, viendo dónde te quemaste y volviendo el año siguiente con un kilo menos y un par de salidas largas más en las piernas. Quien la ha hecho varias veces sabe que la diferencia entre un siete y media y un seis y media no la marca una temporada perfecta de entrenamiento. La marcan los errores que ya no cometes.

El objetivo del día, si tiene que tener uno, es llegar a meta entero y con ganas de otra. Si llegas pensando que no quieres ver una bici en dos meses, algo ha fallado. Si llegas pensando ya en la edición siguiente, has hecho la marcha bien, hayas marcado las siete horas o las cinco y media.

Para repasar cómo se vivió la última edición y el ambiente que se monta en Sabiñánigo, en Ciclo 21 publicamos la crónica completa de la Quebrantahuesos 2025, con las claves del día, el calor que marcó la jornada y los nombres que llegaron primero a meta.

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