Abraham Olano: «No hago nada. Sigo fastidiado con lo que pasó»

Olano, con su arcoíris © Lobo Altuna

Olano, con su arcoíris © Lobo Altuna

Han pasado dieciocho años desde que consiguió proclamarse, un 8 de octubre de 1995, en Duitama (Colombia), campeón del mundo de fondo en carretera. Tres años después lograría otro título mundial, el de contrarreloj. Es el único corredor en toda la historia del ciclismo que ha conseguido ese doblete y ganar una gran prueba por etapas. Nunca ha corrido un mundial en España.

– ¿Se parecen en algo el trazado de Duitama y el de Ponferrada?
– No tienen nada que ver. La subida en Duitama era violenta, al igual que la primera parte de la bajada. En Ponferrada es más tendida y no hay sitio para poder rodar, salvo cuando la carrera discurra por la ciudad, en la recta de meta, y en el avituallamiento. No tiene más de cuatrocientos metros cada uno de esos tramos.

– ¿Qué le parece el recorrido diseñado?
– Es un recorrido bonito, entretenido, que va a hacer mucho daño por la velocidad a la que se rodará. Las subidas se controlarán fácil porque tienen mucha visibilidad, sobre todo si se va en grupo.

– ¿A qué tipo de corredor le va bien ese circuito? ¿Y el de la contrarreloj?
– Sagan, Valverde, Samuel Sánchez, Rui Costa. ¿Purito Rodríguez? Le haría falta más dureza. El trazado de la crono es totalmente llano. Entre Cancellara, Tony Martin y Wiggins estarán las medallas. Veo más a Cancellara y a Tony Martin. Si fuese más duro le iría mejor a Wiggins. Hay que tener potencia en ese circuito, en el que pueden rodar a una media de 52 kilómetros por hora.

– ¿Qué ha sido del maillot, de la bicicleta con la rueda pinchada?
– Están enmarcados, con el que corrí y el de campeón del mundo. El maillot con el que hice el mundial lo lavé, pero sigue conservando algo de la suciedad que tenía cuando me bajé de la bicicleta. La bici está tal cual, con la rueda pinchada. La tengo empaquetada. Cuando acabó el mundial, Alejandro Torralbo, que era uno de los mecánicos de la selección me dijo, ‘si no la coges tú, la cojo yo’. Giorgio Squinzi, el dueño de Mapei, la pidió, pero Ernesto Colnago, el constructor de la bicicleta insistió mucho. Era normal que la pidiese. Al final se le olvidó. También tengo guardado el buzo de la crono y los maillots de todas las pruebas que gané en mi carrera.

– ¿Qué es de su vida ahora? ¿Qué hace?
– No hago nada. Sigo fastidiado con lo que pasó (su nombre salió en un informe redactado por el senado de Francia sobre unas muestras extraídas a los ciclistas durante el Tour de Francia 1998 en las que dijeron que parecía Epo, lo que le costó su puesto como director técnico de la Vuelta a España). No me pude defender de nada de lo que dijeron, no pude hacer nada. Me rompí la cabeza, me vino a la mente todo el sacrificio y el entrenamiento que tuve que hacer durante muchos años. De un plumazo, se fue todo al traste. Al final, mucha gente se queda sólo con lo que vio escrito sobre eso y no con todo el trabajo que había detrás. No tengo ningún plan concreto de hacer nada. Estoy mirando algunas posibilidades, pero ahora no hago nada. Colaboró con la escuela de ciclismo del Oria. Mi hija anda en bicicleta. Tiene diez años y es alevín.

Entrevista completa de Benito Urraburu en Diario Vasco

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