Alaphilippe: “Quizás un día vaya a por las grandes vueltas”

Alaphilippe vistió 14 días el maillot amarillo del Tour en 2019 / © Deceuninck-Quick Step

Nicolás Van Looy / Ciclo21

Julian Alaphilippe fue uno de los grandes protagonistas de la pasada temporada. Tras años abriéndose camino como uno de los corredores de referencia del pelotón internacional, el curso 2019 supuso para el francés de Deceuninck-Quick Step un paso adelante, quizás definitivo, hacia el lugar de honor que, sin duda, merece desde hace tiempo.

Doce de las 30 victorias que contemplan su palmarés, casi el 50%, llegaron durante los últimos doce meses. Llevarse la Strade Bianche o La Flecha Valona ya hubiesen supuesto, por si mismos, unos logros capaces de justificar toda una temporada, pero las dos etapas y, sobre todo, los 14 días que durmió siendo líder del Tour de Francia catapultaron su figura hasta cotas impensables cuando arrancó el año.

Por ello, Alaphilippe no duda a la hora de calificar ese curso como “muy especial” y se muestra convencido de que resultará casi imposible mejorar las experiencias vividas. A sus 27 años, en cualquier caso, tiene todavía mucho futuro por delante y no cabe duda de que en este 2020 en el que en breve se pondrá su primer dorsal, será una de las ruedas más vigiladas en cada prueba de la que forme parte.

-¿Qué hará falta para que 2020 sea mejor que 2019 para usted?

-No puede ocurrir. Es imposible. No creo que se pueda mejorar lo conseguido en 2019. Por supuesto, pondré todo por mi parte para volver a hacer una gran temporada, pero soy muy consciente de que el año pasado fue muy especial. Fue un año con muchas victorias y, además, con victorias de calidad. Fueron muchas emociones y va a ser muy complicado poder repetir algo así… pero tenemos que intentarlo y yo haré todo lo posible para que así sea.

-Tras su experiencia en el pasado Tour de Francia, ¿se ve peleando las generales de las grandes vueltas en el futuro?

-Puede que sí. Quizás es algo que me pueda plantear en algún momento, pero no será este año y, seguramente, tampoco el siguiente. Todavía no he cumplido los 30 años y puede que en algún momento pueda intentarlo, pero lo que es seguro es que no será mi principal objetivo para esta temporada.

-¿Llegó a pensar que iba a ser capaz de llegar de amarillo hasta París?

-No soñaba con ello, pero cuando estás vestido con el amarillo claro que tienes que pensar que eres capaz de defenderlo. De lo contrario, no merece la pena que estés ahí. Siempre supe que los últimos días, en los Alpes, iban a ser muy complicados para mi y así fue.

-No cabe duda de que llegaba al Tour siendo un corredor experimentado, pero ¿qué aprendió durante aquellos días vestido de amarillo?

-La verdad es que durante esos días concretos no es el momento de aprender cosas. Tienes que estar centrado, disfrutar y no cometer errores. Las lecciones se aprenden después, cuando ya se ha terminado. Entre ellas, aprendí que no es fácil ser maillot amarillo del Tour de Francia durante 14 días. Tanto física como mentalmente, es agotador. ¡Hasta mi bicicleta estaba cansada! (ríe).

La popularidad de Alaphilippe ha aumentado / © Deceuninck-Quick Step

-¿Ha notado que su 2019 y, especialmente, el Tour de Francia ha cambiado la manera en que es percibido en su país?

-No paso tanto tiempo en Francia, pero es verdad que sí lo he notado. La gente siempre es muy amable conmigo. Muchos me paran por la calle para darme las gracias por la emoción con la que vivieron la carrera. Eso es algo que me ocurre con más frecuencia ahora que antes. Estoy muy agradecido y muy contento por despertar ese tipo de sensaciones en la gente.

-Con todo ello en mente, ¿tendrá más presión esta temporada?

-No, en absoluto. Sé cuál es mi objetivo y lo que quiero y puedo hacer. Sé que, tras lo que hice el año pasado, habrá mucha gente que espera que intente ganar el Tour, pero yo sé de lo que soy capaz y a dónde quiero llegar.

-Este año se enfrentará por primera vez en su carrera deportiva a la Vuelta a Flandes. ¿Qué espera de esa carrera?

-Es una pregunta complicada. Es una carrera que siempre he disfrutado mucho viéndola por televisión. Incluso a través de la pantalla puedes sentir el ambiente que se crea a su alrededor. Es un Monumento y es una carrera que realmente quiero hacer. Estoy muy motivado por descubrirla y espero poder ser un corredor importante para que el equipo pueda hacer algo grande.

-Si tuviera que elegir, ¿prefiere el arcoíris o el oro olímpico?

(Sin dudar) -El arcoíris.

-¿Cuáles serán sus principales objetivos en 2020?

-Tengo muchos. Sobre todo, quiero volver a ganar carreras. Para empezar, quiero ver cuáles son mis sensaciones en la París-Niza antes de afrontar Flandes. También quiero estar bien para la Lieja-Bastoña-Lieja. Más tarde, me planteo otro pico de forma para los nacionales, el Tour y los Juegos Olímpicos y, finalmente, espero ser capaz de mantener mi estado de forma para llegar bien a Il Lomardía. Es una carrera que realmente echo de menos [sólo la ha corrido en 2014, 2016 y 2017, cuando fue 2º, N.d.A.].

-¿No buscará repetir en la Strade Bianche?

-No voy a correrla este año. Ganar esa carrera fue una experiencia increíble. El año pasado me centré, durante gran parte del invierno, en prepararla. Me gustó mucho viajar a Siena durante la pretemporada para reconocer el recorrido. Fue increíble ver al equipo arropándome y ser capaz de atacar en la parte final y disputar la carrera con Fuglsang. Es uno de los mejores recuerdos del pasado año.

-¿Considera que es una carrera con las condiciones necesarias para ser incluida en el grupo de Monumentos?

-¡No! Bueno… quizás un piccolo monumento (ríe)

-¿Cuáles cree que son sus puntos débiles como corredor?

-Bueno… en líneas generales no soy tan bueno ni tan malo en todo. Puedo esprintar, pero no soy Cavendish. Puedo subir, pero no soy un gran escalador. Al final, soy quien soy. El año pasado, al principio de la temporada, me centré mucho en la Milán-Sanremo y, por ello, trabajé para mejorar mi explosividad en los sprints, así que, en ese momento, era mejor velocista que escalador. Luego, de cara al Tour, hice muchos entrenamientos en altura y fui mejor escalador, pero perdí explosividad. No soy un corredor que tenga un gran punto fuerte.

-Si hay algo que caracteriza a su equipo es su famoso concepto de wolfpack en el que todos lo dan todo por sus compañeros. ¿Cómo es su relación con Lefevere y el resto de los integrantes del Deceuninck-Quick Step?

-Hay una relación realmente fantástica entre todo el mundo. Desde Patrick hasta los mecánicos pasando por los compañeros o los masajistas. Este es mi séptimo año aquí y puedo decir que siento al equipo como una familia. Siempre hay un gran ambiente. Creo que eso es algo muy importante que acaba marcando una diferencia importante en tu mentalidad y, por supuesto, en la carrera.

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