¿Cambios en el ciclismo?

¿Equipos de cinco corredores?

¿Equipos de cinco corredores?

Luis Román-Mendoza / Uluru

Son –somos- muchos los aficionados los que piensan –pensamos- que la mayor parte de las carreras ciclistas profesionales se bloquean en exceso por el alto número de corredores por equipo, que piensan más en controlar la situación el mayor tiempo posible que en distintas alternativas tácticas desde el principio que darán mayor emoción a la prueba.

El debate no es nuevo, pero la diferencia es –dicen- que la UCI está estudiando  esta posible reducción de efectivos entre otras serie de medidas para ‘modernizar’ nuestro deporte, que falta le hace. Además, esa disminución podría conllevar otros beneficios ‘colaterales’, como la reducción de la cantidad total de corredores en el pelotón, algo que últimamente está generando bastante peligro de caídas en los primeros y nerviosos días de carreras como el propio Tour de Francia, o por el contrario permitir la presencia de más escuadras en la línea de salida, un tema que quizás haya que estudiar si sigue adelante la reforma UCI en los términos planteados.

Sin embargo, no debemos olvidar que el ciclismo es un deporte de equipo y no de individualidades con un mismo patrocinador, como a algunos les sigue pareciendo. Por ello, pensar en una clásica con solo cinco corredores por escuadra es una aberración solamente tolerable en ese despropósito reglamentario que son los Juegos Olímpicos, por mucho que pueda conllevar un desenlace tan espectacular pero impropio como el que vivimos en Londres 2012. Sin embargo, pasar –en un primer momento- de ocho a siete ciclistas en las clásicas debería ser un planteamiento a estudiar. Luego, la experiencia servirá para valorar en su justa medida si ha sido conveniente o no la modificación.

¿Y en las carreras por etapas? Durante mucho tiempo los equipos en las ‘grandes’ tuvieron entre diez y doce corredores y tan sólo en los últimos años se ha pasado a los nueve hombres por escuadra. En este caso, son muchos los que clamarían al cielo si se redujeran las formaciones a ocho, con el riesgo de que les pase como al Garmin en el presente Giro, que se habría quedado con sólo seis ciclistas tras las bajas de Martin y Koldo en ese trágico inicio irlandés. Y claro, con tan escaso potencial es muy complicado defender las opciones de un hombre en la general, o incluso de cara a una ‘volata’, aunque en este caso haya sido precisamente la baja de su líder.

Aquí es precisamente donde entra la imaginación, las propuestas arriesgadas que tanto parecen echarse en falta en el ciclismo, recuperando el título de este ‘post’: cambio, pero no como modificación, transformación, sino como relevo, sustitución. Vamos, dando a entrada a un ciclista desde el ‘banquillo’ como sucede en el fútbol.

La idea que propongo es tan simple como ‘inaudita’, y seguro que me lloverán palos de los puristas: durante los primeros días de una ‘grande’ –por ejemplo, la primera semana o diez días- todos los equipos participantes podrán sustituir a uno o dos corredores lesionados –o sin lesionar, para evitar picarescas- por otros reservas previamente determinados, que no contarían ya para las generales, pero sí para los triunfos parciales o para ayudar al líder. Así el equipo que tuviera la desgracia de perder a un corredor no se vería lastrado al tener un equipo más reducido. O incluso podrían verse otras opciones tácticas de alinear al principio un determinado tipo de ciclista para dar luego entrada a especialistas distintos.

No sé si este hecho se habrá producido alguna vez en nuestro deporte, en una grande desde luego que no, pero por poco: el Giro de 1976 invitó al Kas a alinear a un nuevo corredor cuando el malogrado Juan Manuel Santiesteban encontraba la muerte en la primera etapa en tierras sicilianas. La escuadra vitoriana no aceptó… porque no pudo gestionar en tiempo y forma el viaje del relevo.

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