Ceylin del Carmen Alvarado, el acento latino del ciclocross

Ceylin del Carmen Alvarado es una de las grandes dominadoras del ciclocross mundial / © UEC

Nicolás Van Looy / Ciclo21

Durante los tres últimos años su nombre, tan poco común en los circuitos invernales, ha ido ganando peso y protagonismo en el mundillo del ciclocross. Nacida en la pequeña localidad de Cabrera (República Dominicana), un municipio de poco más de 30.000 habitantes, y nacionalizada neerlandesa, Ceylin del Carmen Alvarado se ha convertido en una de las mejores especialistas del pelotón internacional con sólo 21 años.

 

En un ciclismo en el que las jóvenes promesas parecen dar el salto definitivo más temprano, Alvarado se ha convertido ya en una habitual de los podios y los puestos de honor de las principales pruebas de la especialidad invernal. Actualmente, ocupa la quinta plaza de la clasificación UCI y es segunda en la general del Superprestigio a sólo un punto de su compatriota Yara Katelijn.

El pasado 3 de septiembre se cumplieron tres años desde su primer triunfo en la categoría elite, que llegó en tierras chinas. En la actual campaña ya ha levantado los brazos en Meulebeke, Pelt y Gieten y sólo en Boom, donde acabó sexta, se bajó del podio.

Una de las cosas que llama poderosamente la atención de Alvarado es su eterna sonrisa. Es muy extraño verla en los circuitos con mala cara, algo que se traduce a su discurso. Al otro lado del teléfono, la corredora neerlandesa ríe con frecuencia y se muestra realmente contenta por el momento que está viviendo.

«No pensaba que a estas alturas estaría con las mejores»

Este año ya suma seis podios en siete carreras / © Belga

La corredora nacida en Cabrera explica que hace tres años, cuando llegó su primer triunfo elite, “sabía que iba a tener una buena progresión, pero no en la magnitud con la que se ha dado. La verdad es que ha salido muy bien. Hace tres años no pensaba que a estas alturas estaría compitiendo para ganar competiciones como el Superprestigio o estar a la altura de otras corredoras del máximo nivel mundial”.

Siempre es sencillo valorar el pasado sabiendo el resultado de las decisiones tomadas. Tras un fenomenal arranque de curso (tres triunfos y seis podios en siete carreras) y la segunda plaza conseguida en la prueba de la Copa del Mundo de Berna (Suiza), es tentador pensar cómo podría estar en la general de la challenge de la UCI –ahora es 21ª– si no se hubiese saltado las dos primeras citas en EEUU. “Es verdad, pero desde mi punto de vista no sólo son los puntos o la clasificación de la Copa del Mundo que se puede conseguir”, explica la propia corredora.  “También es un viaje muy largo y muchos gastos. Es una elección difícil que hay que tomar porque, al final, lo quieres ganar todo; pero no todo gira alrededor de las carreras que hacemos, sino también sobre la salud”.

«Vinimos a Países Bajos cuando yo tenía 5 años»

Alvarado, junto a su madre

Ahora, instalada entre las mejores especialistas del mundo, es un buen momento para repasar el viaje vital de una corredora que, con 21 años, todavía tiene muchas y grandes páginas por escribir en el libro de historia del ciclismo. “¡Ha sido un viaje muy largo!”, asegura con una sonrisa. Habla siempre en plural porque su hermano Salvador (cuatro años menor) también se está abriendo camino en los circuitos de ciclocross. “Nosotros nos vinimos a Países Bajos cuando yo tenía cinco años. Mi padre siempre fue muy deportista y así nos lo transmitió a nosotros. Empezamos con el atletismo y menos de un año después probamos el ciclismo también por vía de mi padre”.

Sus inicios, como los de la mayoría, fueron “en la carretera y, tras un año o dos, queríamos pasar bien el invierno para estar en forma durante el verano. Mi padre se encargó de preguntar qué podríamos hacer para mantener el nivel durante el invierno y así llegamos al ciclocross. No era algo que nos tomáramos muy en serio. Éramos buenos, pero no íbamos a tope”.

Así, con la vista puesta en la carretera, “después de un par de años me di cuenta de que era algo que me gustaba mucho y eso cambió las cosas, por lo que empezamos a tomarnos igual de en serio las dos disciplinas. A la vez que iba creciendo nuestro nivel, íbamos creciendo nosotros… ¡y ya llevo nueve años!”, zanja, de nuevo, riéndose.

Han sido, por lo tanto, nueve años en los que su progresión ha ido siempre en aumento, pero en los que no todo ha sido de color de rosa. “En todo este tiempo he tenido, claro está, algunas temporadas bajas, pero siempre he progresado y crecido como deportista hasta llegar al punto en el que me encuentro ahora”.

«La diferencia de nivel entre las mujeres es más pequeña»

Mucha igualdad en el CX femenino

Hace ya algún tiempo que el dominio de Van der Poel y Van Aert –esta temporada parece que las cosas pueden cambiar– han traído la monotonía a la categoría masculina. Esto ha coincidido con un espectacular aumento en la vistosidad y el nivel de las pruebas femeninas, que llevan ya varias temporadas siendo las más atractivas e interesantes del fin de semana. Las causas de esta situación son complicadas y tampoco una de sus principales responsables las tiene claras. “Es una pregunta complicada. Creo que, en primer lugar, se debe a que la diferencia de nivel entre los mejores hombres es muy grande y en la categoría femenina esa distancia es más pequeña”.

Además, considera que “entre las mujeres, existe un mayor interés por querer hacer deporte por diversión. Eso hace que los niños empiecen a centrarse antes en sus opciones de llegar a un gran nivel mientras que entre las chicas hay mayor opción a crecer tranquilamente, sin ninguna presión”.

«Me gustaría tener una buena carrera en la ruta»

La ruta podría ser una opción de futuro / © Facebook

Borrados ya viejos prejuicios que ponían en duda la idoneidad de combinar disciplinas, Alvarado tampoco se cierra las puertas a un futuro compaginando los circuitos invernales con la carretera. “Hasta ahora es verdad que he estado centrada en el ciclocross, pero me gustaría poder tener una buena carrera en la ruta. Sobre todo, porque pienso que en la carretera existen más posibilidades de crecer como deportista y como atleta de nivel mundial. La ruta abre más posibilidades y, de verdad, me gustaría tener alguna vez la oportunidad de tener una buena carrera profesional”.

De ese crecimiento “a nivel mundial” del que habla la corredora neerlandesa forma parte también la oportunidad que ofrecen especialidades como el BTT o la ruta de conseguir la clasificación para unos Juegos Olímpicos en los que el ciclocross sigue vetado. En ese sentido, Alvarado no renuncia a poder estar algún día en la máxima cita del deporte mundial. “Ahora mismo compagino las tres disciplinas: ciclocross, BTT y ruta. Sé que con tantas mujeres de gran nivel como tiene Países Bajos en la carretera será muy difícil poder ir a unos Juegos Olímpicos. En ese sentido, creo que es más fácil conseguir la plaza en BTT que, además, es algo que también me gusta. En definitiva, me encantaría poder ir alguna vez en cualquier disciplina”.

«He pensado en buscar una plaza olímpica»

Alvarado no descarta el BTT como pasaporte olímpico

Con la cita de Tokio ya a la vuelta de la esquina, su primera oportunidad podría llegar en París dentro de cinco años. “Lo he pensado, pero es difícil. En BTT sería más sencillo porque no tendría que dejar el ciclocross, pero si lo quisiera hacer en la ruta se complicaría más porque me exigiría centrarme en la carretera dejando el ciclocross en segundo lugar”.

En cualquier caso, “si se me presenta la oportunidad y puedo correr en un equipo de carretera grande y puedo crecer, me lo pensaría. Creo que para 2024 en París la carretera llega muy pronto”.

La cada vez mayor precocidad de hombres y mujeres en el mundo del ciclismo hace muy frecuente que ciclistas Sub-23 se enfrenten a la decisión de en qué categoría correr las grandes citas que, en el caso del ciclocross, son, sobre todo, los campeonatos nacionales, europeos y mundiales.

Mientras que reconoce que en el Superprestigio se centrará en buscar el triunfo en la categoría elite “porque creo que mis opciones de conseguirlo al final de temporada son igual de grandes que en Sub-23”, no será así en esas grandes citas del año. Además, aunque tras su ausencia en EEUU la general de la Copa del Mundo queda prácticamente descartada, “me centraré en la categoría elite porque yo ya compito para ganar, no para fijarme en la clasificación de mi propia cateogría”.

«Correré el europeo y el mundial en categoría Sub-23»

Tratará de reeditar su título europeo / © UEC

“El año que viene ya seré oficialmente elite y ya no podré elegir”, explica. “Por eso, quiero terminar mi ciclo como Sub-23 haciéndolo bien en los campeonatos de esta categoría. El europeo y el mundial los haré en mi propia categoría; pero el nacional sí lo correré en elite”.

En sus tres años como Sub-23 ha subido al podio mundialista en dos ocasiones, pero no ha conseguido vestir el deseado maillot arcoíris, algo que, reconoce, le ha llegado a quitar el sueño. “Es una situación un poco frustrante porque sé que lo podía ganar, pero es parte de un proceso de crecimiento. Como deportista, debes saber ganar y saber perder. Ese mismo día duele… y una semana después, también (ríe). No es fácil saber que eres la mejor o una de las mejores y que ese día las cosas no salen como quisieras”.

«La derrota de Bogense fue muy dura para mi»

La derrota de Bogense fue dolorosa / © UCI

Segunda en Valkenburg en 2018 y tercera, cuando era la gran favorita para el triunfo, en Bogense en 2019, Alvarado reconoce que, pese a que la primera fue ante su propio público, “me dolió más la derrota del mundial Bogense. En Valkenburg estaba entre las favoritas, pero no era la máxima candidata. Sabía que Evie [Richards, ganadora aquel día] era la mejor. Lo venía siendo toda la temporada. Si todo hubiese salido perfecto, podría haber ganado, pero lo vi más difícil que en Bogense. Allí llegué siendo la mejor durante todo el año. Creo que no había perdido ninguna carrera antes de llegar allí y era la gran favorita. Todo estaba bien. Todo el mundo pensaba que iba a ganar… y yo también, pero no pudo ser y la verdad es que fue un momento bien duro para mi”.

Ceylin del Carmen Alvarado puede ser fácilmente reconocible en cualquier circuito por dos motivos. El primero, porque suele estar siempre entre las mejores clasificadas y el segundo, porque suele ser una de las más sonrientes y, aparentemente, felices componentes del pelotón. Algo que, como ella misma reconoce, no es exclusivo de su faceta deportiva. “Siempre he sido una persona muy alegre”, explica la neerlandesa. “Creo que, en el deporte, también debería de ser así. Procuro estar siempre alegre y hablar con todo el mundo que se me ponga por delante. Es algo que está en mi carácter, pero considero que en el deporte es muy importante tener esa felicidad. Si no tuviera ese gozo, todo sería mucho más duro y difícil soportar la presión y poder con todas las cosas que se te cruzan en el camino”.

«Somos uno más de ellos, pero con otro idioma y otro color»

En el ciclismo no hay diferencias

En un mundo, en ocasiones, tan endogámico como el ciclocross, dominado por belgas y neerlandeses, la presencia de una corredora como Alvarado entre la elite fue, al menos en sus inicios, algo exótico. La propia corredora, pese a tener la nacionalidad neerlandesa, recnoce que “no me siento 100% neerlandesa porque yo nací en la República Dominicana, mis padres son dominicanos, en casa hablamos español… Me siento un 80% dominicana y un 20% neerlandesa porque vivo aquí toda mi vida”.

Alvarado pone el ciclismo como un ejemplo de entendimiento que trasciende más allá del deporte y que, sobre todo en los tiempos actuales, bien se podría exportar a tantas otras facetas de la vida. “En el ciclismo, subidos a la bicicleta, todo el mundo es igual. Todo el mundo va a ganar, cada uno quiere cruzar la meta el primero. Todos hacemos lo mismo. No importa la raza o el color. Yo no me siento diferente. Cuando nosotros empezamos, sí era difícil porque éramos diferentes y hablábamos otro idioma. Mi madre y mi padre, durante las carreras, nos animan en español y eso es algo que se sale de la norma respecto al resto de personas en Bélgica o Países Bajos, pero ahora la gente ya nos conoce y saben cómo somos. Ya es como si fuéramos uno de ellos, con la única diferencia que hablamos otro idioma y somos de otro color”.

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