Cómo se echa de menos a Alejandro Valverde en las Ardenas

La quinta en Huy © Movistar

Jorge Matesanz / Ciclo 21

El señor de Huy, don Alejandro Valverde Belmonte, duque de las Ardenas, sobrevuela la mente de todos los aficionados españoles cuando llegan la Amstel Gold Race, La Flecha Valona y Lieja-Bastoña-Lieja. Estrenó el himno español en ‘La Decana’, plusmarquista en el muro valón. Nueve títulos que acercaron su fama de clasicómano a cotas históricas, pero, sobre todo, cotas inéditas para el ciclismo español. De no haber sido también ‘el señor Uy’, quién sabe dónde hubiese parado la cuenta. Sin sus devaneos con el despiste en Giro de Lombardía, la ausencia de interés en Milán-Sanremo o el miedo de su equipo, el Movistar, a la Amstel Gold Race, hablaríamos de otra cosa. Yendo a media asta y combinando el fuelle con las vueltas de una y tres semanas que cargaban de paja su calendario, ha conseguido subir a las cimas a las que Miguel Induráin o David Etxebarria nunca pudieron. Igor Astarloa, el único triunfador nacional hasta 2003 en una de las cordilleras más míticas del ciclismo.

Se cumplen veinte años el primero de sus tres dobletes. Entonces con la ayuda del también añorado Joaquim ‘Purito’ Rodríguez, el ciclista entonces de Caisse d’Epargne alzó los brazos al cielo de Ans tras batir en el sprint final a todo un mito como Paolo Bettini. Dos años más tarde, sus víctimas fueron el malogrado Davide Rebellin y el correoso Frank Schleck. Tardó siete temporadas en regresar a lo más alto, batiendo a Julian Alaphilippe. Parecía impensable que el galo no fuese a cosechar victoria alguna en Lieja-Bastoña-Lieja. Hasta hoy, marcador a cero. En 2017, el ciclista de Movistar volvió a sorprender y se quedó a un título de empatar en cabeza con el imbatible Eddy Merckx. En 2021, de haber jugado con mayor sangre fría, quién sabe de qué estaríamos hablando. Lanzó el sprint con viento de cara, desde muy lejos y con varios de los mejores del mundo a su rueda. Siendo ya entonces un corredor más que veterano y con su palmarés hecho, le hubiese lucido más haber tirado de experiencia para resolver. Le pudo la juventud mental.

En otras dos ocasiones se quedó a las puertas, sobre todo, en 2014. Simon Gerrans, una de sus bestias negras, se anticipó en un sprint que parecía a punto de caramelo para el español. Cerró su trayectoria como uno de los mejores ciclistas de la historia en las Ardenas, palabras mayores. Si añadimos la versatilidad que atesoraba, hablamos de uno de los mejores ciclistas de las últimas décadas. Le faltó un tanto de agresividad previa a la recta final y tal vez algo más de habilidad estratégica, pero es indudable que desde la televisión de casa todo se ve mejor y más fácil. Con ese pelo de más, Eddy Merckx hubiese tenido acompañante. El destino quiso dejarle en ese escalón justo inferior que comparte con Moreno Argentin. Hablamos de terreno histórico, de nombres que son la élite de cualquier cuadro de mitos del ciclismo. Lo mismo podrían decir los demás de él, conste. 

La lástima es que el tiempo pasa y que la cinta transportadora de la vida nos da lo que después nos va a quitar. Alejandro Valverde hizo disfrutar muchísimo a la afición española, que soñaba desde el imposible con la conquista de estas pruebas. Él ayudó a virar ese monotema de ciclismo de vueltas tan arraigado en España hacia una mirada más global, más europea. El ahora seleccionador de la selección española se llevó del profesionalismo fotos impresionantes. Por ejemplo, batir a Lance Armstrong en el Tour de Francia, el campeonato del mundo conseguido en Innsbruck o el maillot oro definitivo de la Vuelta a España. Fue un ciclista tan extraordinario que en la actualidad, época de vacas flacas, se le echa de menos. Lo malo de estos campeones tan fiables es que no son eternos. Nos malacostumbran y después se van. Ley de vida. Cómo te echamos de menos, Alejandro.

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