Daniel Cavia: de Flandes con Pogacar a las victorias en China

Daniel Cavia © Tour Huangshan

Manuel Novik / Ciclo 21

En la Vuelta a Flandes descubrió cómo cambia el pelotón cuando el equipo de Pogacar acelera antes de lo esperado: velocidad, contactos, frenazos y una lucha por la posición que puede provocar cortes antes de comenzar un muro. En China vivió el otro lado, el de atacar con opciones de ganar, levantar los brazos y defender un liderato pendiente de cada bonificación. Daniel Cavia, corredor del Burgos, repasa una segunda temporada profesional que comenzó condicionada por una lesión de rodilla y le llevó desde las clásicas belgas hasta las llegadas al esprint de Asia.

También recuerda el silencio del autobús tras el accidente mortal de la Vuelta a Portugal y las conversaciones entre corredores para decidir si continuaban, hasta que el propio NSN les pidió seguir. Habla de cómo se organiza el pelotón para reclamar seguridad, del nivel que encuentra en las clásicas italianas y de los puntos que obligan a cambiar la manera de competir. Con la pretemporada ya en marcha, valora los refuerzos del Burgos y la posibilidad de volver a una gran vuelta.

-¿Cómo está viviendo el descanso y el inicio de la pretemporada?

-He aprovechado para estar en casa con la familia, porque durante la temporada pasamos mucho tiempo fuera. He descansado dos semanas y ya he empezado la pretemporada con muchas ganas. Ahora entrenaré en casa y en noviembre tendremos una primera concentración sin bicicletas para conocer a los nuevos compañeros y al personal. En diciembre llegará la concentración con bicis.

-¿Qué le parecen los fichajes del Burgos para 2027 (Mathieu Burgaudeau, Mattéo Vercher y Thomas Bonnet, entre otros)?

-El equipo se ha movido muy bien y creo que somos de los que mejor nos hemos adaptado al sistema de puntos. Hemos dado un paso adelante con el bloque francés y las otras incorporaciones. Son corredores que pueden explotar aquí y darnos muchas alegrías.

-En su debut profesional le sorprendió el ritmo del Challenge de Mallorca. ¿Cómo fue este segundo año?

-Casi peor que el primero. Mallorca es complicado de entender: las carreras anteriores tienen un nivel, allí te encuentras con el máximo y después vuelves a la península y todo se normaliza. Todos llegamos de las concentraciones en muy buena forma y son carreras muy locas. Además, sufrí una caída que me provocó una lesión de rodilla y condicionó el mes siguiente.

-¿Hasta qué punto afectó esa lesión a la preparación de las clásicas?

-Tenía inflamación y líquido en la rodilla. Podía hacer cuatro horas suaves, pero en cuanto apretaba aparecía el dolor y no podía hacer series. Estaba en Andorra preparando las clásicas belgas y era frustrante ver que se acercaban sin poder entrenar con calidad. Solo pude meter intensidad la última semana. Era uno de mis objetivos y no llegué como quería: allí, si quieres estar al cien por cien, necesitas estar al doscientos.

-¿Qué sintió al compartir pelotón con Van der Poel en la Omloop?

-Fue un sueño. Lo has visto toda la vida por televisión y de repente estás rodando a su lado. Desde pequeño quería correr esas carreras y, una vez dentro, me encantaron: la tensión, el ritmo frenético, la necesidad de estar siempre delante y los muros llenos de gente. Disfruto de esa adrenalina y espero poder disputarlas en el futuro.

-Después llegó la Vuelta a Flandes con Pogacar. ¿Cómo vivió su primer monumento?

-Es difícil describirlo. Dos días antes, durante el reconocimiento, los muros ya estaban llenos; casi había más gente que en otras carreras. Veías aficionados de todas partes y muchos españoles animándote. Durante la carrera apenas había tramos sin público. Es una experiencia que cualquier ciclista debería vivir.

-¿Con qué objetivo afrontaron una carrera de ese nivel?

-Queríamos estar en la fuga y conseguimos meter a dos compañeros. Ves la participación y sabes lo difícil que es disputar, así que buscamos llegar lo más lejos posible por delante. Si no entrabas en la escapada, el objetivo era terminar el monumento.

-¿Cómo fue su carrera?

-Intenté entrar en la fuga, pero cuando se hizo estaban mis compañeros y yo no. Después tocó sobrevivir. No esperaba que Pogacar endureciese tan pronto en el Molenberg y me pilló mal colocado. Me quedé en un segundo grupo, aunque colaboramos todos y conseguimos volver. A partir de ahí vas al límite y sobreviviendo a los muros. Flandes te pone en tu sitio: llegas hasta donde te permiten las fuerzas.

-¿Cómo se percibe desde dentro que la carrera está a punto de romperse?

-Antes del Molenberg había un tramo en descenso en el que íbamos muy rápido y sentí bastante peligro. Pequé de miedo, frené más de la cuenta y perdí posiciones. Ya varios kilómetros antes notas la tensión, los contactos y la velocidad. Después subes al límite, coronas y ves al pelotón completamente enfilado. Sabes que algo se está preparando.

-¿Terminó el bloque de clásicas con mejores sensaciones?

-Sí, especialmente en la Scheldeprijs, que fue mi mejor carrera del bloque (12°). Las primeras me habían costado por la preparación que llevaba, pero cerca de Flandes empecé a encontrarme mejor. En la Scheldeprijs tenía buenas piernas, me moví bien en un circuito peligroso, con adoquines, y disfruté muchísimo.

-En Hainan combinó sus oportunidades al esprint con el trabajo para Lorenzo Quartucci.

-Son carreras en las que podemos estar más delante y disputar. Sabíamos que Lorenzo podía hacer una buena general y yo también tuve mis oportunidades: conseguí un segundo y un tercer puesto. El resto de los días intenté ayudarle y mantener la carrera en una situación favorable para nosotros.

-¿Cómo vivieron el accidente mortal de la Vuelta a Portugal y las dudas sobre continuar? 

-Fue muy complicado. Cuando te dicen que ha fallecido un corredor, el golpe es enorme. Llegas a meta, ves a todos desolados y en el autobús nadie habla. Piensas que podría pasarte a ti. Esa tarde y esa noche estuvimos hablando entre equipos sobre detener la carrera, continuar o neutralizar alguna jornada. Luego, el director del NSN nos pidió que corriésemos con normalidad y los organizadores también nos trasladaron el esfuerzo que había detrás. Consideramos que continuar y ofrecer el mejor espectáculo posible era una forma de rendirle homenaje, sin olvidar lo ocurrido.

-¿Cómo afectó lo sucedido al pelotón en los días posteriores?

-Al día siguiente nadie tenía ganas de atacar ni de mover la carrera. Todos sentimos lo vulnerables que somos. Tenemos que mejorar la seguridad: estamos viendo vehículos ajenos a la competición entrar en carrera y pueden ocurrir accidentes así. Piensas que en cualquier momento te puede pasar a ti.

-En Lombardía vimos la protesta por la seguridad y el discurso de Evenepoel. ¿Cómo se organizan en esos chats y quién participa en las decisiones?

-Cada carrera tiene un grupo de Telegram de la CPA (Asociación de Ciclistas Profesionales) en el que pueden participar todos los corredores que la disputan. También hay tres representantes del pelotón y uno de la CPA. Suelen ser ciclistas con experiencia y peso, capaces de tomar decisiones difíciles. En ese grupo hablamos sobre lo que ocurre y qué debemos hacer.

-¿Qué nivel encontró en las clásicas italianas de otoño?

-Son WorldTour encubiertas. Ves la participación y encuentras corredores de muchísimo nivel, algo que se refleja en el ritmo. Algunas fueron durísimas y los números después eran increíbles. Venía de descansar tras Portugal y de pasar una pequeña gripe, así que las primeras me costaron, pero en las últimas ya me encontré mucho mejor.

-¿En qué se diferencian de las clásicas belgas?

-Se parecen más a las Ardenas. Son para corredores explosivos y escaladores que se manejan bien en subidas cortas. Se corre todo el día a tope, con recorridos muy duros y bonitos que dan mucho juego.

-Volvió a ganar en Huangshan, aunque esta vez se le escapó la general. ¿Le vigilaban más los rivales?

-Sí. El año anterior no me conocían tanto y era más fácil moverme por delante. Esta vez intentaba escaparme y todos salían detrás. Aun así, corrí tranquilo y disfrutando del ciclismo que me gusta: atacar y estar delante. Gané la primera etapa porque llegaba con muy buenas piernas de Italia. El equipo trabajó muchísimo para defender el liderato, pero el último día se juntaron todos los factores para perderlo.

-¿Cuánto condicionan las bonificaciones una carrera así?

-Muchísimo. Aunque seas el más fuerte, no hay terreno suficiente para romper el grupo. Tienes que jugar con la estrategia y las bonificaciones, estar pendiente de todos los puestos y calcular quién ha ganado segundos o quién te está recortando.

-En Langkawi, José Manuel Díaz terminó cuarto. ¿Cómo se repartieron el trabajo y cómo llegaron después de la Vuelta?

-José Manuel y Mario (Aparicio) venían de hacer una muy buena Vuelta, aunque no sabíamos cómo les afectaría la fatiga, que quizá pasó factura a Aparicio. José Manuel rindió a un nivel altísimo para hacer grandes actuaciones en montaña. Le ayudamos en esas jornadas y ellos también trabajaron para mí en las llegadas. Hicimos una buena carrera como equipo.

-¿Con qué momentos se queda de la temporada?

-Con terminar un monumento como Flandes y con la victoria en la primera etapa de Huangshan.

-Después de estrenarse en una gran vuelta, ¿le ilusiona volver a disputar una en 2027?

-Todavía estamos esperando, pero todo apunta a que el equipo volverá a tener una gran vuelta. Ojalá pueda estar y representar a los patrocinadores del Burgos.

-¿El sistema de puntos les obliga a cambiar su manera de correr?

-Sí. Los equipos que pelean por las grandes victorias corren para ganar, pero los WorldTour que luchan por mantenerse y los ProTeams que buscamos invitaciones tenemos que cambiar. Es triste, pero muchas veces no corres para ganar, sino para puntuar y colocar al mayor número posible de compañeros en los puestos que dan puntos. Para sobrevivir necesitas correr una grande y estar entre los treinta mejores equipos. Eso te obliga a cambiar tu forma de correr y de entender el ciclismo.

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