El Campeonato, sin título, más importante

José Rodríguez y los ciclistas © elmundo.es

José Rodríguez y los ciclistas © elmundo.es

Ángel Olmedo Jiménez / Ciclo 21

Van a cumplirse diez años pero, aún, no se han depurado responsabilidades. Es la prueba, el Campeonato de España, que guarda una mayor trascendencia, a pesar de no haberse disputado, de haber quedado vacante o desierto su ganador, en una actuación que explica gran parte de las vicisitudes de nuestro deporte.

Corría el año 2006, languidecía un caluroso junio, y en Móstoles (Madrid), los profesionales españoles de la bicicleta se disponían a completar el circuito que iba a dilucidar el nuevo campeón nacional de la disciplina en ruta. 211 kilómetros y las aspiraciones de un cúmulo de corredores en busca de su jornada de éxito.

No obstante, y debido a las informaciones publicadas  el día anterior en la edición en papel del diario El País, aludiendo a un sumario judicial abierto que, presuntamente, comprometía a un total de 58 ciclistas en una trama relacionada con el dopaje, los profesionales decidieron bajarse de sus bicicletas y renunciar a la disputa del Campeonato. Habían recorrido poco más de tres kilómetros de la carrera.

Un mes antes, Manolo Saiz, el director del Liberty, había sido detenido junto a Eufemiano Fuentes (el afamado médico). No serían los únicos, también fueron privados de libertad, José Luis Merino Batres (Jefe de Servicio de Hematología del Hospital de la Princesa), Alberto León (quien supuestamente actuaba como “correo” en las entregas) e Ignacio Labarta (el director adjunto del equipo Comunitat Valenciana), posteriormente, las actuaciones judiciales se ampliaron frente a Vicente Belda y la hermana de Fuentes, Yolanda.

Fuentes, en el juicio de la OP

Fuentes, en el juicio de la OP

La sentencia dictada, en su día, por el Juzgado de lo Penal número 21 de Madrid y que aún se halla en fase de recurso, condenó a Eufemiano Fuentes y a Ignacio Labarta, absolviendo al resto (Alberto León se había suicidado años antes del Fallo). Solo se discutía, sobre la existencia de un delito contra la salud, nunca sobre infracciones deportivas.

En todo caso, aquella tarde, en Móstoles, y encabezados por José Rodríguez, el presidente, en aquel momento, de la Asociación de Ciclistas Profesionales, convocaron una rueda de prensa en la que justificaron su actuación como una protesta ante las «acusaciones generalizadas que ponen bajo sospecha de dopaje a todos»

No todos los equipos se mostraron de acuerdo con la decisión adoptada por el colectivo, el Relax-Gam-Fuenlabrada mostraba su disconformidad, en un comunicado oficial, que rezaba, entre otros aspectos, que «el Campeonato de España es la prueba más significativa del calendario español y no es justo tomar esta medida a última hora, sin recapacitar el daño producido a todas las casas comerciales. Si los corredores quieren demostrar su malestar deberían de seguir vías menos perjudiciales para el ciclismo».

Asimismo, y como resulta obvio, la Real Federación Española de Ciclismo, organizadora del evento, rechazó la decisión del colectivo ciclista, al tiempo que anunciaba el ejercicio de acciones legales. La prensa, principal señalada por los ciclistas como culpable de la situación, recurrió a titulares que aludían al boicot.

El devenir de los tiempos manchó el nombre del ciclismo (la Operación Puerto sacudió a ciclistas extranjeros y se llevó por delante a Ullrich o Basso, entre otros) y el de los médicos y estructuras que aprovechan el ámbito de la competición para mejorar los rendimientos deportivos mediante la utilización de técnicas prohibidas y, lo que es más importante, además de adulterar la competición ponen en serio riesgo la salud de los deportistas.

Una de las críticas fundamentales que se efectuó a la ejecución de la Operación Puerto fue que se circunscribió, prácticamente en exclusiva, al ciclismo, eludiendo otros posibles deportistas que, en un primer momento, parecían también implicados en la trama.

El argumento, que no deja de tener sentido, no empece a que la suciedad existente en el ciclismo se hallaba presente y era necesario cortar de raíz prácticas como las, en su día, denunciadas por Manzano, al que sus manifestaciones le sirvieron, básicamente, para entorpecerse y obstaculizarse su futuro en el ciclismo.

Las bolsas de sangre © GC

Las bolsas de sangre © GC

Con todo, y tras varias operaciones policiales después (tanto en el extranjero, como atinentes a diferentes deportes), el avance en la legislación sobre el tratamiento del dopaje ha sido moderado.

Es cierto que hoy, en España, el dopaje, incluso para el deportista, puede tener la consideración de delito (algo que no ocurría en el momento de descubrimiento de la Operación Puerto), pero aún queda un larguísimo camino por recorrer hasta asegurar que los sistemas de control y detección de los tramposos son suficientemente precisos para evitar que cualquier ganador de pruebas sea puesto en un apriorístico entredicho.

Desafortunadamente, en el ámbito del ciclismo (al igual que en el de muchas otras prácticas deportivas) continúan existiendo deportistas, médicos, directores y clubes que estiman apropiado atajar en el camino de la llegada al triunfo, recurriendo a cuantas artimañas y manipulaciones sean necesarios en dicha empresa.

El debate, que nunca se acometió, es necesario para, involucrando a todas las partes interesadas (deportistas, equipos, organizadores, federaciones, patrocinadores e instituciones estatales), alcanzar unos compromisos férreos de actuación que, de una vez por todas, instauren dentro del deporte una exclusión de aquéllos que, bien en solitario, bien movidos por otros, enturbian y comprometen la honestidad de la competición.

Aquel año 2006, en Madrid, la Historia nos dejó sin campeón para suceder a Gárate pero nos ofreció la oportunidad, más adecuada, para sentar las bases de un juego limpio, sin matices, en el que solo la fuerza del ser humano y el impulso natural que sus piernas transmiten a los pedales sean el factor desencadenante de la gloria y la victoria.

Todos se lo debemos a aquel maillot rojigualda no entregado, que se quedó a la espera de que un héroe, limpio, ilusionado, aclamado por la multitud, lo luciera, encaramado a lo más alto del pódium, en una calurosa tarde de verano en la capital.

Es una cuestión de trabajo y honradez. Puede parecer complicada en su acometida, pero siempre se alzará como más adecuada que el capítulo de fe que, aún hoy, no exige descubrir exhibiciones puntuales de ciclistas que, en nuestra mente, nos arrastran a los episodios más luctuosos y tristes del ciclismo.

Imágenes, en suma, que cualquier buen aficionado a este deporte desearía eliminar de su memoria pero que, por su propio bien, conviene tener en mente. Igual que ese maillot que esperó, durante 2006, un digno portador.

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*