TV: El Mundial apenas puede con el ciclismo en Bélgica

Ambiente previo al partido en el Sportpaleis de Amberes

Nicolás Van Looy / Ciclo 21

Justo 12 años después de que el 17 de junio de 2002 Brasil venciera a Bélgica por 2-0 en el Estadio de Alas de Kōbe (Japón) dejándola fuera del Mundial de Korea y Japón, los Diablos Rojos volvían a pisar el césped de un estadio mundialista. En esta ocasión, fue en el Mineirão de Belo Horizonte (Brasil) y ante Argelia, un rival que se lo puso más difícil de lo inicialmente previsto.

Las expectativas que ha levantado el conjunto entrenado por Marc Wilmots son altísimas. Muchos analistas, dentro y fuera de Bélgica, sitúan a este jovencísimo combinado de 25 años de media a la altura de la de Jean-Marie Pfaff que se hizo con el cuarto puesto en el Mundial de México 86 (la que eliminó a España en cuartos de final en el Estadio Cuauhtémoc de Puebla).

En un mundo completamente distinto al del año 2002, los belgas habían preparado numerosísimas fiestas para este nuevo debut mundialista. Todo era ilusión. Los cafés tenían existencias suficientes de cerveza como para dar de beber a los más sedientos durante varias generaciones. Los pabellones deportivos se transformaron, por toda la geografía belga, en lugares de reunión para ver el partido a través de pantallas gigantes. Y, todo, movido y alentado por las redes sociales, artífices de gran parte de ese estado de euforia colectiva con el ya famoso hashtag #dancewiththedevils (baila con los diablos).

El caldo de cultivo fue perfecto y el pueblo respondió. El partido entre Bélgica y Argelia se convirtió en el más visto de la historia de la televisión belga con 2.189.421 espectadores, llegando a un pico de 2.562.000 televidentes en el instante en el que el colegiado mexicano Marco Rodríguez pitó el final del encuentro. Ambas cifras supusieron el 79,7% y el 84,1% del share televisivo del país.

Todo un despropósito, claro, hasta que uno se para a analizar los datos y las fotos del día. Miles de litros de cerveza fluyendo constantemente de los barriles. Olor a patatas fritas. Caras pintadas de negro, amarillo y rojo. Banderas tricolor allá por donde mires. Miles de personas disfrutando de un evento deportivo en plazas, polideportivos y otros lugares públicos. Ahora, a esa ecuación, súmenle una cuneta y sustituyan el sol que brillaba ayer por un día más gris y ventoso (o incluso, lluvioso) y, si ustedes son buenos aficionados al ciclismo, ya están situados sin lugar a dudas.

La Vuelta a Flandes reune a más de un millón de personas en las cunetas

La Vuelta a Flandes reune a más de un millón de personas en las cunetas

Quizá Bélgica sea el único país del mundo en el que el partido de fútbol más visto de la historia no pueda aguantar el pulso o la comparación con una carrera ciclista que se disputa cada año: la Vuelta a Flandes.

Si comparamos los datos de este mismo año, cuando la Vuelta a Flandes fue seguida en televisión por 2.079.230, es decir, algo más de 110.000 televidentes menos, ya nos da una idea de la importancia de la carrera. Pero, cuidado, no se dejen engañar. El ciclismo no pierde en la suma total de espectadores. Ni mucho menos. Según cifras propias de Canvas, el canal que ostenta los derechos del Mundial de Brasil en Bélgica, a la cifra antes proporcionada habría que sumar otros 470.000 espectadores que vieron el partido en pantallas gigantes en lugares públicos. Así, la suma es de algo más de 2.600.000 espectadores. Pues bien, a los televidentes mencionados en la Vuelta a Flandes hay que sumar ¡¡más de un millón!! de aficionados en las cunetas y la cifra, nunca hecha pública, de personas que siguieron la carrera en bares y otros lugares de reunión.

Hagan ustedes mismos la suma, pero está claro que por mucho Mundial y por más que hayan pasado 12 años desde el último partido de los Diablos Rojos en la mayor cita del balompié del planeta, el ciclismo sigue ganando por goleada al llamado deporte rey. Por desgracia para todos los aficionados al ciclismo que no vivimos allí, en eso, Spain is different en eso también.

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