El Psico Tour: Desaprender la indefensión y rebelarse

Egan Bernal, al frente de los favoritos en Alpe d’Huez © Instagram

¿Alguna vez te has preguntado cuánta oposición necesitas hasta que decides tirar la toalla? ¿Hasta que te das por vencido? ¿Hasta que llegas a ese momento en que aceptas la derrota? ¿En que aceptas que no puedes? ¿Que no lo vas a lograr? ¿Que eres inferior a tu oponente? ¿Que no puedes hacer nada más?



Geraint Thomas se impuso ayer por segundo día consecutivo en una de las tres etapas de montaña más importantes de esta edición 105ª del Tour de Francia.

El británico venció, de nuevo, en los últimos metros. Su líder, Chris Froome, continúa segundo de la general a 1’39” de su compañero de equipo.

Geraint Thomas ha logrado en los últimos años adjudicarse algunas de las más prestigiosas carreras de una semana, como el Critérium du Dauphiné, el Tour de los Alpes, la París-Niza o la Vuelta al Algarve, entre otras.

Podríamos considerarlo como un corredor completo, con victorias también en carreras de un día. Este mismo año se ha proclamado vencedor del Campeonato de Contrarreloj del Reino Unido.

El Team Sky domina la carrera, como en anteriores ediciones. Como también dominaran equipos como U.S. Postal y Discovery Channel con Lance Armstrong, y como años antes hiciera lo propio Banesto con Miguel Indurain.

Sin duda, se trata de equipos formados para trabajar por un líder indiscutible y dispuestos a cualquier sacrificio con tal de lograr la victoria final. Ayer pudimos ver ya como Egan Bernal asumía responsabilidades en el último puerto evidenciando su recuperación.

El resto de ciclistas: Dumoulin, Roglic, Bardet, Landa, Kruijswijk y Quintana, ven cómo Sky domina la carrera y se impone de principio a fin.

Cuando las grandes vueltas dominadas por grandes equipos llegan a este punto, me suele venir a la cabeza el mismo cuento de Jorge Bucay, uno de un elefante que desde pequeñito había estado atado a una estaca en el circo.

Seguramente, durante su infancia, «el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino».

Esto explica, según Bucay, por qué los elefantes adultos siguen atados a la misma insignificante estaca que cuando eran pequeños y no escapan: porque, pese a que ellos y las circunstancias han cambiado, creen que no pueden soltarse.

Como sucede con los equipos tremendamente cohesionados sobre la figura de un líder que aparenta ser imbatible, frente al que sus rivales llegan a pensar que nada pueden hacer, quizás porque lo intentaron y, sin embargo, no lo lograron.

Esto hace que, en los momentos en los que podríamos conseguirlo creamos que nuestra enorme pata de elefante nada va a poder hacer contra una diminuta estaca clavada en la tierra que no logramos mover,y todo porque, en el pasado, no pudimos escaparnos y llegamos a esa convicción.

Esta circunstancia fue estudiada por psicólogos en los años 60 y 70. Martin Seligman, a través de una serie de experimentos éticamente reprobables con animales, denominó a este fenómeno ‘indefensión aprendida‘.

En palabras del propio Seligman: «Los perros que experimentaban descargas dolorosas que no podían modificar mediante ninguna acción, acababan por darse por vencidos. Aceptaban las descargas con pasividad incluso cuando éstas podían evitarse sin esfuerzo».

«Sin embargo, tras diez años de trabajo, descubrimos que no todos los perros se vuelven indefensos tras una descarga inevitable, ni tampoco todas las personas después de que se les presenten problemas irresolubles. Uno de cada tres nunca se da por vencido».

El estudio de la indefensión aprendida originó todo un movimiento en la psicología interesado por el conocimiento de las fortalezas humanas, lo que se denominó ‘psicología positiva’, dado que éstas que nos hacen interpretar los contratiempos como algo superable.

Los efectos de la indefensión aprendida afectan tanto a nuestra motivación, como a nuestras cogniciones y emociones.

A nivel motivacional, pensar que hagamos lo que hagamos no vamos a poder doblegar a nuestros rivales, nos retrasa o evita que llevemos a cabo acciones que lo intenten, lo que supone una desventaja para nosotros y, sin embargo, una gran ventaja para nuestros oponentes.

A nivel cognitivo, dificulta la conexión entre nuestros intentos y nuestros logros, porque como en anteriores situaciones no obtuvimos resultados satisfactorios cuando al final los conseguimos nos cuesta atribuirlo a nuestros esfuerzo.

Y a nivel emocional, cuando las consecuencias de nuestras acciones son desfavorables esto nos genera ansiedad y miedo por los efectos del fracaso y la impotencia de sentirnos incapaces.

Como se preguntaba Seligman, «¿Qué tienen algunas personas que les confiere una fortaleza que actúa de barrera y las hace invulnerables a la indefensión?».

Nos encontramos en los últimos días de la segunda semana del Tour de Francia, las dos próximas etapas, la de Mende, con un explosivo final en alto, y la de Carcassone, con un puerto de primera a 40 km. de meta, ambas escenarios propicios para la estrategia, la táctica y la rebeldía.

Aún entonces, todavía nos quedarán los Pirineos, con varias etapas impresionantes, donde podría pasar de todo.

¿Cómo desaprender de un día para otro la indefensión que se siente cuando un rival parece invencible? Es significativo que los equipos que han dominado las grandes vueltas lo hayan hecho por años, ¿pudieron sus rivales aprender que estos líderes eran imbatibles y, por lo tanto, les permitieron disfrutar de una ventaja adicional derivada de la falta de convicción para derrotarlos?

Frente a la indefensión aprendida: la rebeldía. Rebelarse contra lo que acaba de pasar, contra lo que sucedió ayer. Rebelarse contra lo que haya ganado nuestro rival o los Tour que haya conquistado, porque en algún momento dejará de hacerlo.

Mientras sintamos que éstas viejas estacas nos tienen encadenados, no intentaremos escaparnos.

Apoyarnos en nuestras fortalezas puede ayudarnos a desaprender aquellas situaciones en las que no logramos nuestros objetivos y rebelarnos contra lo que, hasta ahora, parecía imposible.

* Antonio Moreno es psicólogo del deporte especializado en ciclismo

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