Enric Mas, soñar con los pies en la tierra

Mas. mejor sub-26 © P. S.

Roberto Tejedor / Ciclo21

De nuevo se escapa a la realidad, o quién dispuso, poner como techo en el sumun del «relevo generacional» a cualquier ciclista español destacado que asoma la cabeza y debe asumir el rol de una historia que no le pertenece, y acaso si realmente la conociera, tener la responsabilidad de hacerse cargo de lo no elegido. El ciclismo ha cambiado escasamente en su forma y fondo, lo que pasa es el tiempo y por tanto los escenarios y los personajes se renuevan como lógica insoldable. «Yo soy Enric Mas», reclamaba el joven de 23 años, mallorquín de Artà, tras consumar su segundo puesto en el podio de la Vuelta a España en Madrid y poner distancia a quién va buscando con ansia carnívora al nuevo «salvador» del ciclismo patrio de una cultura ensimismada en el capricho de un nuevo juguete para sustituir al usado. Y esto también le va a tocar en la herencia quiera o no.

Con esta base formula sus discursos en público, de forma cauta, sin chispa y parco en un plano autodefensivo temiendo la avalancha de quien cree a sabiendas puede disparar las expectativas. Quiere soltar las riendas, le gustaría, pero demuestra que sabe en qué momento se encuentra y vuelve al refugio del mensaje contenido, elige ser prudente delegando sus primeros pasos como profesional a las recomendaciones de los suyos en un mundo que va descubriendo, en el que «poco a poco» se reafirma en cada paso que avanza y habrá tiempo para mejorar. Es exactamente también lo que demuestra en carrera.

La tercera semana habla por sí sola, desde la contrarreloj con final en Torrelavega a la llegada a Madrid, seis días, es el único que ha ganado tiempo en esas etapas salvo la finalizada en La Rabassa, donde Simon Yates fue mejor por 47″ entre los que luchaban por la general. Al día siguiente en la Gallina le arrebataría 23″. La verdadera pérdida por la clasificación de los mejores se produjo al final de la primera semana en La Covatilla, dejándose casi un minuto con el británico, en una etapa de 200kms y nueve días de competición sin descanso. Su hándicap, acumulación de esfuerzo y las largas distancias. (Pese a que en La Vuelta de 2017, en Sagunto, fuese tercero superando dicho kilometraje y cinco puertos de tercera de paso, pero entonces el objetivo final era una victoria de etapa).

Probaba que conocía cuándo era el momento para asaltar el podio, y también la victoria de etapa, prefiriendo guardar sus fuerzas durante las dos primeras semanas que han valido para pulir la forma y su estado físico, aquejado en el inicio de la segunda por un problema de salud que no le permitía respirar con normalidad. Mejorado del contratiempo aguardaba la semana decisiva tras el día de descanso, en el terreno que había planificado como idóneo para lucir si estaba hecho para dar el siguiente paso en su carrera: la montaña andorrana que conoce, siendo además residente. Resultado: victoria de etapa, segundo en el cajón de la general y con la confianza desbordada que otorga el éxito:«Por ahora no me lo creo».

Regresa a la cautela, a protegerse, a contar con la suerte de los Porte, Aru, Nibali, Valverde o Quintana, contrastados vueltómanos que no han estado en su mejor forma en el punto culminante de un desenlace donde las oportunidades para quien las quisiera coger han aparecido y Mas ha sabido sacarlas provecho. Las nuevas caras como Simon Yates, Miguel Ángel López o el mismo Enric Mas, han obligado al resto a que tengamos que escuchar con atención lo que tengan que decir a partir de ahora.

Mas, Yates y López © Photogómez Sport

Las particularidades del perfil de Mas desde su origen está expuesta por el periodista balear Antoni Oliva, Diario de Mallorca, en el que dibuja los trazos de su carrera desde un plano cercano, en el que rápidamente destaca su discreción y sencillez: Así es Enric Mas, el gran heredero del imborrable legado dejado por campeones mallorquines de leyenda como el murer Bernat Capó, el santamarier Toni Gelabert, los santjoaners Miquel Gual y Toni Karmany, o el sardiner Miquel Bover. Nieto de ‘sa padrina Francisca‘. La mujer que más ha marcado su vida. Hijo de médico y de enfermera, y sin referentes ciclistas próximos en su familia. Tras dejar el baloncesto, se inició en el ciclismo como infantil, en la escuela del Club Ciclista Artanenc bajo las órdenes del campeón mundial de pista Miquel Alzamora. Su primer director.

Pronto, muy pronto, dio Enric Mas muestras de calidad y de ser superior a sus mejores compañeros de promoción. Tanto a nivel local, como en el nacional. Dominó a su generación tanto en la pista como en la ruta. Y en categoría cadete ya fue fichado por el b además de integrarse en el Centro de Tecnificació de Ciclisme del Govern de las Illes Balears, bajo la dirección de David Monserrat y con el exciclista profesional Toni Colom como entrenador. El bunyolí desde siempre ha apostado por Enric Mas, defendiendo que le esperaba un futuro de gran campeón.

El Castillo de Onda fue su primer equipo júnior, deslumbrando con una temporada plagada de victorias. Una enorme cosecha que le abrió bajo la vitola de estrella las puertas del equipo de la Fundación Alberto Contador. Bajo el amparo del campeón de Pinto afrontó dos temporadas como amateur en edad Sub 23 dejando constancia de un enorme calidad y nivel de progresión.

Preparando ya su salto a la máxima categoría del ciclismo profesional, en el 2016, con 21 años, fichó por el equipo checo Klein Constantia, de categoría continental profesional y filial del Quick-Step belga. Firmó una gran temporada con victorias en la general y de etapa en la Vuelta al Alentejo y el Tour de Savoie.

En el 2017 debutó en el circuito World Tour con el Quick-Step Floors deslumbrando especialmente en la Vuelta y en Burgos (segundo en La Lagunas de Neila tras Miguel Ángel López y mismo resultado en la general superado por Mikel Landa). Mientras que el 2018 se ha convertido en el año de su gran consagración consiguiendo mayores prestaciones en la Vuelta al País Vasco, victoria en Arrate y sexto en la clasificación general, cuarto en la Vuelta a Suiza y la confirmación de la Vuelta apuntan las características de un escalador notable que se desenvuelve de forma óptima en las cronos, buen rodador y que es conocedor de sus limitaciones: «tengo que mejorar muchas cosas, la crono y sobre todo el fondo son mis prioridades el próximo invierno». Sus objetivos a corto plazo es estar preparado para el Mundial de Innsbruck dónde si bien el recorrido se adapta a sus características puede pesar su longitud: «Se puede hacer un poco larga pero estaré encantando de echar una mano a Valverde en lo que pueda». A largo: «Ahora quiero el Tour«.

Un comentario

  1. manolito repollo

    Yo no tendría prisa en ir al Tour. Ha demostrado que puede ganar la Vuelta, por lo que le aconsejaría que en 2019, corriera Giro y Vuelta.
    Y al Tour, al 2020

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