Estrellas olímpicas: La exbaloncestista Mathilde Gros

Mathilde Gros en el Europeo de keirin

TrackPiste / Ciclo 21

Sueña con ser campeona olímpica. Quizá no en Tokio, donde apenas llegará con 22 años, sino en París 2024, donde Francia aspira a completar un equipo de plenas garantías en velocidad, en todas las disciplinas. Y Mathilde Gros debe ser la gran referente de la escuadra gala, aunque está claro que si en los próximos JJ.OO, donde competirá sólo en las pruebas individuales, velocidad y keirin, se le pone una medalla a tiro… Y es que con Japón guarda una especial vinculación, ya que compitió en el keirin japonés cuando apenas tenía 18 años. Pero no adelantemos acontecimientos

Con esa edad, ‘Mathou’ había conseguido la plata en velocidad del Europeo de Berlín, y en los dos Continentales siguientes, Glasgow 2018 y Apeldoorn 2019, se llevaba el oro en keirin. En los Mundiales aún no ha llegado a ese máximo nivel, pero ya pisó el podio en Pruszkow, con el bronce en velocidad.

“Cuando llegué al circuito élite, fue después de los Juegos de Río. Muchas deportistas se habían tomado vacaciones, descanso. No estaban necesariamente en plena forma. De 2016 a 2018 pude ganar grandes medallas en el circuito de élite porque el nivel podía ser más bajo. De 2018 a 2020 comienza la clasificación olímpica. Hay muchas más corredoras y naciones. Tuve que superar mis límites, trabajar aún más duro», reconocía en Le Sport au Femenin.

Una precocidad que no tuvo sin embargo como corredora ya que su primera competición la realizó con 15 años, ya que hasta entonces se había dedicado al baloncesto: no es que fuese una gigante (1,75), pero llevaba jugando desde los tres años en Provenza, donde residía, aunque ella había nacido en Nord -Pas de Calais.

Gros, en su etapa baloncestística

La historia de su transformación ya ha llenado muchas páginas de los medios franceses, aunque no tanto en España. Y es que, a los quince años, realizó un test de potencia sobre una bicicleta estática y “los datos que salieron fueron impresionantes, dada mi edad e inexperiencia en el ciclismo”, un deporte que no sólo no conocía, sino que le desagradaba: “Admito que no me gustaba mucho el ciclismo. Cuando era pequeña, salí en bicicleta de montaña con mi padre y me fue muy mal”. Su ‘actuación’ llegó a los oídos de Justin Grace, el entrenador de pista en esos momentos que le sugirió que se uniese al INSEP, en París, lejos de su familia. Y con una experiencia que no fue muy grata en sus comienzos.

“La primera vez que probé el velódromo INSEP, me caí y me clavé una gran astilla en la nalga. Herman Terryn, mi entrenador, me miraba y se preguntaba qué iba a hacer conmigo”. Cogió miedo a la pista, estuvo varias semanas sin montar y casi deja este deporte. “Incluso fui a la estación de tren para volver a casa en el sur de Francia, pero finalmente cambié de opinión».

“Cuando me pidieron que me cambiara a la bicicleta, supe que iba a ser difícil. Odio perder, amo los desafíos. Mi sueño es participar en los Juegos Olímpicos y ganar una medalla, ¡así que no lo dudé por mucho tiempo! Aunque fue muy difícil al principio. Le debo mucho a mi entrenador, Herman Terryn», comentaba en Les Sportives.

Poco a poco fue amando la pista, progresando y obteniendo bastantes éxitos como junior hasta que llegó esa primera medalla de plata que le abriría las puertas del keirin japonés, cuando su compatriota Benoit Vetu, seleccionador nipón,  le quiso dar una oportunidad de foguearse. «Realmente no esperaba que me llamaran. Tenía 18 años y no tenía ningún resultado internacional senior en keirin». Una primera relación con Japón que nunca olvidará, “una de las mejores de mi vida», y que incluso reconoce le sirvió para quitarse definitivamente el miedo a las caídas. De ahí que, aunque el gran objetivo sea París, esta segunda experiencia japonesa pueda ser vital para la velocista francesa, y quizá no haya que esperar a París.


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