Giulio Pellizzari, la esperanza en la cara sur de los Alpes

Jorge Matesanz / Ciclo 21

Giulio Pellizzari (23 años) ha conquistado su primera vuelta por etapas. El Tour de los Alpes ha empezado a adornar una estantería de trofeos que incluía ya el trofeo de una etapa de la Vuelta a España, la del desolador Morredero. El antiguo Giro del Trentino era la piedra de toque que nos susurraba qué nombres no deberíamos perdernos semanas más tarde en el Giro de Italia, el gran objetivo del ciclista de San Severino Marche. La dirección del equipo le pidió un paso adelante en este 2026 y vaya si lo ha dado. Tras Jonas Vingegaard, favoritísimo absoluto a la victoria final en Roma, ningún experto podría apuntar demasiados nombres de ciclistas que se encuentren en una forma superior a la del transalpino. Adam Yates venció en O Gran Camiño, pero comparte equipo con Joao Almeida, supuestamente también de camino al Giro, aunque en un estado de forma bastante más discreto.

Que el ciclista de Red Bull tiene talento es una evidencia. Es un escalador muy interesante, pese a su 1,83 de estatura. Valiente, decidido y rápido, cualidades que nos retrotraen a algunos de los clásicos italianos: Cunego, Garzelli, Saronni, Moser, Di Luca, etc. Palabras mayores para un ciclista que aún se está cocinando, pero que, reconozcámoslo, puede ilusionar a todo un país. Porque a poco que esté peleando los puestos altos de la clasificación, a poco que muestre el desparpajo que está dejando enseñar a lo largo de todo este 2026, los tifosi van a sacar su ilusión de paseo. Si en Francia es una cuestión de estado lo que está pasando con Paul Seixas, en Italia lo será a su nivel Giulio Pellizzari. En el país transalpino añoran un talento que les arrime de nuevo al optimismo de los puestos altos de las clasificaciones que más les importan, que son las que tienen relación con su amado Giro de Italia. 

Desde que Vincenzo Nibali, quien suena para ser nombrado flamante nuevo director de carrera, se hiciera con el rosa en 2016, la sequía ha imperado. Desde 2021 un italiano no viste la maglia, dato más que impactante para quienes tengan cierta noción de historia ciclista. La tradición italiana ha decaído del mismo modo que lo hicieron sus equipos. Alguno rescata colonias de transalpinos cual gueto ubicado a las afueras de una gran urbe. Pero falta el músculo, el sentimiento de cosa nostra que participar en la ronda italiana transmitía. ¡Qué añoranza de aquellos años donde el Giro de Italia era un puro reto! Ahora evidentemente lo es, pese a que la esencia haya perdido varios puñados de intensidad. La globalización tiene mucho de positivo. Entre lo bueno no se encuentra que citas tan ineludibles para cualquier aficionado al ciclismo como el mes de mayo hayan quedado tan diluidas entre tanta naturaleza World Tour, figuras de talonario y mandos de origen extranjero a los que el vaivén de esta prueba les es, en realidad, indiferente. 

Por ese motivo, que Giulio Pellizzari coja vuelo y personalidad propia dentro de un club tan poderoso como Red Bull no es baladí. Hay otros como Antonio Tiberi que pueden ser incluso más completos. El de Bahrain-Victorious, sin embargo, ha elegido esquivar Italia para debutar en Francia. Entendible, cómo no, pero resta ese halo de italianía, de preferencia por la carrera de casa por encima de cuantos cantos de sirena se dejen pasear por delante. La responsabilidad, la atención mediática y el peso histórico no deben ser excusa, pues un corredor con esta calidad debe aprender a convivir con la presión. El fracaso tiene un lado malo, que es perder, y un lado bueno, que es lo finito de su existencia. La victoria tiene un lado bueno, que es ganar, pero en cambio contiene dos cuestiones menos positivas: que también pasa de largo en la memoria y que provoca que todos, aficionados y ciclistas, quieran cada vez más. 

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