La supremacía de “Jaja” en la Vuelta de cambio de fechas

Jalabert_Vuelta_1995

Jalabert, Bruyneel y Olano en el podio final de la Vuelta de 1995

Ángel Olmedo Jiménez

Corría 1995 y el ciclismo se hallaba presidido por un reinado (incontestable en lo que al Tour de Francia se refiere) de Miguel Induráin, que, aun ese año, volvería a subir a lo más alto del pódium en París (flanqueado, en esta ocasión, por el suizo Alex Zulle y el danés Bjarne Riis (ganador del año siguiente y que luego confesaría que su hematocrito rondaba el 60%) y la revolución que la Unión Ciclista Internacional había propiciado al alentar una modificación en el calendario (de las tres grandes, tan solo la Vuelta recogió el guante, variando su disputa al mes de septiembre), algo que ya había ocurrido previamente en la ronda de 1950, ganada por Emilio Rodríguez.

La remozada prueba, que dicho año celebraba su quincuagésimo aniversario, situada detrás del Tour y apenas una decena de días antes de los Mundiales (celebrados en Duitama, Colombia, y que contaron con el doblete en crono Induráin-Olano y en ruta Olano-Induráin) se presentaba con un total de 21 etapas y un prólogo de apenas 7 kilómetros en Zaragoza y que permitió a Abraham Olano lucir el primer maillot amarillo de la prueba.

El número 1 de aquella edición era el italiano Adriano Baffi (del Mapei, que lucía el prestigioso dorsal fruto de la victoria, el año anterior, del suizo Tony Rominger), pero los verdaderos contendientes para el triunfo en Madrid eran, su compañero de equipo, Abraham Olano, el italiano Marco Pantani (jefe de filas del Carrera), el danés de la Gewiss, Bjarne Riis, el francés de Lotus, Richard Virenque, y el también galo Laurent Jalabert, que, junto al belga Johan Bruyneel, comandaban los intereses del equipo ONCE, dirigido por Manolo Sáiz, que no desdeñaba las posibilidades del colombiano Oliverio Rincón.

La Vuelta de 1995 contó con, única y exclusivamente, tres portadores del maillot de líder; el ya mencionado Olano, que lo mantuvo al finalizar la primera etapa (vencida por el velocista del Gewiss, Nicola Minali), el italiano Gianluca Pianegonda (del Polti, gracias a su victoriosa escapada en Santander) y Laurent Jalabert, que se enfundó la disputada prenda al acabar la tercera etapa, en la subida al Alto del Naranco, tras ganar en la meta del puerto. No la soltaría hasta llegar a Madrid.

El francés de Mazamet era más conocido por sus virtudes en las llegadas masivas, que le habían permitido lucir el maillot verde de la regularidad, en París, en la edición de ese año del Tour, lo que ya había conseguido en el año 1992, cuando también se colgó del cuello la plata en el Mundial de Benidorm, solo superado por Gianni Bugno.

La prueba contó con un aciago avatar puesto que, en la sexta etapa, que unía Orense con Zamora, siete equipos que compartían hospedaje en el Hotel Auriense de la localidad gallega (Artiach, Once, Kelme, Banesto, Castellblanch, Master Santa-Clara y Telekom) se vieron afectados por una intoxicación masiva. Las imágenes de los ciclistas deponiendo en las cunetas eran recurrentes y hasta el Master-Santa Clara se vio en la obligación de requerir culottes al Mapei.

Jalabert, que ya había ganado al sprint en la meta de Orense en la quinta etapa, contaba, fruto de su demarraje en el Naranco y antes de enfrentar la crono de Salamanca, con una ventaja de 29 segundos con Abraham Olano, que se antojaba insuficiente para que el vasco no se hiciera con el maillot amarillo en los 41 kilómetros de lucha contra el reloj.

No obstante, el francés, que ya había dado un buen susto en la etapa de Mende a Induráin en el Tour, demostró que estaba siendo un auténtico todoterreno aquel año y defendió su posición cabecera (cierto es que de no haber mediado una caída de Olano, quizá el de Mapei hubiese salido líder de Salamanca). Tras acabar esa etapa, Jalabert aventajaba en solo 5 segundos al donostiarra y sus compañeros Bruyneel y Mauri se situaban, ya, a 1 minuto y 30 segundos y a 1 minuto y 34 segundos, respectivamente.

Pero, lo que parecía una jornada complicada, de media montaña, pero no necesariamente decisiva, la que unía Salamanca con Ávila, transitando por la Sierra de Gredos, se convirtió en el auténtico apuntalamiento del recital que Jalabert (y la Once) estaban ofreciendo en la ronda española.

La etapa, vencida por Jalabert gracias a un ataque en Serranillos, dejó unos registros de diferencias abismales. El francés se presentó solo en Ávila y aventajó en 3 minutos y 16 segundos a Roberto Pistore y en 4 minutos y 32 segundos a su compañero Bruyneel. En un grupo, a 4 minutos y 40 segundos, comparecieron el francés Virenque y el vasco Olano (que parecía decir adiós a su candidatura, colocándose segundo de la general a 5 minutos y 2 segundos). Otro detalle de la exhibición, 14 abandonos, un fuera de control y casi noventa ciclistas arribando a Ávila a más de media hora del francés. Auténticamente brutal.

Aún quedaba recorrido para intentar el asalto a la prenda amarilla, pero los hombres de Once demostraban una hegemonía difícil de rebatir y el sueño de un pódium íntegramente compuesto por los amarillos (Jaja, Bruyneel y Mauri) no era descartable. En la siguiente etapa de montaña, la que culminaba en Sierra Nevada, Jalabert respetó la victoria del alemán de Telekom Bert Dietz, que se había fugado durante casi toda la jornada, y su gesto fue ensalzado por todos los medios. Jalabert controlaba la llegada, por detrás, de Olano que no fue capaz de aguar la demostración solidaria del líder.

Tras dos etapas de trámite, vencidas por los alemanes Henn y Wust, la carrera enfilaba la llegada a Barcelona, al Estadio Olímpico de Montjuic, y Jalabert, en esta ocasión, no perdonó, presentándose en solitario y aventajando a Jesús Montoya y a Michele Bartoli en 5 segundos. De la montaña mágica, Jalabert salía con una diferencia de 5 minutos y 59 segundos ante Olano y de 7 minutos y 15 segundos sobre Bruyneel.

La última semana parecía carecer de interés, más allá de elucubrar sobre el nuevo ejercicio de dominio del de Mazamet, ya que, además, el francés era líder, también, de la clasificación de la montaña y de la regularidad. En todo caso, aprovechando el día de descanso en Barcelona, Olano confiaba en que la tercera semana pudiera hacer mella en las fuerzas de un Jaja que venía compitiendo la práctica totalidad del año.

El menú era apetitoso. La decimosexta etapa presagiaba batalla con el ascenso a La Bonaigua y la meta en Pla de Beret. La siguiente era digna de elogio (un día con genuino sabor Tour), con los temibles Aspin, Tourmalet y final en Luz Ardiden.

Sin embargo, nada se vio alterado. Las dos etapas fueron vencidas por los Once. La primera por Zulle (gracias a una escapada en la que demostró ser el hombre más fuerte) y la segunda por el propio líder (en un día en el que el pelotón a punto estuvo de convocar huelga ante el anuncio de temporal en la mítica cima del Tourmalet).

Olano, que no había podido desafiar al bloque de la ONCE, sí se encumbró, en la penúltima jornada (y tras las victorias parciales de Saitov en Sabiñánigo y Baffi en Calatayud), en una cronometrada de 41,6 kilómetros entre las instalaciones de Fiat en Alcalá de Henares, demostrando lo que luego confirmaría en Colombia, su auténtica valía cuando se trataba de luchar individualmente frente al cronómetro. El vasco recortó 2 minutos y 6 segundos a Jalabert (la distancia final en la general fue de 4 minutos y 22 segudos) y relegó en 1 minuto y 4 segundos a su principal rival, el belga Bruyneel.

En la meta de la Castellana, el alemán Marcel Wust (del equipo Castellblanch-Mx Onda) volvió a ganar (en lo que constituía su tercer triunfo en la Vuelta), por delante de Skibby y de Wesemann.

Jalabert no dejaría de subir al pódium a recoger trofeos. El amarillo de la general (escoltado por Olano y Bruyneel), el verde de la montaña, el azul de la regularidad y, por supuesto, junto al resto de sus compañeros, en la clasificación por equipos. Tan solo se le resistió la clasificación de las Metas Volantes que fue a parar al alemán Wesemann.

Los franceses creyeron encontrar en Jalabert a un hombre-Tour, pero el mejor resultado del galo fue (un insuficiente) decimonoveno en la general del año 2001. Sin embargo, Jaja consiguió el maillot arcoiris, en la modalidad de crono, en los Mundiales de 1997, y dos cuartos puestos en la Vuelta de 1998 y en el Giro del año siguiente. No obstante, para regocijo de la hinchada francesa, y ya enrolado en CSC-Tiscali, Jalabert se hizo en los Tours de 2001 y 2002 con el maillot de puntos rojos, demostrando ser uno de los corredores multiherramienta más laureados del concierto internacional.

Su historia (la de Jaja y, por desgracia, la de gran parte de los actores de este deporte) no quedaría completa sino se aludiera a que, en 2013, Jalabert asumió haber tomado EPO tras las investigaciones que el Senado de su país llevó a cabo y en la que se reanalizaron muestras del Tour de Francia de 1998. La del francés contenía la referida sustancia.

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