Las tres grandes vueltas, igual de peligrosas

Primoz Roglič, uno de los muchos damnificados en el Tour / © ASO

Nicolás Van Looy / Ciclo21

La sensación general, tras el accidentadísimo arranque de este Tour de Francia, es que la seguridad de los corredores es cada vez más endeble en las competiciones de alto nivel. La caída protagonizada por Fabio Jakobsen y Dylan Groenewegen en el Tour de Polonia de 2020 supuso, de eso no cabe duda, una importantísima llamada de atención respecto a una realidad demasiadas veces ignorada y que, por desgracia, nos ha ido dejando a lo largo de los años una nada desdeñable cifra de heridos graves e, incluso, muertes en el pelotón.

Como siempre ocurre en estos casos, la responsabilidad de esa situación no puede recaer en un solo colectivo. Todos los estamentos involucrados en el ciclismo, desde la UCI hasta los corredores, pasando por los organizadores, los equipos y el público deben asumir su parte y, antes de sugerir cambios en los demás, analizar qué puede hacer cada cual para mejorar esta situación.

 

Esa, y no otra, debería ser la máxima prioridad de todos. De los ciclistas, porque son ellos los que se juegan el tipo. De los organizadores, porque es su imagen la que más dañada puede salir de un mal desenlace. De la UCI, porque no se entiende que regule hasta el extremo cuestiones más superfluas y pase de puntillas por algo tan básico. Del público, porque, de lo contrario, se corre el riesgo de que el ciclismo tienda, como ya se ha sugerido con la boca pequeña en alguna ocasión, a prohibir el acceso a ciertos puntos. Y, claro está, de los equipos, porque, desde un punto de vista egoísta, sus cuentas de resultados pueden verse gravemente afectadas por la ausencia de sus trabajadores.

Las últimas horas han sido, de nuevo, de alta tensión. Los corredores han optado, a última hora, por no realizar ninguna acción de protesta antes del inicio de la cuarta etapa del Tour de Francia, para la que se había planteado la posibilidad de una huelga. La CPA ha emitido un comunicado explicando la motivación de esta decisión y haciendo un llamamiento a aplicar las reformas necesarias para mejorar las cosas.

Han sido muchas las voces que han apuntado directamente a la organización del Tour de Francia por el diseño del recorrido. Cierto es que ASO tiene la experiencia más que suficiente para saber que la primera semana de un Tour de Francia es de todo menos tranquila y que, por lo tanto, puede resultar una pésima idea plantear el paso por según qué carreteras o plantar según qué llegadas. Por otra parte, Prudhomme y los suyos tienen la obligación de cuadrar sus cuentas y buena parte de las mismas dependen del dineral que pagan municipios y regiones por albergar, de una forma u otra, la Grande Boucle.

Para determinar si el recorrido de este Tour de Francia 2021 es más o menos peligroso que el de otros años o, incluso, que el de Giro o Vuelta, las otras dos pruebas de tres semanas del calendario, lo más recomendable (aunque siempre habrá matices) es tirar de estadística.

Por ello, hemos echado la vista atrás para comprobar cuántos abandonos se han producido en cada edición de las grandes vueltas disputadas desde 2000 hasta el primer domingo de carrera, coincidente con la novena etapa o, en caso de iniciarse con un prólogo, la octava.

Lo primero que llama la atención es que las tres grandes vueltas resultan igual de cruentas en sus primeras semanas ya que la media de abandonos apenas varía en 0,9 corredores entre la más accidentada de ellas y la que menos corredores pierde por edición. Así, vemos que el Giro de Italia, con 13,9 abandonos de media, es la que más bajas produce en sus primeras etapas. Por su parte, la Vuelta a España, con 13 bajas, es la que menos estragos causa mientras que el Tour de Francia ocupa el punto intermedio con 13,1 abandonos.

Donde más diferencias podemos encontrar es en la edición, siempre entre las disputadas entre 2000 y 2020, con más abandonos. Paradójicamente, es la Vuelta a España de 2002, con 28 abandonos, la que más ciclistas vio marchar en la primera semana, una cifra a la que se aproxima el Giro de Italia de 2000 con 26 abandonos. Por su parte, el Tour de Francia ha tenido tres ediciones (2003, 2011 y 2012) con 20 desertores en ese mismo periodo de tiempo.

En el otro lado de la moneda, la Vuelta a España es la única que cuenta con una edición, la de 2000, sin baja alguna en sus nueve primeras etapas, mientras que en 2018 sólo sumó un abandono. En el caso del Giro de Italia, su menor número de víctimas en la primera semana llegó en 2012 y 2017 con siete corredores poniendo rumbo a casa en los primeros días de competición. Para la Grande Boucle, dos ediciones, 2016 y 2019 comparten el título de menos accidentadas con cinco abandonos.

Tampoco hay muchas diferencias en cuanto a las carreras que han comenzado con un prólogo, una CRI o una CRE respecto a aquellas que han optado por etapas en línea para sus primeras jornadas.

LOS DATOS DE LA PRIMERA SEMANA

Corredores de salida y abandonos por edición

Abandonos por edición y carrera

Media de abandonos por carrera 2000-2020

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*