Laura Cueto: “El ciclismo es un mundo masculino, pero no machista”

Laura Cueto, jefa de prensa de Unipublic / © Unipublic

Nicolás Van Looy / Ciclo21

La primera vez que atravesé sus puertas fue en el año 1986, o sea, cuando tenía apenas seis años. La recuerdo como un lugar enorme –ya saben, las proporciones desde el punto de vista de un niño y la memoria modifican la realidad–, pero, sobre todo, fue el lugar en el que de inmediato tuve claro que quería estar.

Eran tiempos más salvajes. Se fumaba y se bebía. Se gritaba y se blasfemaba. Los ordenadores todavía no habían hecho acto de presencia y las máquinas de escribir lo llenaban todo con su sonido a metralleta. Internet era, como mucho, un sueño húmedo en la mente de algún genio informático, pero no ese patrón que ha convertido al periodista en esclavo del tiempo. Las crónicas se enviaban por fax y había tiempo para pensarlas, planificarlas y escribirlas con calma.

Era un lugar que siempre estaba en ebullición. De repente, sin previo aviso, por una esquina entraba Iñaki Cano (entonces en RNE) y gritaba a todo lo que le daba su vozarrón un sonoro ¡buenas tardes compañeros! y el resto, obligados, contestaba al unísono ¡buenas tardes Iñaki! De fondo, siempre, el Butano. Y aquellos juntaletras cachondos gritando, entre risas, su famoso ¡tooop! cuando García establecía un punto de referencia para conocer la ventaja de la escapada de turno.

La sala de prensa de la Vuelta a España –y la de otras muchas carreras– fue, durante años y cada vez que el colegio –o la permisividad de mi padre, que era el que me llevaba– me lo permitía, mi particular patio de recreo. Allí fui de todo, pero, sobre todo, fui feliz ejerciendo de gregario de aquella tribu de periodistas que lo mismo me pedían que les fuese a comprar tabaco –por suerte, los tiempos cambian–, trajese un bocadillo del bar más cercano, les enviase la crónica por fax desde el bus de Telefónica o les sirviese agua –y lo que no es agua– mientras escribían.

Ahora, la verdad, las cosas han cambiado. La sala de prensa de una gran vuelta es mucho más aséptica. Quedan todavía algunos veteranos de aquella época, pero su energía ya no es la misma. Aquel oeste salvaje que recuerdo de mi niñez –seguramente, irreal– es un lugar mucho más ordenado y civilizado.

Pero hay cosas que no cambian. O no al ritmo que debieran. Primero, los periodistas, máxime cuando el cansancio se acumula y en la maleta la cantidad de ropa sucia y arrugada comienza a ganar espacio a la limpia y planchada, seguimos siendo, cuando queremos, un grupo de quejicas malcriados capaces de quejarnos de cualquier tontería con tal de aligerar un poco nuestro cansancio o frustración del día. Segundo, esa tribu sigue siendo mayoritariamente masculina.

En un deporte que está avanzando de forma interesante –no me atrevo a valorar si a la velocidad y con la decisión necesarias– en el ámbito del ciclismo femenino, la presencia de mujeres periodistas, aunque está aumentando de forma considerable en los últimos años, sigue siendo minoritaria. Sin duda, una asignatura pendiente en un mundo que, quizás porque por sus venas, ya seculares, sigue corriendo demasiada testosterona, no avanza hacia la modernidad con el paso firme que estos tiempos requieren.

Pero volvamos a la sala de prensa y al motivo por el que les contaba todo esto. Allí, al frente de esa oficina ambulante, se sienta Laura Cueto, jefa de prensa de Unipublic. Una mujer joven que hace ya unos años nos ofreció a todos su rueda. Primero con ciertas dudas, porque los cambios de líder siempre despiertan algún interrogante, pero cada vez con más convencimiento, unos y otros, nos colocamos a su rebufo.

En ocasiones, cuando la etapa está en una fase intrascendente o cuando, sencillamente, levantas la vista del ordenador para descansar los ojos, me la he quedado observando. Si la tuviera que describir en esos momentos, mi retrato robot dibujaría a una mujer concentrada, siempre con el móvil en la mano y los auriculares (ahora ya sin cables) en el oído, tecleando o hablando –o ambas cosas a la vez, algo que, como hombre y un poco inútil con la tecnología, siempre me ha maravillado–, recibiendo y repartiendo instrucciones.

En esos momentos, se lo aseguro, podría llegar a intimidar. No sé si ella lo sabe, pero cuando entra en ese trance, su mandíbula se endurece y, si no fuese por lo que les voy a contar a continuación, lo último que cualquiera haría sería acercarse a pedirle algo.

Sin embargo, todo eso se desmonta cuando el juntaletras se le acerca. Hola Laura, perdona, pero ¿podrías…. y rellenen ustedes el espacio en blanco con cualquier petición que se les ocurra. Y la respuesta siempre, sin importar lo que esté haciendo o lo que esté pasando alrededor, será la misma: una sonrisa, honesto interés por las necesidades del periodista y un eterno vale, te lo miro y te digo algo. Y uno se queda tranquilo porque sabe no sólo que se lo mirará, sino que, salvo que le haya pedido la mismísima luna envuelta en oro, se lo conseguirá.

Esa es, en resumen, Laura Cueto, jefa de prensa de la Vuelta. Una mujer que me confiesa que le da algo de vergüenza ser la protagonista de esta entrevista con la que celebrar el 8M y reivindicar una mayor presencia femenina en el mundo del ciclismo en general y del periodismo ciclista en particular. Pero, como siempre, su disposición a ayudar vence a las reticencias. A los pocos minutos, otro WhatsApp en el que me dice el día y la hora a la que podremos hablar…

Laura Cueto junto a Alberto Contador / © Unipublic

¿Cómo aterriza usted en la jefatura de prensa de Unipublic?

Siempre he tenido vocación de periodista. Estudié Periodismo y Comunicación Audiovisual y al principio me interesó más el área de política internacional. Por mis circunstancias familiares, nací en Bruselas, toda la cuestión de la política internacional y la cooperación, que es a lo que se dedican mis padres desde las Instituciones Europeas, me gustaba más.

Me vine a estudiar a Madrid porque era española y nunca había vivido aquí y era algo que quería experimentar. Al terminar la carrera, entré en la SER como becaria. Las cosas no terminaron de cuajar y decidí hacer un Máster. El verano que lo terminé me propusieron hacer la Vuelta a España porque necesitaban a una persona que hablara idiomas para la parte de la vídeoconferencia de final de etapa.

Un cambio radical de ámbito.

Sí, me lo dijo una chica que estudió conmigo y que ya había hecho la Vuelta. ¡Yo no tenía ni idea de ciclismo! ¿Cómo iba a traducir yo a un ciclista? Ella me animó y me dijo que me podía poner al día rápidamente.

Y, sin embargo, aceptó el reto.

Cuando me dijeron que iba a hacer la Vuelta, en 2014, me puse a estudiar el ciclismo como si fuera un examen. Estuve todo el verano viendo el Tour, haciéndome fichas de los corredores, elaborando glosarios, hablando con amigos y conocidos que sí sabían del tema… Todo, para empaparme de un mundillo en el que partía de cero.

¿Cómo fue esa primera experiencia?

Al principio, lo pasaba fatal (ríe). Mi profesión no es traductora y, encima, tenía que traducir algo muy específico como es el lenguaje del ciclismo, con sus términos tan concretos. Fue todo un reto, pero me gustó muchísimo la experiencia. Además, como el departamento que se encarga de la vídeoconferencia es el de prensa, también hacía otras cosas.

Y de la traducción, de la que todavía se encarga, a la jefatura de prensa.

Estuve dos años haciendo esa labor durante mis vacaciones, porque entonces trabajaba en una consultora. Fueron dos veranos sacrificando mis vacaciones para hacer la Vuelta… ¡bendito sacrificio, también te lo digo! Allí conocí a mucha gente de ASO que me comenzaron a proponer hacer otras carreras. Era la época en la que Valverde ganaba Flecha y Lieja año sí y año también, por lo que tenían casi asegurada la necesidad de una traducción de español a inglés y francés.

De ahí salté a hacer el Tour y todo comenzó a complicarse porque las vacaciones no llegaban y tenía que pedir permisos sin sueldo y en 2016, Iván Gómez, que era el anterior jefe de prensa para ir a LaLiga, y me propusieron tomar el relevo. Y así, hasta el día de hoy.

Se enfrentó entonces a un mundo en el que la presencia femenina era –y sigue siendo– muy minoritaria. ¿Qué sensaciones le provocó aquel panorama?

Creo que se daban dos circunstancias. Por un lado, que era mujer y es verdad que es un mundo muy masculino, pero he de añadir que, dentro de ser tan masculino, no es para nada machista. Nunca he sentido ningún tipo de falta de respeto o rechazo por ser mujer. Pero, por otro lado, se añadía que era muy joven… ¡tenía 25 años en aquel momento! Creo que el reto era demostrar que podía estar a la altura.

¿Cómo lo hizo?

A base de trabajo, constancia… y también de frescura. Creo que el mundo de la comunicación necesita gente joven. El ciclismo, además de ser un mundo muy masculino, tiene un público ya mayor que hay que tratar de rejuvenecer. Considero que fue mi frescura y mi ilusión lo que me facilitó hacer aliados dentro de la sala de prensa.

Yo me hice cargo del puesto desde la absoluta humildad, sabiendo que tenía todo por aprender. Creo que en todo momento me han ayudado un montón. No sé si por afán de protección hacia una mujer más joven, pero siempre se me han facilitado bastante las cosas.

Queda claro que usted sí, pero ¿el resto de sus compañeras trabajan a gusto en este ambiente?

Creo que sí porque se nos respeta. Hemos sabido demostrar que nuestra presencia está avalada por trabajo, pero también por nuestra pasión. Nos gusta lo que hacemos y eso se refleja más allá de ser hombre o mujer.

Una de las críticas más comunes dentro del mundo del ciclismo es su resistencia al cambio. ¿Cree que la paulatina llegada de más mujeres puede cambiar esa realidad?

Creo que sí. Unipublic es una empresa muy innovadora que acoge muy bien cualquier idea o propuesta que sirva para modernizar o hacer destacar el evento por innovador y arriesgado. Eso se agradece mucho porque, sobre todo a nivel de comunicación y digital, se puede hacer muchísimo, pero en ocasiones te topas con gente reacia a entrar ahí por simple desconocimiento; pero Unipublic sí fomenta contratar a gente joven. Además, cada vez somos más mujeres en la empresa y creo que es algo que se nota a la hora de hacer las cosas.

En el ámbito meramente deportivo, el ciclismo femenino está creciendo de forma importante en los últimos años. ¿Cree que el ritmo es el adecuado?

Considero que vamos bien. La Ceratizit Challenge by La Vuelta es una carrera que tiene un gran apoyo comercial y un producto que gusta. No sé si es una moda, espero que no; pero el deporte femenino está de moda y eso hace que sea una carrera que tiene mucho apoyo tanto a nivel interno como externo.

De hecho, se trabaja para desmarcarla definitivamente de la Vuelta y que sea una carrera que no tenga que estar necesariamente vinculada a la Vuelta. De hecho, el año pasado ya tuvimos una persona únicamente dedicada a la comunicación de la carrera durante el evento, algo para lo que, hasta ahora, se habían explotado los mismos recursos que los de la Vuelta. Hay que ir poco a poco para no hacer las cosas mal por las prisas.

Una de las grandes polémicas del ciclismo en los últimos años ha sido la presencia de las azafatas en los podios. Usted no sólo es mujer y tendrá su opinión personal al respecto, sino que trabaja dentro de la organización y conoce a la perfección la realidad de ese colectivo en carrera. ¿Qué opinión le merece toda esa polémica?

Habría que poner en valor el trabajo que hacen. Esas chicas no son un florero. Son mujeres a las que les gusta mucho su trabajo y desempeñan el papel de asistente del corredor y de las autoridades encima del podio. Ellas se encargan de guiar al que recoge y al que entrega el premio. Ordenan y coordinan esa labor de entrega, algo que tiene mucha más chicha de lo que parece. Hay un orden, unos tiempos, estar pendientes de la televisión, saber cómo hay que poner el maillot, dónde están los fotógrafos…

No son una cara bonita que sólo tiene que dar palmas. Son mucho más que eso y creo que es algo que hay que reivindicar independientemente de si lo hace una chica o un chico. Se trata de tener a una persona que sepa asistir a toda esa ceremonia para que tanto la ciudad como las firmas comerciales estén contentas con el resultado final. A mi no me parece mal que haya una chica y un chico, pero creo que la persona que lo haga tiene que saber lo que hace y hacer bien su trabajo.

Usted ha participado también en el área de comunicación del Dakar en Arabia Saudí, donde ASO, a través del ciclismo y el rally, tiene importantes intereses. Todos sabemos que se trata de un país con importantes carencias en términos de Derechos Humanos en general y respeto a la mujer en particular. La visita de grandes eventos como el Dakar o el Saudi Tour, ¿blanquean esos regímenes o ayudan a llevar un mensaje de apertura?

En primer lugar, diré que en Arabia Saudí nunca me he sentido reprimida o incómoda por el hecho de ser mujer, aunque es cierto que no he tenido oportunidad de ir por mi cuenta. Siempre lo he hecho en el marco de un evento internacional como es el Dakar. Dicho esto, nunca he tenido que hacer algo distinto a mis compañeros o he visto que se haya adaptado el evento o el guion al pasar de Sudamérica a Arabia Saudí.

Ir allí supone un enorme choque cultural, pero no por ser mujer; sino porque es un país completamente distinto. Lo que he percibido allí es que me hacían muchas preguntas y tenían ganas de ver y aprender otras formas de hacer las cosas. Puede haber muchos prejuicios, pero en mi experiencia personal que, insisto, se limita al marco de ese evento, nunca me he sentido cohibida. ¿Si contribuye a llevar un mensaje de igualdad? Lo que es seguro es que no hace lo contrario.

Volviendo a la realidad del periodismo deportivo en nuestro país y la presencia de la mujer en el mismo. ¿Qué cambios le gustaría ver durante los próximos cinco o diez años?

Me gustaría que más mujeres se interesaran por el deporte. No creo que sea una cuestión de que no se quiera contratar a mujeres o que se esté boicoteando a las mujeres. Creo que es más una cuestión de que nosotras tenemos menos interés. En mi casa, el único que veía ciclismo era mi padre. Tampoco tengo muchas amigas que me digan ah, la Vuelta, ¡cómo mola! Les gusta la parte de viajar, conocer otras ciudades… pero el deporte les interesa menos.

Yo soy la máxima defensora de que vengan cada vez más y todas las que lo hacen son súper apasionadas y eficaces. Estoy segura de que, si hubiera más interés por nuestra parte, se abrirían las puertas.

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*