Los representantes comienzan ya a presionar a Lefevere

Lefevere junto a Evenepoel, que tiene contrato hasta 2023

Nicolás Van Looy / Ciclo21

“Los contratos de los corredores dependen directamente de sus resultados. Por ello, el 80% de los ciclistas rendirán mejor en la temporada en la que les toca renovar”. Patrick Lefevere, el manager del equipo más laureado del mundo en los últimos años y todo un tahúr cuando de firmar corredores se trata, se mostraba así de contundente y práctico a la hora de analizar, en su columna semanal en Het Nieuwsblad, el hecho de que 26 de los 30 corredores de Deceuninck-Quick Step verán caducar sus actuales contratos el próximo 31 de diciembre.

El campeón del mundo Julian Alaphilippe y la gran perla del ciclismo mundial, Remco Evenepoel, son las grandes figuras que tienen segura su continuidad en el equipo. Junto a ellos, también saben que seguirán Yves Lampaert  y Mauri Vansevenant, otro de esos mirlos blancos que tanto ilusionan en el Wolfpack.

De hecho, el corredor bautizado en honor a Melcior Mauri es, junto a Evenepoel, el único que tiene firmada su relación hasta 2023, mientras que para Lampaert y Alaphilippe el horizonte contractual actual se extingue en 2022.

La situación contractual de un ciclista tiene un impacto directo en su rendimiento”, escribe Lefevere. “Si vinculas los resultados de los ciclistas a sus contratos, verás que el 80% tendrá un mejor desempeño en una temporada cuando estén al final de su contrato. Eso es humano, pero no una verdad fácil de aceptar si eres quien reparte los contratos”.

En cualquier caso, hay una razón muy poderosa para que 26 de los 30 corredores del equipo no tengan cerrado ya su futuro con el Wolfpack: los actuales contratos de patrocinio de Deceuninck y Quick Step finalizan este mismo año y, aunque todo hace indicar que Lefevere no sufrirá tanto como otros años para conseguir mantener vivo su proyecto, todo el mundo contiene la respiración a la espera de saber qué impacto tendrá la crisis económica actual en las cuantías que los patrocinadores pondrán sobre la mesa.

Lefevere reconoce que tener a tantos corredores a final de contrato es un arma de doble filo ya que gran parte del éxito del Wolfpack se basa en la camaradería de sus miembros y, por lo tanto, en su voluntad de sacrificar sus propias opciones a favor de un compañero allá donde haga falta.

Esa hermandad, reconoce el propio Lefevere, se pondrá a prueba en los próximos meses, básicos para un equipo tan centrado en las clásicas y que este año tiene una prueba de fuego con Evenepoel en el Giro. “Todo eso influye en el desarrollo de la carrera, no tiene sentido negarlo. Tener 26 corredores sin contrato vigente para el próximo año implica tener 26 ciclistas que desean maximizar su valor de mercado”.

Esa sensación de pertenencia es algo histórico en los equipos de Lefevere que recuera que “en 1993 fuimos a la Milán-Sanremo con Mario Cipollini como líder. Tchmil acababa de terminar segundo en la Tirreno-Adriático, así que le pregunté: Andrei, ¿estás listo para trabajar para Mario?. Él fue muy honesto conmigo y me dijo que no lo iba a hacer, pero yo también fui muy honesto y le dije que se quedaba en casa”.

Sirva esa anécdota como un aviso a navegantes. “Para aquellos que piensan que tienen que jugar sus propias opciones sin pensar en los demás, tengo malas noticias: pueden aumentar su propio valor de mercado, pero puedo hacer que caigan mucho más rápido. Ya lo hice con Tchmil y lo volvería a hacer”.

Lefevere trata, eso sí, de acelerar al máximo las negociaciones con los patrocinadores ya que “hasta que no tenga las cosas claras, no puedo dar certezas a los corredores y sus managers”. Unos representantes que, según escribe Lefevere en su columna, ya están dando ultimátums al responsable de Deceuninck-Quick Step. Ese es el caso de João Almeida, que “quiere saber dónde estamos antes de finales de febrero. Cuando escucho eso, me inclino hacia atrás en mi silla de oficina. Cuando has estado en el negocio el tiempo suficiente, has visto todos los trucos que un corredor saca de su sombrero tres veces antes”.

La relación de Lefevere con los representantes ciclistas nunca ha sido idílica. Así, escribe que “hay quienes sacan el mazo y ponen el precio de su ciclista demasiado alto. Pero mientras tanto sé perfectamente lo que vale un ciclista. Los que me piden que les pague 300.000 euros por encima del valor de mercado no se tienen que molestar en volver a llamar a mi puerta. Si tres semanas después vuelves sin exigir esos 300.000 euros quiere decir que has intentado tomarme el pelo”.

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