Marc Soler: “Este Giro es el punto de inflexión en mi carrera”

Nicolás Van Looy / Ciclo21

La figura de Marc Soler (Movistar) como jefe de filas en el Giro de Italia ha sido una de las más comentadas antes del inicio de la Corsa Rosa. El corredor catalán ha firmado el 50% de las seis victorias que Movistar ha acumulado en 2020 y 2021, siendo el artífice de los dos únicos triunfos de la escuadra telefónica en el complicadísimo pasado año.

A sus 27 años, Soler afronta su primera oportunidad de acudir a una prueba de tres semanas como jefe de filas. El problema para el catalán es que atendiendo a las palabras de, entre otros, Chente García Acosta, que será una vez más el director de Movistar en el Giro, esta también podría ser su última oportunidad de liderar al único equipo español del World Tour en una gran vuelta. En definitiva, una presión enorme para un corredor que, si miramos su histórico en Tour y Vuelta –el de 2021 será su primer Giro– siempre tiene un mal día en este tipo de pruebas.

Es indudable, porque así lo demostró en el Tour de Romandía, que Soler llega al Giro de Italia en un estado de forma muy dulce. Sin embargo, la carrera suiza también dejó patente que al español todavía le falta un puntito más para poder estar con los mejores cuando estos deciden desatar toda su potencia. Y esa es, precisamente, la gran duda alrededor del hombre de Movistar ya que, sobre el papel, el recorrido del Giro puede premiar a aquellos que lleguen un poco justos de forma y aprovechen la primera mitad para terminar de afinar y, por lo tanto, podría castigar a aquellos que lleguen a la tercera semana pasados para afrontar la parte más dura de la Corsa Rosa.

En cualquier caso, Soler asegura que llega a la salida de Turín “con mucha ilusión, muchas ganas y, sobre todo, para aprovechar esta oportunidad para demostrar dónde puedo estar para marcarme otras metas más adelante”.

El corredor de Movistar es el primero en reconocer que su hoja de servicios en grandes vueltas no permite echar las campanas al vuelo. El catalán considera que “en una grande lo tienes que medir todo mucho más porque hasta ahora siempre he perdido algo de tiempo y luego me ha tocado ayudar, que es como funciona”.

Efectivamente, así funciona el ciclismo. Aquel que pierde tiempo también se queda sin galones y, por lo tanto, tiene que ponerse al servicio del que se los haya ganado sobre el asfalto. Sin embargo, nadie puede dudar de la calidad de Soler, algo que, pese a esas pérdidas de tiempo, le han llevado, en más de una ocasión, a ser el verso libre dentro de su equipo. Ese corredor que tiene permitido colarse en fugas o propiciarlas en busca de sus propias opciones.

Algo a lo que, claro está, también ha contribuido que Movistar lleve ya algún tiempo sin encontrar a un corredor que pueda ser clarísimo favorito al triunfo final en una gran vuelta, en cuyo caso no queda otra que el todos para uno y nada más. Soler lo sabe y recuerda que “he podido tener esas oportunidades, pero [corriendo así] también gastas mucho más intentando jugártela de esta manera. Quiero intentar estar lo más adelante posible”.

Soler tendrá muchísima presión sobre sus hombros. Aparentemente es un hombre tranquilo, pero en el pasado ya hemos visto como esa calma puede saltar por los aires cuando la tensión de la carrera nubla los pensamientos y hace ganar terreno a la pasión y al instinto.

Si en el caso de Soler ya supone una gran incógnita saber si será capaz de esquivar su típico mal día –algo que sufren casi todos los ciclistas, pero que en su caso se ha señalado tan injusta como frecuentemente como un pecado imperdonable–, la otra gran duda la levanta, precisamente, su capacidad de soportar la enorme presión a la que estará sometido.

Movistar, y por extensión sus corredores, es un entorno que crea odios y pasiones en el aficionado. No suele haber término medio y eso provoca que el tropiezo de cualquiera de sus ciclistas sea celebrado como una victoria por los haters y, a la vez, excusado con argumentos muchas veces inverosímiles por los más acérrimos seguidores. Y lo cierto es que tan injusto es un extremo como el otro.

Seguro que las declaraciones de Chente García Acosta asegurando que para Soler “lo ideal sería un top10, pero sin volvernos locos” serán interpretadas por muchos como puro conformismo mientras que la otra mitad del mundillo ciclista español se pondrá la venda antes de la herida y enarbolará la bandera de la excesiva ambición.

Lo cierto es que Chente tiene razón… en parte. Que Soler termine dentro del top10 de su primera gran vuelta como jefe de filas sería un gran resultado para él. Lo consiguió en la Vuelta a España de 2019, pero allí se dieron una serie de circunstancias que, en principio, no deberían ser comparables con las del Giro que el sábado arranca. Hasta ahí, no se le puede reprochar nada al técnico donostiarra.

Ahora bien, un equipo con la tradición y solera de Movistar no puede estar a las puertas de una gran vuelta pensando en no volverse loco por entrar en ese mismo top10 y, a la vez, descargar sobre los hombros de su jefe de filas el discurso de que esta será su primera y última oportunidad. Esto es deporte de alto nivel y la exigencia va en el sueldo, por supuesto, pero esa ambigüedad podría acabar siendo muy negativa para el propio corredor.

Este año es el punto de inflexión para saber si puedo estar en las grandes vueltas como líder y rindiendo a un gran nivel o si es mejor que me dedique a ayudar y buscar etapas”, asegura al respecto Marc Soler. La respuesta al enigma la tendremos todos dentro de tres semanas.

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