Noel Martín: «Aspiro al podio de Tokio»

Bellido y Martín

TrackPiste / Ciclo 21

Leer el currículum de Noel Martín es encontrarse con el de una persona polifacética, llena de inquietudes. Ciclista de carretera –con un periplo injustamente corto de dos años, 2010 y 2011, como profesional con Orbea-, pistard –ganador de la Copa de España 2018- y paraciclista desde 2014, pero también ingeniero técnico industrial, preparador físico, estudiante de CCAFD o Dietética. Sin embargo, hoy en día su objetivo principal está claro: Tokio. «Sin duda los Juegos son el máximo para cualquier deportista. En 2016, mi primera participación, nos quedamos a pocos segundos de una medalla -cuartos en la prueba en línea-. Y en Tokio confiamos en poder estar en el podio».

-¿Cómo te ha afectado el retraso de un año?

-Al principio es algo que no te gusta, porque tienes unos planes. Por ejemplo, no me había matriculado en un master precisamente para tener más tiempo para prepararme. Pero luego pensándolo con más calma, pienso que nos va a venir bien. Por ejemplo, Adolfo –Bellido, su compañero de dupla- es un corredor con mucho margen de mejora y cuanto más tiempo tenga, mejor le va a ir. En cuanto al material, estábamos pendientes del diseño de un nuevo tándem e íbamos pillados un poco de tiempo. Pero ahora no lo necesitamos hasta el año que viene y podemos trabajar con más calma.

-Estamos hablando de Tokio como algo seguro, aunque la clasificación no está cerrada. Sin embargo, el hecho de que sólo queden dos pruebas clasificatorias de carretera, en la Copa del Mundo 2021, es algo que favorece tanto a España como selección como a vosotros, como tándem, ¿no?

-España va la primera en el ranking y nos supondría la máxima participación. Si no hay lesiones, caídas o algo inesperado, deberíamos estar en Tokio. Pero es algo que decide el seleccionador. Lo más que podemos hacer es seguir luchando y demostrando que tenemos nivel para las medallas.

-¿Por qué empezaste como piloto de tándem?

-Luis Javier Castellanos me lo dijo que iba a dejar 2013 y que buscaba un piloto para su compañero, Carlos González, porque él no tenía tiempo, y con el resto visual de Carlos había que trabajar mucho con él, no sólo con la bici. Yo no tenía ni idea de ciclismo adaptado; ni siquiera sabía había competiciones a este nivel. A final de verano me volvió a llamar. Probé y me gustó mucho… y aquí estamos.

-Con Carlos estuviste los primeros años, cuando lograste ese arco iris y el subcampeonato contrarreloj un año más tarde, aparte de competir en Río, pero desde 2017 tienes un nuevo compañero. ¿Cómo valoras a Adolfo?

-Tiene mucho margen de mejora. Es un ciclista con mucho motor, pero que ha tenido problemas personales, muchos vaivenes. No ha estado nunca dos meses entrenando a tope. Y aun así hemos conseguido muy buenos resultados. Tiene que perder peso y coger más confianza, y pienso que podemos ir muy bien.

-Por lo que veo, la psicología también podría entrar en tu amplio currículum…

-No me da la vida para tanto –sonríe-, pero sí es verdad, he tenido que hacer mucho psicólogo. Y también con Carlos. Recuerdo en el Mundial de 2014, el primero que hice, cuando se nos salió la cadena a falta de 300 metros y tuvimos que entrar corriendo. Íbamos para hacer plata y terminamos sextos. Estábamos hecho polvo, pero tuvimos que hacer borrón y cuenta nueva, tirar de psicología para salir en la ruta a por todas. Y así llegó la medalla de oro.

-La carrera de Noel, tanto con Carlos como con Adolfo, está jalonada de averías que les han impedido lograr mejores resultados, y cada poco tiempo le vemos en redes sociales, donde es muy activo, ‘avisando’ de que necesita renovar el material para ser competitivo en Tokio. ¿Es necesaria esta inversión?

-Sí, porque estamos corriendo con un material de hace veinte años. Y es algo que resulta muy caro. Un cuadro no te cuesta menos de 10.000 euros y es algo que no es ir a la tienda y comprarlo, ya que es a medida y bajo pedido. Y para unas ruedas lenticulares, se te van otros 1.000. Para Tokio queremos hacer una inversión, pero depende de lo que te quieras gastar, de lo que puedas invertir y por eso estamos intentando captar patrocinadores. Además, estamos pendientes de conocer los recorridos. Félix –García Casas, el seleccionador- estuvo allí justo antes de que comenzase el confinamiento. Dependiendo si los recorridos son más o menos accidentados elegiremos el material.

-A cambio de este patrocinio, ¿qué puede ofrecer Tandem Olímpico, vuestra denominación de marca, por llamarlo así?

-Una publicidad muy llamativa. El ciclismo adaptado es muy espectacular y ver rodar a un tándem, algo impresionante, se nos queda todo el mundo mirando. Además tratamos de ser muy activos en las redes sociales, de dar ese retorno a todas las marcas que colaboran cediéndonos ese material.

-Cambiando de tema, ¿cómo son tus entrenamientos con Adolfo?

-Me gustaría entrenar más días con él, pero trabaja en Sevilla y nos tenemos que ver tres o cuatro días al mes, casi siempre allí. De hecho, el estado de alarma me pilló justo cuando estaba en Andalucía. Además, en la pista de Valladolid no se puede entrenar en tándem, por lo que el trabajo de velódromo lo tenemos que hacer en Dos Hermanas, cada vez que bajo por allí, y sobre todo en temporada de pista.

-El ciclismo adaptado, en general, y los Juegos Paralímpicos, en particular, contemplan competiciones de carretera y de pista. ¿Qué protagonismo tiene ésta en vuestros objetivos?

-Nos gusta a los dos, pero no es nuestra especialidad. Es un complemento que para mejorar nos requeriría mucho esfuerzo y quizá hasta perderíamos cierto punto en la carretera. Los dos somos fondistas y lógicamente cuando más largos y duros sean los recorridos, tanto en línea como en crono, mejor. En el Mundial de Milton la pareja que ganó la persecución –los polacos Marcin Polak y Michal Ladosz- lo hicieron con un tiempo de 4:03.5, que nos sorprendió a todos, nos parece imposible. Nuestra referencia para estar en el podio sería el 4:10. Y para eso nos faltan 4 o 5 segundos, que no parece mucho, pero nos exigiría muchas horas de entrenamiento, ya que bajar los tiempos nos es fácil. Para mejorar en la pista tendríamos que echar muchas horas en el velódromo, y quizá Adolfo tendría que dejar el trabajo para ello. Creo que la relación coste-beneficio no es la más apropiada.

-Lo que sí es cierto es que como ciclista –ya no en tándem, sino en bicicleta- Noel es un habitual de los velódromos en la temporada invernal, y que incluso has estado en el podio de unos Campeonatos de España junto a Albert Torres y Sebastián Mora. ¿Tienes alguna espinita clavada en esta otra modalidad?

-Me encantaría ser campeón de España, pero no es fácil. Solamente poder estar compitiendo con ellos es algo muy importante. Lo normal es que no les puedas sorprender, pero a veces surge la posibilidad. Este año tenía unos planes distintos para el Campeonato de España de Tafalla en Semana Santa, que era correr la persecución, porque me venía bien como transición de pista a la temporada de carretera. Pero no ha podido ser este año.

Martín y Bellido en acción

-Otra de las facetas destacadas del abulense es su condición de preparador físico, lo que le ha valido para ser galardonado la semana pasada con el Premio Podium como mejor entrenador, en Castilla y León, su región de nacimiento y residencia. Desde 2017 es incluso su propio entrenador, pero este ha decidido cambiar. ¿Por qué?

-Porque este año había unos objetivos muy importantes y tienes que trabajar lo mejor. Como preparador de ti mismo no eres objetivo. Y además, cuatro ojos siempre ven más que dos. Javier (Sola) es uno de los mejores preparadores que hay actualmente y por ello quiero trabajar con él de cara a Tokio.

-Tú eres ingeniero, pero, aparte del ciclismo, ahora mismo se podría decir que la preparación física es lo que más tiempo te lleva…

-Si, el ciclismo es mi trabajo, pero el entrenamiento siempre me ha gustado y en un momento decidí formarme para poder trabajar en este campo. Soy ingeniero, y puedo hacer proyectos puntuales, pero no me veía trabajando en ese ámbito. Como preparador veo que es una prolongación del ciclismo. He encontrado una forma de vivir disfrutando del ciclismo, de que siga siendo mi vida.

-¿Cuántos corredores llevas?

-Me puesto un límite porque es un trabajo que, para hacerlo bien te exige mucha dedicación. Llevo treinta y ya son bastantes, aunque no todos son con potenciómetro, que es lo que más tiempo te obliga.

-¿Y a Adolfo?

-Es un alma libre, como le digo. Con él hay que trabajar con mucha cautela, de forma que no sienta presión porque entonces es cuando se viene abajo. Pero sí, intento ayudarle y como te decía, tiene mucho margen de progresión.

-Todo este trabajo paralelo, ¿significa que estás pensando ya en la retirada?

-No. Me gusta ser competitivo y mientras corro puedo probar nuevos sistemas de entrenamiento. Como piloto, tengo claro que el día que lo deje es porque Adolfo se haya cansado, no por mí. Me encanta el tándem y todo el mundo del ciclismo adaptado. Y cuando me baje alguien, cuando deje la competición, quiero seguir vinculado. En otras categorías de edad, con la bicicleta de montaña… Hay muchas opciones para estar en contacto con la gente, con futuros clientes.

-Y para terminar, una anécdota, pero muy significativa. Tu proyecto fin de carrera en la Ingeniería era cubrir el velódromo de Valladolid con una estructura fotovoltaica y construir dentro un bar restaurante…

-Mientras que lo estaba haciendo, sabía que era inviable desde el punto de vista económico, pero sé que hay que hacer algo, poner otro tipo de instalaciones para que sea rentable. Y se me ocurrió lo del restaurante y al mismo tiempo, hacer un trabajo relacionado con lo mío. El problema que tiene el velódromo es que tiene muchas humedades y no se resuelve con parches. Lo ideal sería hacer otro, pero no es fácil; por lo menos que se cubra la pista.

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