Opinión: Felipe Orts, premio al tesón, el trabajo y la paciencia

Orts sigue escalando peldaños en el mundo del ciclocross / © Teika-GSport

Nicolás Van Looy / Ciclo21

La rutina, en realidad, es la de siempre. Saltar de la cama a la ducha, exprimir medio litro de zumo de naranja, poner la mesa para el desayuno, tratar de aplacar la inagotable energía de un crío de ocho años, hacer un té –hace tiempo que no metabolizo bien el café matutino, cosas de la edad– y con la taza en la mano sentarme delante del McBook Air que me acompaña a todos lados tratando que las últimas legañas dejen sitio a las ideas y a la mayor o menor inspiración que me permita juntar unas cuantas líneas con cierto sentido.

 

Pero esta mañana, no por esperada –lo bueno de Internet es que ya no hace falta esperar a que la web oficial de turno certifique lo que otras muchas han adelantado– la noticia ha dejado de impactarme y, como una bofetada sonora y contundente, despertarme. Felipe Orts se ha metido en el top10 mundial de la clasificación de la UCI siendo, además, el primer corredor no belga (flamenco) o neerlandés de esa tabla.

A Felipe, como hace un par de años se encargó él mismo de recordarme con un recorte de periódico que encontró en algún sitio, he tenido el privilegio de seguirlo desde que era un crío que arrasaba en las pruebas de escuelas de la provincia de Alicante. Cuando comenzó a despuntar en esto del barro y desbordaba ilusión en cada palabra, me preparé para lo peor. No iba a ser la primera vez que un buen especialista despuntara en este país y acabara desertando a la más lucrativa y glamurosa ruta.

Pero no. Nos tomábamos un café (muy) de vez en cuando frente a los barcos pesqueros y yates que fondean en el puerto y el Club Náutico de La Vila Joiosa y su pasión por esta especialidad tan maltratada fuera del Benelux (y lo de lux lo podríamos obviar) me iba convenciendo de que algo se estaba cociendo en ese corredor mediterráneo que tan ajeno, al menos de entrada, parecía al mundo del barro.

Luego llegó aquel subcampeonato del mundo de Bieles y el tan esperado como temido salto a la categoría elite. Esa en la que reinaba un tal Wout Van Aert que, por aquel entonces, sabía mantener a raya a un tal Mathieu van der Poel. ¿Y ahora qué?, le preguntaba, de nuevo, con el Mediterráneo como testigo. “Ahora, paciencia”.

Orts y los suyos fueron pacientes. El corredor siguió creciendo y a su alrededor se fue creando un ecosistema que, primero con Delikia y ahora con Teika, ha permitido al vilero no sólo asentarse en la especialidad sino, sobre todo, afrontar calendarios cada vez más internacionales. Antes le conocían, sí. Ahora le respetan.

Sé que si Felipe lee estas líneas mascullará para sus adentros eso que, de vez en cuando, me dice con su acento valencià: “mira que te gusta la polémica, ¿eh?”. Esta vez, cosas del calendario, no habrá café de por medio, pero Orts es un tío maduro que sabe y reconoce que no estar de acuerdo no implica estar en contra. Sabe que aquello tan de moda del o conmigo o contra mi es sólo una simplificación al blanco y negro de una realidad que, en verdad, tiene una infinita escala de grises.

Sé, como decía, que Felipe pensará que me gusta la polémica y puede que así sea, pero el top10 del mundo sólo podía conseguirse a través del destete de nuestro mejor especialista. Era preciso que le quitara el polvo al pasaporte y, por mucho que nos doliera a los amantes del ciclocross en España, se centrara sólo en aquellas pruebas del calendario nacional que le pudieran reportar un buen puñado de puntos UCI o que, egoístamente, le encajaran como preparación para otras citas.

Este año Felipe ha corrido más. Hace doce meses, el alicantino acumuló 18 carreras (8 en España) entre el arranque de la temporada y la Nochevieja. En este 2019 ese número ha aumentado a 28 carreras (9 en España). El resultado: ser el mejor extranjero en una especialidad fagocitada por los dos países que la tienen secuestrada.

Felipe Orts ha conseguido este impresionante logro haciendo las cosas bien. Se ha dejado aconsejar, en cada etapa del camino, por personas que han sabido empujar cuando debían y frenarle cuando era necesario. Ahora es el momento de comenzar a recoger los frutos. Quedan todavía varias semanas hasta que bajemos la persiana de este invierno, pero pase lo que pase a partir de ahora, Felipe Orts se ha ganado a pulso el reconocimiento de todos los aficionados españoles gracias a sus logros deportivos.

El año que viene, cuando haya que defender los puntos de 28 carreras –frente a las 18 de esta temporada– será más complicado, pero Felipe será también más sabio. Sí, es muy difícil dejar atrás tu casa, tu gente, tus costumbres… y más en fechas tan señaladas como estas. Es jodidísimo tener que marchar varias semanas a penar por campas europeas mientras que el resto de los mortales nos acurrucamos junto a los nuestros al calor de mesas en las que siempre sobra comida y falta omeprazol. Pero eso también engrandece el logro del alicantino.

Y aquí, sin haber tocado todavía el té y con el desayuno recién digerido, andamos los de la familia del frikicross. Unos, juntando letras. Otros, quizás, leyéndolas. Pero todos, eso seguro, orgullosos de lo que ha conseguido el alicantino. Y, sobre todo, agradecidos por este maravilloso regalo navideño que Orts nos ha traído. Ojalá lo sepan apreciar allí donde hay cash para algo más que un aguinaldo. Ahora sí, toca hacerlo.

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