Parra (Kern Pharma) y cómo coger fugas

Parra en una escapada © Kern Pharma

Del mismo modo que los textos literarios siguen una estructura de planteamiento, nudo y desenlace, las carreras ciclistas suelen reproducir un esquema de salida, escapada, caza y resolución. Aunque se sabe que es prácticamente imposible que la fuga prospere a menos que los equipos más potentes se filtren en ella, los modestos siempre la buscan con denuedo. Casi invariablemente, acaba formándose un grupo de aventureros que rueda tres cuartas partes de la carrera por delante de un pelotón que calcula los kilómetros necesarios para anular su ventaja y casi siempre lo consigue.

Ahora mismo, en el Equipo Kern Pharma estamos inmiscuidos en el proceso de adaptarnos al profesionalismo. Cada carrera es un ensayo que muchas veces conduce a un error y siempre produce una enseñanza. En este primer mes como profesionales, nuestros ciclistas figuraron en la escapada principal de 9 de las 21 pruebas en línea que disputamos. En unas pocas ocasiones, no tener representación delante fue una elección estratégica; en las demás, simplemente se nos fue el caballo.

En el capítulo de intentar entrar en la escapada y lograrlo destacaron Iván Moreno, con cuatro fugas, y Martí Márquez, con tres. En el lado contrario del espectro está José Félix Parra: media decena de días peleando la fuga, cero presencias. A continuación, el ciclista manchego comparte con nosotros su experiencia en estas lides.

Me he dado cuenta de que yo era un poco ignorante. Pensaba que coger la escapada en profesionales era una tarea fácil: que el pelotón dejaba marchar a varios ciclistas, prácticamente los primeros que lo intentaban, y luego les atrapaban cuando querían. Pero es bastante distinto. Yo he intentado entrar en la escapada de cuatro o cinco carreras y no he sido capaz.

Lo primero que he aprendido es que, a la hora de coger la fuga, trabajar en equipo es importantísimo. He visto que lo normal es que, cuando un equipo se marca el objetivo de entrar en la fuga, cuatro o cinco compañeros se sitúen en cabeza y se vayan turnando para atacar y responder a los movimientos de los demás. Mientras uno salta, otros están preparados para contraatacar.

Cada ataque es un esfuerzo máximo de uno, dos o tres minutos que fatiga mucho a quien lo ejecuta. Por eso es importante que haya compañeros cerca para tomar el testigo. La clave es repartirse los ataques, con solidaridad, hasta que fragüe una escapada con alguien del equipo.

Cuando estamos buscando la fuga, nos comunicamos constantemente mediante el pinganillo. Si vemos que se está marchando un corte peligroso, lo decimos de inmediato. En este papel nos ayuda mucho Enrique Sanz, que posee mucha visión de carrera; también los directores nos animan a reaccionar desde el pinganillo para que no nos relajemos. En ocasiones un corte que no nos interesa coge bastante margen y nos toca tirar o atacar sabiendo que no vamos a ninguna parte con el único objetivo de avivar el ritmo y que el pelotón se acerque a la cabeza de carrera.

Lo peor que puede pasar es lo de la segunda etapa de la Volta a la Comunitat Valenciana. Era un día de media montaña en que la fuga tenía opciones de llegar. Se marchó sin ninguno de nosotros y Jaime Castrillo acabó persiguiendo 40 kilómetros en solitario para nada.

Al día siguiente nos quitamos el mal sabor de boca. Iván Moreno y yo trabajamos mano a mano; no sabría decir ni cuántos ataques hice, nos costó, pero finalmente Iván entró. Misión cumplida.

Coger la escapada es importante para dar protagonismo al equipo en carrera, algo clave especialmente si hay televisión en directo. Desde el punto de vista individual, una buena escapada aporta mucho porque te curte como ciclista: son varias horas de esfuerzo, dando relevos de cara al aire, que bien asimilados aportan nivel.

En mi etapa sub23 mi papel no era coger escapadas. Me centraba en guardar para el final y disputar la victoria o trabajar para los compañeros porque tenía capacidad para ello. Ahora, sin embargo, estoy en otra categoría: no tengo esa fuerza para disputar mano a mano con los grandes y me corresponde otro rol. Llevar años sin desempeñarlo provoca que ahora mismo no tenga la habilidad necesaria para ver la escapada buena y entrar en ella.

En mi crecimiento como ciclista es fundamental que aprenda a coger las escapadas. Ser el mejor del pelotón para ganar la etapa es muy complicado porque el nivel es altísimo. En cambio, ser el mejor de una escapada que triunfe es más factible. En el futuro, puede que saber entrar en la escapada buena me dé una victoria.

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