Perea: «Un país se mide por sus cuartetas de persecución»

Retomamos nuestra serie para conocer los desvelos de nuestros técnicos nacionales, con la séptima entrega dedicada a uno de los grandes referentes españoles de la pista, Avelino Perea. En una época en la que España no estuvo presente en los Juegos Olímpicos, fue uno de los asiduos de una selección nacional con muchas carencias y que sólo comenzó a cambiar en sus últimos años con Gabriel Saura como seleccionador. Y en los últimos años como técnico de la Federación Guipuzcoana, donde Anoeta se convirtió en la referencia del trabajo en pista a nivel nacional.

TrackPiste / Ciclo 21

Avelino Perea con Ane Iriarte

-¿Cómo se inició en pista?

Fue a raíz del Mundial de pista de Anoeta, en 1973. Un amigo consiguió unos bonos para poder entrar y todos los días íbamos desde Tolosa en tren, con un bocadillo, y nos quedábamos todo el día metidos en el velódromo. No habíamos visto nunca pruebas de pista, y no era cómo ahora, que cualquier chaval tiene muchas experiencias. Algún tiempo después, cuando era ya junior de segundo año, hubo un acto de mi equipo en el velódromo y pude rodar con la bici de carretera, y quise probar con una de pista, Me gustó, seguí entrenando y la prueba es que dos meses después ya era campeón de España

-¿Cuál es su experiencia como ciclista?

-Empecé en la pista en 1975, y ese mismo año me llevaron al Campeonato de España absoluto y gané el título en el kilómetro amateur y fui subcampeón de velocidad. Ese mismo año me llevaron a los Juegos del Mediterráneo, con apenas meses de experiencia. A partir de ahí, hasta ocho Campeonatos del Mundo, cuatro como amateur, desde 1977, y otros cuatro como profesional. Por cierto, en Venezuela aparte de la velocidad competí en puntuación, porque era la primera vez que se hacía, el último día, y no había nadie previsto que la corriera. En aquella época estaba mal visto hacer pista, pero si eras velocista y solo hacías pista, peor aún. Por eso empecé a correr en carretera y llegué a pasar a profesional, Como amateur era muy complicado poder destacar porque había países como la Unión Soviética, Alemania Oriental, Checoslovaquia… Había un nivel impresionante y la prueba es que había ciclistas que eran del montón como amateurs y luego brillaban como profesionales. En carretera competí como profesional desde 1981 hasta 1986, con Kelme, Teka y Colchón CR, pero principalmente centrado en la pista. El último año se me cayeron varias pruebas de Seis Días y al final terminé dejándolo. Una pena porque estaba ya como técnico Gabriel Saura, que fue el que cambió la forma de trabajar en la pista en España.

-¿Qué recuerdo le ha marcado más como corredor de pista?

No tengo ninguno especial. Me hubiera gustado disfrutar más los Seis Días de Madrid que gané, en 1982, con Gert Frank, pero en la última americana tuve dos caídas y no estaba para alegrías en el podio. Desde luego ganamos por él, no por mí -se ríe-. Y la mayor pena no haber podido participar en Buenos Aires por tercera vez. Corrí unas doce pruebas de Seis Días y ésta era tenía un sabor especial, ya que se disputaba en una pista de 136 metros y de sólo 3,5 de ancho. Era un estrés, pero muy divertida. Quedé segundo en las dos primeras, pero suspendieron la tercera. Fue una de las que se suspendieron ese año y por eso lo terminaría dejando.

-¿Cómo pasó a ser técnico?

-Cuando dejé la bici, al año siguiente me llamó la Guipuzcoana, y tuve la suerte de trabajar con gente de mucho nivel como Abraham Olano, Xabier Isasa… que estuvo en los Juegos Olímpicos y es uno de los que luego me más han ayudado. Ganamos el Intervelódromos, que era el equivalente a la Copa. Luego lo dejé por temas laborales, y no volví hasta 2009, con la selección de Euskadi, con la que estuve cuatro años. Y desde 2013, de nuevo con la Guipuzcoana hasta final del año pasado, cuando entró el nuevo presidente con su equipo.

Perea en la Clásica Lejarreta © facebook

-¿Qué trabajo hacía en la Federación Guipuzcoana?

-Cambiamos todo lo que había, porque no nos gustaba la forma en que se hacía. Pasamos de tener carreras de 15 o 20 chavales a los más de 100 que había hasta entonces. Y con un programa que sirviera para los corredores, que se entretuvieran. Pero todo ello no es mérito mío, sino sobre todo del presidente, de Eduardo Soto, que nos dio toda la cancha del mundo, para cambiar el programa, para organizar más carreras, para comprar bicicletas, para salir a competir fuera, a Francia, a Portugal, a donde fuera necesario. Todo ello fue posible gracias a él, porque es una persona que le gusta la pista.

-Aparte de ello, ¿qué otra actividad hace?

-Me he jubilado hace poco y ahora tengo más tiempo, por lo que me apunté al curso nacional de entrenadores y estoy a la espera de las notas. Ahora mismo entreno solo a Naia Amondarain, una corredora con un gran futuro por delante, como demostró el último año de junior.

-¿Cuál es su momento favorito cuando trabaja como técnico?

-La satisfacción que sientes cuando los corredores están contentos con lo que han hecho y se lo transmites. Te cuento una anécdota que todavía alucino, y es de un corredor que ahora es profesional, y no me lo ha contado él, sino su padre. En Burdeos, en una prueba del Trofeo Fenioux, corríamos la puntuación con dos corredores. Uno iba a por el podio, y el otro, este chaval que te cuento, hizo un trabajo impresionante, haciendo todo lo que habíamos hablado para que ganase su compañero, como así fue. Y fue al primero al que fui a felicitar. Y eso le marcó, que fuese el primero él y no al que ganó.

-¿Cuál es su disciplina favorita?

-Como corredor, la madison. Si haces bien la madison, puedes correr cualquier cosa. Te enseña a manejarte en la pista, a leer la carrera, y a saber lo que te esperaba si no corres bien. Además, en nuestra época no había técnicos en pista, ni marcadores y teníamos que controlarlo todo, los puntos de los rivales, quien ganaba vuelta… Además, de cara a la carretera lees mucho mejor los movimientos de tus rivales, cómo se colocan… Como técnico, la persecución por equipos. Creo que a todos los técnicos de fondo tiene que ser la que más te satisfaga, porque no es un trabajo de una individualidad, es el que representa a todos. Al equipo, a tu Comunidad o tu país.

-¿Qué recuerdo le ha marcado como técnico?

-Cuando Ane Iriarte quinta en el Campeonato de Europa de puntuación, y luego con Naia Amondarian, que en su último año junior quedó quinta en el Europeo, en puntuación, y sexta en el Mundial, tras haber sido décima el año anterior en el omnium.No era el técnico, pero tuve la suerte de poder verlas.

-¿Un corredor o corredora al que haya dirigido y le haya dejado huella?

De nuevo te diría que Ane. De las corredoras que he conocido, es la que más ha querido ser ciclista, aunque desgraciadamente se marchó decepcionada. Además, he aprendido mucho de ella, porque los técnicos aprendemos y tenemos que aprender de los ciclistas. No me olvido de Naia, porque es otra corredora que quiere ser pistard y que a su edad pocas han hecho lo que ella.

-¿Y un técnico que le haya marcado, haya trabajado o no con él?

-En mi época de corredor, en once años tuve cinco seleccionadores. Todos trabajaban de forma muy individualista, sin organización. Se limitaban a ver carreras, a llevarte al Campeonato, sin conocer nada de ti, incluso llevándote la contraria en cosas que tu estabas más acostumbrado, como elegir desarrollo. Todo cambió con Gabriel Saura, una persona seria, organizada, que además se rodeó de un equipo de trabajo y que te aconsejaban en todos los aspectos, como los entrenamientos, que antes eran por tu cuenta. A partir de ese momento cambió la forma de hacerse la pista en España. La pena es que fue cuando iba a dejar la bici y no coincidí mucho con él.

-Y para terminar, y sin extenderse –que el tema da para mucho- ¿qué haría para mejorar la pista?

-Hay muchas cosas, pero considero que es prioritario hacer algo parecido a lo que hizo Saura en su momento. Con los medios que hay ahora es más fácil. Una selección con una cabeza que organice, pero con gente detrás que trabaje. Formar un equipo. Y luego trabajar sobre todo con las pruebas olímpicas, tanto en hombres como mujeres. La persecución por equipos, como te decía antes, es la representación del país, del trabajo que se hace en el país. Un país se mide por sus cuartetas, en hombres y mujeres. No es Fulanito o Menganito; individualidades las tiene hasta Bielorrusia.


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