Primoz Roglič, el hombre que sonríe en la intimidad

Roglic, primer ganador esloveno de la Vuelta / © Baixauli Studios

Nicolás Van Looy / Ciclo21 – Plataforma de Gredos

Si el virtual ganador de la 74ª edición de la Vuelta a España, Primoz Roglič (Jumbo-Visma) se alegra, como sería lo lógico, por haber conseguido su primer triunfo en una gran vuelta es un insondable misterio que, al menos de sus bostezos públicos, apatía, desgana y soberbia no se desprende. Tras años encumbrando a grandes campeones como Alberto Contador, Vincenzo Nibali, Fabio Aru, Nairo Quintana, Simon Yates y, por supuesto, Chris Froome, que entendían perfectamente que uno de los precios a pagar por ser líder y ganador de una carrera de este calibre es cumplir con todas las obligaciones protocolarias anexas a esa posición y lo hacían mostrándose siempre exquisitamente respetuosos, Primoz Roglič da la impresión de llevar sobre sus hombros la más pesada carga del Planeta Ciclismo. “Estoy cansado al final de cada etapa”, esgrimía hace algunos días cuando se le afeó su conducta. Quizás él no se dé cuenta, pero es muy probable que cualquiera de los campeones antes mencionados estuviera también bastante cansado tras cada una de sus batallas.

Tanto es el hastío que transmite el esloveno que en la rueda de prensa posterior a la etapa con final en la Plataforma de Gredos, donde ha certificado su triunfo final, se le ha llegado a preguntar si está contento ya que nunca se le ha visto sonreír de forma natural –otra cosa son los forzados posados del podio, en los que sí hemos visto alguna mueca– a lo largo de la carrera. “Por supuesto que estoy contento. En los días previos sonreía, pero sólo en sitios secretos”, asegura y, claro, habrá que creerle. “Ya no quedan más montañas, pero queda un día. Después de Madrid podremos sonreír todavía más”. Será ya en casa. En Eslovenia.

Roglič reconocía que estas últimas tres semanas han traído “muchos días duros” para él. “Desde el principio fue una carrera muy dura, pero según nos acercábamos al final, más duro se hacía todo”.

Su historia, la de un saltador de esquí que se convierte en ciclista y seis años después es capaz de ganar una gran vuelta merece, pese a su actitud, todo el respeto y admiración. Fiel a su inexpresivo estilo, el esloveno resume esa peripecia diciendo que “durante los seis años que soy ciclista, han pasado muchas cosas. Cambié los esquís por la bicicleta, eso es obvio. Empecé desde abajo, como amateur, y fue cumpliendo etapas. Ahora estoy aquí y quiero tratar de competir con los mejores del mundo”.

Con su triunfo, sumado a la gran campaña antes de llegar a la Vuelta a España, su equipo, Jumbo-Visma, se ha erigido como el bloque señalado por todos para tratar de acabar con el dominio de Ineos en las pruebas de tres semanas. Roglič no parece tener una opinión muy firme sobre ello tampoco. “No puedo comparar a ambos equipos. Lo más importante es que tenemos a los hombres más fuertes. Claro que podemos luchar por el triunfo en casi cualquier carrera. Para mí, eso es lo más importante. Ojalá peleemos más fuerte en los próximos años”.

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