Purito anuncia su retirada tras 16 años en la elite

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Purito, emocionado, en la rueda de prensa de hoy / Katusha

Nicolás Van Looy / Ciclo21

Se acabó. C’est fini. Lágrimas. Aplausos. Voz entrecortada. Un nudo en la boca del estómago. Y el tiempo. Ese que ‘pasa cadencioso sin pensar‘, que cantaba Carlos Urrutia. Tan silencioso que uno, de repente, se da cuenta de que han pasado 16 años. Tan sin pensar que uno, de repente, comienza a notar sobre el pecho un peso romo que aplasta sin doler. Una opresión que le pide levantarse y salir corriendo. El corazón se desboca, manda sangre a las piernas para comenzar la huida hacia atrás, hacia un lugar más feliz y donde todo parecía mucho mejor, pero el cerebro lo para todo. No se puede ir hacia atrás en el tiempo, grita desesperado. Y entonces, las piernas se quedan sin fuerzas. Vacías. El corazón vuelve a su ritmo habitual. Y el peso sobre el pecho se hace insoportable y uno se sienta ante el teclado, todavía conmovido por las lágrimas del héroe y llora. Llora por el tiempo que se va. Porque, imbécil, pensó, como todos, o no pensó, como el tiempo, que esta época de vino y rosas pasaría. Que este sueño terminaría. Que como tantas veces antes y tantas que vendrán -eso esperamos-, toca despertar y seguir adelante. En la cruda realidad. En una realidad que dentro de muy poquito tendremos que afrontar sin Joaquim Rodríguez. Sin Purito.

Porque hoy el catalán afincado en Andorra escogió el fondo verde, alto, imponente de su casa, de su tierra de adopción, para decirnos que se va. Hoy, un día después de la marcha del Tour de Alberto Contador, que junto a Alejandro Valverde conforman con él la que todavía hoy es -pronto, fue- el mejor trío que ha dado no sólo el ciclismo, sino el deporte español en toda su historia. Porque otros, como Nadal, han ido en solitario. Otros, como los Gasol, a dúo. Y, en el pasado, existieron las quintas, pero, pongámonos serios… no aguantarían la comparación, siempre odiosa, con nuestros Tres Tenores.

Se marcha, entre aplausos de la prensa, Purito Rodríguez, el hombre al que, salvo sorpresa mayúscula en las próximas dos semanas o un fin de traca soberbio en septiembre, el ciclismo siempre le deberá una grande. Una empresa en la que se empeñó y para la que dio todo lo mejor de sí. Su juventud. Su clase. Su capacidad de sufrimiento. Y, sobre todo, un saber hacer sobre la bicicleta que, pese a no haber podido alcanzar esa meta máxima, le granjearon un hueco muy especial en el corazón del aficionado que hoy llora con él porque el día, que amaneció soleado y caluroso, se ha vuelto gris de repente. Porque con él, se va una parte sustancial de nuestro ciclismo.

Este es mi último año de competición”. Y la voz se quebró. El dedo en la comisura del labio inferior, nervioso, intentando sacar por ahí tanta emoción contenida. Imposible. Y la lágrima. El suspiro. El silencio. Y el aplauso. Espontaneo y emocionado. Sincero. Mirada al cielo. Otro suspiro. Trago de agua y Purito siguió. “He disfrutado muchísimo de este deporte, la verdad”. De nuevo, el dedo, tembloroso, al labio. De nuevo temblor en la voz. De nuevo suspiro. “Llega un momento en el que hay que decir ‘se ha acabado’ y prefiero dejarlo en un nivel alto…” y ahí se derrumbó. Ahí se vino abajo toda esa fachada que gastan los ciclistas, que no lloran cuando se caen. Que no dejan caer una lágrima cuando se rompen huesos. Que no se emocionan cuando nos hacen vibrar en las cunetas o ante la tele. Que parecen hechos de otro material cuando, sobre sus bicis, escriben las historias más bonitas del deporte que nosotros, los que nos dedicamos a juntar letras, sólo podemos tratar de no estropear cuando las trasladamos al mundo. Ahí, justo ahí, fue cuando Purito Rodríguez se convirtió en humano. Nuevo aplauso. Nuevo sincero y merecido aplauso. Nuevo trago de agua. “Quiero agradecer a todos el apoyo porque desde el primer hasta el último día he disfrutado muchísimo de este deporte, que es el que me lo ha dado todo”.

Y, con todo un Tour por delante y unos últimos meses en los que todavía quedan importantes objetivos por soñar, hablaba Purito de futuro. “Seguiré vinculado al ciclismo porque es el deporte que amo y al que he querido. Gracias a mi familia lo he vivido de una forma muy especial y es lo que he transmitido en la carretera”.

Cerraba Purito su alocución con una sentencia que, seguramente, cualquier aficionado, cualquier aficionado de los de verdad, le dedicaría a él sin pestañear. Sin dudarlo un segundo. “No cambiaría ni un segundo de todo lo que he hecho en mi carrera”. Y, por supuesto, el aficionado no se lo permitiría porque sin Purito, sin el Purito que hemos vivido y disfrutado estos 16 años, el ciclismo no sería lo mismo. No sería tan bonito. Sería, sin duda, un lugar peor.

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