Roglič, ante la historia y el Sistema Central

Roglic, sólido líder. © Baixauli Studios

Nicolás Van Looy / Ciclo21 – Burgos

Burgos se despertaba esta mañana bajo un cielo y con ese frío castellano que corta la piel y el alma. Estampa dura, como la de la mirada de los ciclistas que, tras 16 etapas en las piernas, miran hacia el horizonte infinito de los campos de Castilla a los que Antonio Machado dedicó algunos de los más bellos versos de la lengua castellana. Y allí, por el infinito desde el que asoma ya el otoño, divisan el campo de batalla. Su próximo destino. Lo hacen, casi, con la misma circunspección con la que lo hacían, hace ya tantos años, Rodrigo Díaz de Vivar y su mesnada. Imposible adivinar lo que esconde cada una de esas miradas. Hombres duros. Inasequibles al desaliento. Dispuestos, sin temor, a dejarse el alma en lo que queda.

“Queda mucho”, dicen con más o menos convicción, los asaltantes. “Cada vez queda menos”, piensa Primož Roglič, seguro de poder aguantar el asedio que se le viene encima. La Vuelta se encamina a su recta final con el Sistema Central como gran sombra que todo lo cubre. Allí donde, como recordaba Eusebio Unzue, más de uno se dejó una Vuelta que tenía casi ganada. Bien lo sabe él, que sucumbió allí, con Gorospe, ante el imponente Hinault de 1983. Otros tiempos.

Cuando la Vuelta a España dejó la Comunitat Valenciana con la vista puesta en Andorra, la lista de aspirantes a cualquier cosa seguía siendo amplia. Ahora, con sólo cinco etapas por delante, sólo dos hombres, y esto requiere un esfuerzo de generosidad importante por parte del que escribe y del lector, tienen opciones a vestir de rojo en Madrid. Evidentemente, Primož Roglič es el que mejor lo tiene. Con 2:48 de ventaja sobre Valverde y, sobre todo, sin haber dado apenas muestras de debilidad en lo que llevamos de carrera, el esloveno parece, a estas alturas, sencillamente inalcanzable.

Pero lo que sería un axioma, su imbatibilidad, ante otros rivales, no lo es cuando el que le sigue, aunque sea a casi tres minutos, es Alejandro Valverde, el abuelo, como él mismo se ha bautizado en las últimas semanas. Ayer flaqueó por primera vez, pero el murciano es un tipo que no se rinde hasta que todo está completamente perdido.

Mañana, camino de Guadalajara, será momento de evaluar el impacto real que tanto las 16 etapas ya disputadas como el siempre esperado y temido segundo día de descanso haya tenido en las piernas de cada cual. El examen, el penúltimo de esta carrera, llegará en la sierra de Madrid. Cuatro puertos de primera, sin final en alto, abonados a juegos estratégicos y emboscadas de todo tipo.

La traca final, con un final en alto que no debería bloquear la carrera hasta sus rampas, espera el sábado. Cinco puertos, pero, sobre todo, un terreno pestoso en el que, si las fuerzas no acompañan, más de uno podría sufrir más de la cuenta.

En este momento, hay que ser realistas, el mayor atractivo que le queda a la Vuelta a España es la pelea por completar el podio. Tadej Pogačar y Miguel Ángel López, que además se disputan entre ellos el primer maillot blanco de la carrera, mantienen un duelo descarnado que bien podría afectar, si lo de ayer se convierte en algo más que un mal momento puntual, a Valverde.

El colombiano parece haber superado la crisis que le apartó de la pelea por el triunfo final y el esloveno entra en la oscuridad abisal de la tercera semana con la incógnita de cómo reaccionará su cuerpo. Nunca antes se las ha visto el pupilo de Matxin en una de estas. Primera gran vuelta y primera opción de podio.

La gran duda, en cualquier caso, de esta Vuelta a España, de lo que queda de ella, la protagoniza Primoz Roglič, un hombre que ha fallado en el pasado en la tercera semana de una grande, es verdad. Pero también un hombre que en el Tour de 2018 dio su mejor cara en ese último asalto. Si el esloveno es el de esa Grande Boucle o el del Giro de este mismo año marcará, más incluso que el propio trazado de la carrera, lo que suceda en los cinco días que nos quedan.

Declaraciones

Tras la confirmación de su renovación por los cuatro próximos años durante el segundo día de descanso de la Vuelta comentaba, «Estoy contento con el papel que tengo. El argumento más importante para quedarse es que tengo oportunidades aquí. Me encanta ganar y tengo esa oportunidad dentro de este equipo. Así que no tuve que pensarlo durante mucho tiempo. Aquí me siento como en casa, ¿por qué no seguir?».

«Me gusta cómo funciona este equipo. Me complace ser parte de esto. Como ciclista, me uní a este equipo como un principiante y me desarrollé, con la ayuda de todo el staff y compañeros. Recibí oportunidades y apoyo. Todo fue rápido. Para mí, pero también para el equipo. Ahora hemos alcanzado un buen nivel y creo firmemente que podemos lograr aún más. He ganado mucho en los últimos años, pero siempre luchas por estar mucho más y más alto. Espero proporcionar motivación e inspiración dentro del equipo, para que podamos seguir luchando juntos para ser los mejores», concluye el ciclista esloveno.

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